No más bandiCongreso
Opinión

No más bandiCongreso

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julio 17, 2014
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Próximos a la posesión del Congreso 2014 -2018, el clamor en Colombia se escucha con fuerza: no más “bandiCongreso”.

Una pena que nos han sumido los últimos Congresos, con recetas de 8000 formas de vergüenzas colombianas, de parapolítica, de farcpolítica, de yidispolítica, de mermelada, de notarias y demás. Y qué decir sobre el transformado 30 % del legislativo al que nos acostumbramos ver al finalizar un periodo frente a los que lo iniciaron. La identificación del colombiano de a pie sobre ese edificio de piedra frente a la Plaza de Bolívar, como un séquito de “bandipolíticos” al servicio del reyezuelo de turno, quien decide parcelar su gobierno como si fuera un finca, para seguirle sacando los huevos de oro a esa gallina desplumada hoy paloma, por quienes convirtieron en eslogan aquello de “que una curul, `una palomita´ así sea de meses dentro de ese Congreso da más plata que el narcotráfico”.

Y lo que hemos venido descubriendo después de tantas capturas, denuncias, fiscales manejados desde las mismas curules, altas cortes movidas por una Reforma de la Justicia que pasó sin ninguna pena entre el Capitolio, donde se les alargaba el “tiempito” a los magistrados. Las destituciones que resultaron sí pero no, y después no pero sí, la verdad es que hiede, pero no sorprende y menos en una institucionalidad que se convirtió en el consuelo y reencauche de los que ya estaban de salida, recordados en sus regiones por su politiquería y el descaro rampante de los todopoderosos.

Suficiente ilustración ya hemos tenido de estos “bandicongresos” incluyendo el que termina. La mermelada que corrió a cántaros sin fondo, la destitución de un alcalde que en su paso por el Congreso definía enemigo a quien después ayudó a reelegir. Hace parte de las secuelas horribles de esta temporada del Congreso de Colombia, protagonizado de nuevo por rimbombantes figuras del acontecer nacional. Pero yendo más allá de ese orificio negro y tenebroso en que nos sumieron, mientras muchos adormecen en los laureles, hay varias preguntas que hoy rondan a los colombianos: ¿representa el cambio el nuevo Congreso, o es solo el continuismo de esa otra clase política? ¿Saldrán limpios los grandes electores de la Costa, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre, Valle del Cauca, Santander, Antioquia de las investigaciones por lavado de activos que en este periodo les abrió la Corte Suprema? ¿Tendrá Colombia una nueva oportunidad para renacer de las cenizas y ser un país serio que no ahonde en la polarización que hoy padece, en lugar de ser la caricatura en la que nos convirtieron los “bandipolíticos”?

Dios quiera que así sea. Porque no imagino un escándalo, un desgreño o una captura más para el nuevo Congreso de Colombia, mi país, que hoy dista mucho de ser ¡Oh, gloria inmarcesible! ¡Oh, júbilo inmortal!... ¡el bien germina ya!

Para ponerlo en términos prácticos, al ciudadano de a pie, a ese que desconoce la filigrana del poder y al que los más avispados le ven la cara de idiota útil, lo que en verdad le duele es que sigan acabando lo público, lo que es de todos. A ese ciudadano de a pie, que quizás por hastío de uno y de otro aviso, el pasado 9 de marzo, el 25 de mayo y 15 de junio fue a las urnas a votar en blanco, o el que se quedó en casa y le importó cinco lo que pasara en una segunda vuelta, lo que lo tiene cansado es la maldita corrupción y la politiquería.

Por ese ciudadano de a pie que perdió la esperanza y que le da igual 8 que 80, es por quien tiene que trabajar el nuevo Congreso, sus nuevos líderes nacionales, que además enfrentarán el difícil reto de convencer en gestión al 57 % de colombianos que no fueron a las urnas y al 65 % que no votó por ninguno que lo conformará hasta el 2018.

A ver si por fin entendemos que la política no es solo el arte de conseguir adeptos en campaña, o de hacerse rico con lo público, si no el arte de entender al ciudadano que hace tiempo perdió la esperanza y que mucho peorprefiere seguir militando en la orilla de la indiferencia.

@josiasfiesco

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