Ya llegó el nueve de enero: el cese con los elenos
Opinión

Ya llegó el nueve de enero: el cese con los elenos

Hay que decidir ya cómo prolongar el cese al fuego y hacerlo más sólido, cómo ir más allá de “dejar de matarse temporalmente” y que el proceso sobreviva a la campaña electoral

Por:
noviembre 22, 2017
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El próximo 9 de enero se acaba el cese al fuego Gobierno–ELN. Y hay que pensar desde ya qué hacer para garantizar su prolongación. Y lo que pase en enero no se decidirá en enero ni en diciembre, sino ya. ¿Cómo prolongar el cese al fuego y hacerlo más sólido? Eso depende de una meta concreta: qué contexto político necesitamos construir de aquí al 8 de enero para avanzar en la paz, sin esperar que mágicamente se dé el 9 de enero.

Hay unas expectativas de las partes en la Mesa que van más allá de un cese para “dejar de matarse temporalmente” y más bien para avanzar en la agenda; pero a eso se suma la necesidad de que el proceso sobreviva a los retos de la campaña electoral. Esto implica por lo menos dos tareas: ampliar las comisiones de la Mesa y revisar la estrategia de medios.

Primero: ampliar las comisiones. Recuerdo que en abril de 2016, cuando se aplazó el comienzo formal de la Mesa por el tema de secuestros, le propuse a algunos colegas de la sociedad civil que planteáramos adelantar el punto 5-F (el de dinámicas humanitarias) a la altura del punto 1-A (el de participación de la sociedad) y alguien me escuchó. Sé que el adelanto del punto 5-F ha sido un Caballo de Troya para tratar de revertir el espíritu original de la Agenda (aplazando la participación y enfatizando el fin del conflicto), pero ese adelanto no hubiera sido necesario si el ELN no tuviera secuestrados.

La idea es reeditar esta estrategia: en estos días ha habido tres “Mesas”: la encargada de la verificación del cese al fuego, la que oyó las propuestas de participación y la que sigue en Ecuador. Así como fue posible desarrollar mesas técnicas paralelas para los puntos 1-A y 5-F, y hablar del cese al fuego, podría ser posible: a) ampliar las delegaciones lo máximo posible y, b) desarrollar tres mesas paralelas sobre: democracia (punto 2), transformaciones (punto 3) y víctimas (punto 4).

 

 

 Podría ser posible: ampliar las delegaciones lo máximo posible,
desarrollar tres mesas paralelas sobre democracia (punto 2),
transformaciones (punto 3) y víctimas (punto 4)

 

 

Para esto, necesitamos que la Mesa elabore propuestas, que renuncie a los dos monólogos que a veces parece que se imponen y que, en conjunto, no hacen un diálogo. Necesitamos echar mano de los que no están en campaña y que puedan ayudar a trabajar en documentos precisos sobre propuestas concretas. La Mesa necesita apoyos técnicos, sin caer en falsos debates si son organizaciones o personas, académicos o líderes sociales; se necesita gente que sepa y que ayude con propuestas concretas.

No sé exactamente cuántos documentos conjuntos hay, aparte de comunicados conjuntos a la opinión pública y de los protocolos del cese al fuego, pero creo que muy pocos (por no decir ninguno). Las palabras se las lleva el viento, por eso necesitamos escribir. No sendos documentos que no lea nadie, ni cajas con propuestas y propuestas que no hay tiempo de revisar con lupa, pero sí propuestas creíbles para la sociedad, benéficas para el país, útiles para la construcción de paz, borrando de ellas las típicas colombianadas de describir “desde cuando se enfrío la tierra y el primer dinosaurio llegó a la tierras del Zaque”.

Segundo: revisar la estrategia mediática. Este trabajo en paralelo de la Mesa, requiere diplomacia. El gobierno no puede seguir demonizando al ELN porque, aunque no lo vea hoy día, será su aliado para defender ante la sociedad lo que logren firmar. Y la diplomacia del Twitter y del micrófono abierto poco ayuda. La multiplicidad de canales entre Quito y Santos han sido salvadores, pero tiene un problema: evidencian que hay disputas en la Delegación del gobierno que no permiten avanzar con celeridad.

El ELN tiene que recodar el viejo refrán popular “no solo hay que poner el huevo sino que hay que cacarearlo” pues su estrategia de prensa sigue siendo deficitaria. Luego de los graves hechos de Chocó y de otras recientes denuncias en su contra, los elenos deben hacer consciencia que su imagen no depende (solo) de su creciente capacidad mediática sino principalmente de sus acciones en el terreno. No se puede mejorar la imagen por sus errores durante el cese al fuego solo con comunicados de prensa.

 

 

El ELN tiene que recodar el viejo refrán popular
“no solo hay que poner el huevo sino que hay que cacarearlo”
pues su estrategia de prensa sigue siendo deficitaria

 

 

A nivel de la participación, no basta con escuchar con máximo respeto a la sociedad (como, me consta, lo hizo el gobierno y el ELN en las audiencias en las afueras de Bogotá), hay que salir a mostrarle al país ya mismo lo avanzado y cumplir a rajatabla con el cese al fuego. Estas podrían ser claves para que el cese se prolongue, la paz avance, crezca la legitimidad social de la Mesa y el proceso tenga algo sólido que ofrecerle al país el 6 de agosto de 2018. Ojalá para ese entonces ya tengamos toda la Mesa sesionando por completo en Colombia.

Una última consideración: el fin del mandato de Santos no debe ser manejado, torpemente, como ultimátum para el ELN (organización que, por demás, no le cree a las amenazas) sino como un hecho real que requiere definir, sin más dilaciones, qué tipo de acuerdo parcial quieren dejar firmado las partes antes del 7 de agosto de 2018.

Por esto creo que la tarea no es definir, a riesgo de contradecirme, qué país queremos el 8 de enero, un día antes del fin del cese, para garantizar su prolongación, sino que país queremos el 26 de mayo de 2018 para que la gente salga a votar con una cultura política (aunque sea un poco) diferente. Y, en el caso de la Mesa ELN-Santos qué podemos, de verdad, alcanzar a acordar antes del 7 de agosto de 2018 para que el proceso de sacar las armas de la política, como dice Pablo Beltrán, sea una realidad.

La propuesta es sencilla: delegaciones ampliadas, mesas en paralelo, documentos conjuntos de trabajo y estrategia mediática. Es decir, una conjugación entre pragmatismo y rigor o, como dice la agenda, entre celeridad y rigurosidad, para avanzar en la paz.

 

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