¡¡Mientras arde el Medio Oriente, en Estados Unidos cantan arrullos!!

 - Vive libre o muere

La gira de Nidia Góngora por los Estados Unidos acelera a 150, aunque la temperatura desciende. En estas horas va entre nieve en Lebanon, Nuevo Hampshire, un estado cerca de Canadá que tiene por lema oficial Vive Libre o Muere, incluso inscrito en las placas de algunos vehículos.

Ha llegado en un día gélido, entre una enorme camioneta alquilada, una camioneta que ya es nuestro mejor refugio, y lo ha hecho con sus cuatro músicos y un manager.

Una iglesia de algo más de cien años y más colegios con gente de este de este lugar hasta médula, han abierto puertas para que el grupo dicte talleres musicales del Pacífico. Ver toda esta americanidad entregada al toque rítmico de las semillas del guasá y la marimba de chonta es emocionante y, sin duda, paradójico.

Dos días antes el taller fue en Berklee College of Music, en Boston, una de las más prestigiosas universidades de música en el mundo, sitio donde algo estudió Quincy Jones. Nidia y su grupo dieron el taller con magia, igual que cuando lo hacen en Timbiquí o Buenaventura.

La música sobre todo tiene músicos.  Los de esta gira son un hit:

Adrián Viáfara es un artista de todas las artes. Interpreta la marimba, la arma, la desarma, la explica como si hubieran nacido de la entraña de una, y la acaricia. En momentos se va al clarinete o el saxofón. Es una caja de música, está claramente tostado si se le midiera con estándares clásicos y como Lucy, la película, su mente brillante está más allá, lejos de otras. Este tipo vuela, actúa, improvisa, inventa idiomas, baila de una manera que dan ganas de pasarse la noche en un bar de salsa o de lo que toque. Adrián anheló estudiar en Berklee. Tres días antes estuvo allí dando clase y atrae las miradas. Cuando se puede hablamos idiomas inexistentes, y tomamos caminos distintos.

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Fredy Vivas, es el percusionista y marimbero, un irónico profesional, no se despeluca, se peina con el aparto más raro que haya yo visto. Cuando le da a los cueros es portentoso, se enfunda en una chaqueta negra y gafas oscuras como en una moto de 1.000 centímetros y acelera de un modo que uno apenas alcanza a verlo en la línea del horizonte. Es compositor de bellas canciones, Maravelí y otras; es arreglista, músico estudiado. Se sienta en la camioneta en la silla más cómoda, yo que le llevo varios centímetros de pierna voy siempre en la más incómoda, lo miro y me quedo con las piernas casi anudadas al cuello. Una vez se compadeció y me dejó ir en su lugar, lo que le agradezco con un tequila.

Nicolás Barrera -Nico, es serio. Es baterista, la pasada noche en El Passim en Boston se lanzó deslumbrante hasta alcanzar la luna, como Artemis II. Ha estudiado música y tiene papá músico. Durante las pruebas de sonido y tras los conciertos muchas personas vienen a buscar especialmente al baterista y él les muestra cómo se hace. Su toque es particular, en patrones rítmicos folclóricos del Pacífico, currulao, chirimía y otros musicalmente muy complejos para una batería.

Cristhian Salgado es el líder del grupo, es un tecladista que se inició con su primera agrupación grande durante un naufragio en el Pacífico hace unos 22 años. Se salvó y lo ha hecho a fondo. Es como el demiurgo de los arreglos, del nuevo disco Pacífico Maravilla; ha estado con Bahía, Herencia de Timbiquí o ChocQuib Town, entre otros. Lleva todo con una serenidad contagiosa. Es un verdadero maestro, el lo sabe, todos los saben; conocedor de músicas, va del blues a la salsa con una profundidad que nunca es aplastante o vanidosa. Anoche se sentó ante el órgano de la iglesia en Lebanon, y lo hizo.

Nidia Góngora, la cantadora, la compositora. Nidia es contundente, nada de lo que dice se pone en duda. Esta mujer, esta maestra, vuela cuando canta, uno se siente erizado y ve gente conmovida. Los talleres para estudiantes los hace con experticia (es educadora). En Berklee dio cátedra de escalas. En los conciertos es una estrella. Lo que dice sobre la tradición, la naturaleza y la cultura es cierto, no hay palabras de sobra. Cuando tiene oportunidad fuera de hoteles, hace la compra, cocina, espera a que todos coman, nada le pasa de largo. En Nueva York la acompañé a raparse la cabeza, desde luego no le pregunté por qué, ni por qué se llevó el pelo. El corte fue, por coincidencia, con dos peluqueros de Buenaventura (Harry Zamora y su hermano), dos tipos para hablar de verdad, dos activistas musulmanes, porque todo lo que coincide casi nunca es por azar.

Cesar Herrera, es el manager. Tiene pinta de estrella y lo es. Hace todo con una destreza sorprendente. Nos lleva por miles de kilómetros sin un titubeo. César tiene listos los conciertos, los talleres académicos, hoteles, transportes, cenas, las pruebas de sonido, cada detalle. Este tipo hace que todo el mundo quiera estar con él, hacer lo que él quiera, con el tono que quiera, y se sienta bien. Los músicos lo siguen como a un imán. Nos burlamos de los “etnogomelos”, de sus palabras, sus conceptos, sus conveniencias, un término creado por un buen amigo. Vamos por ahí, César ironiza de todo lo falso y lo tonto. Nunca se le acaban la risa ni la seguridad. Transitamos otras músicas, otros escenarios, brindamos desde hace años. César es mi amigo y me salva en cada ocasión que me extravío.

Del mimo autor:Terraza 7: lo que pasa mientras hacemos planes para otra cosa

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