Uribe, el último cavernícola

“El expresidente es un espécimen anclado en la edad de las cavernas. La fuerza bruta y el garrote son sus argumentos”. Escribe Juan Mario Sánchez Cuervo

Por: Juan mario sánchez cuervo
mayo 20, 2021
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Uribe, el último cavernícola
Foto: Facebook @AlvaroUribeVel

Señor Uribe, innombrable o como se autodenomine, acepte que ya usted no existe. Al menos ese ídolo endiosado por los idiotas hace mucho dejó de ser. Usted ya no le importa a las nuevas generaciones, ni siquiera le importa a muchos de los que alguna vez apoyaron su nefasto proyecto político. Usted por aferrarse a esa imagen falsa generó esta inmensa incertidumbre que ahora vivimos. Y es tan infinito ese egoísmo suyo que antes de aceptar la derrota quizás prefiera borrar a Colombia de la faz de la tierra. Alguna vez dije que usted me inspiraba compasión, hoy por hoy, confieso, me genera lástima. Es lo que provoca un hombre cuando ha tocado fondo, un hombre que se hace daño y por ende genera daño a su alrededor. Sí, usted lo sabe: a estas alturas de la hecatombe ha quedado convertido en un viejo sufrido, amargado, y sin embargo, peligroso.

Expresidente, usted tuvo la oportunidad de salir, no digo que por la puerta grande, pero al menos sí por una puerta digna si hubiera permitido la paz. En cambio, esa megalomanía infame condujo al país al actual escenario. Y es que su infantilismo psíquico se aferra a un juguete que solo existe en una mente enferma. En eso me recuerda a otra personalidad muy parecida a la suya: el payaso Trump, que quiso arrasar con la democracia de Estados Unidos y generar un caos de proporciones insospechadas, con tal de darle gusto a la egolatría. Usted es otro pobre payaso. Y el actual berrinche no le durará mucho porque el mundo cambió, así usted se haya quedado en la edad de las cavernas. Y para su información le cuento que lo acepte o no, tendrá que soltar ese garrote de cavernícola ojibrotao con el que le hace tanto daño a nuestra juventud. Ese reinado innombrable logró mostrar toda la oscuridad que habita en su alma. Puede llorar si gusta, porque si alguna vez millones de personas lo aplaudieron, hoy millones de colombianos, y demócratas de todo el mundo desprecian su actitud depravada. Es el peor castigo para un megalómano: ver cómo su imagen de falso dios ha sido derrumbada por la luz de la verdad. Porque a estas alturas de la historia usted se está quedando solo en un laberinto de locura y autoengaño.

Buda dijo alguna vez: toda la oscuridad del mundo no puede apagar la luz de una pequeña vela. Toda esa oscuridad y la de sus secuaces no podrán apagar la esperanza de la inmensa mayoría de los colombianos. Esa invencible esperanza es como un sol gigante que ilumina este momento maravilloso, está oportunidad maravillosa. El cambio nada lo detiene. Y así se aferre al uso de la fuerza bruta para atacar en forma aleve a la razón y al espíritu del progreso humano, sabe muy en el fondo de ese subterráneo sin fondo que es su trastornada sesera que ha sido derrotado. Disfruta tu derrota innombrable.

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