Opinión

Un presidente sin salida del laberinto

El paro no fue por la reforma tributaria, aunque sí fue el detonante del descontento con el gobierno, el presidente, el sistema y descubrió otros elementos

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mayo 05, 2021
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Un presidente sin salida del laberinto
Iván Duque no solo no se sintonizó con la población sino que no entendió que su condición de mandatario y no de soberano

No sabemos aún el resultado concreto, ni el balance, ni las consecuencias del paro, pero algunas consideraciones vienen al caso.

El paro no fue por la presentación de la reforma tributaria, sino motivado por el descontento con el gobierno (o los gobiernos), con el sistema o modelo imperante, con el presidente Duque, y en general, con la falta de bienestar y las condiciones de vida insatisfactorias que han ofrecido.

El detonante sí fue la reforma tributaria por su contenido y por lo inoportuno, pero además descubrió otros elementos detrás de ello:

1-     Que su ministro no entiende que las funciones de un sistema tributario dependen de los países y de los momentos.

Asumió que lo importante era tranquilizar a las calificadoras de riesgo, proponiendo las respuestas que estas deseaban sin tener en cuenta los efectos en la población. Paradójicamente lo que logró fue que por la inestabilidad política y el descontento social, las mismas calificadoras aumenten la percepción negativa del riesgo país.

En los países ricos y desarrollados, por ser la clase media ya inmensamente mayoritaria es en ella donde se concentra la riqueza y recae el grueso de la tributación. Ni los impuestos a los más ricos, ni los subsidios a los más pobres pretenden cambiar esto.

Pero donde la gran mayoría de la población es pobre, donde la riqueza la tiene un grupo reducido, y donde la desigualdad es ya inmoral (condiciones en las que Colombia sobresale) el crecimiento económico y el sistema tributario deben estar al servicio del cambio de la estructura social, expandiendo la clase media a costa de los extremos, y no ahogándola.

2-     Que existe una explicación para entender las dificultades el presidente para gobernar el país.

Una persona cuya trayectoria ha sido básicamente la de un funcionario de rango medio-bajo de una organización extranjera mal puede empaparse o entender lo que significa el cargo.

De Duque nada era conocido porque nada tenía. No llegó a presidente por lo que había hecho, ni por lo que había dicho o propuesto, no por lo que había aprendido, ni por las capacidades o formación que hubiera mostrado.

Después de vivir 11 años en el exterior ningún vínculo o conocimiento tenía sobre Colombia. Solo vinieron a aparecer referencias alrededor suyo cuando la sorpresiva selección como ‘el que Uribe diga’. Éstas se limitaron a que era hijo de un ministro turbayista clase A, que Juan Manuel Santos lo había nombrado para una ‘corbata’ internacional de bajo rango, y que Uribe le dio un puesto en su lista de Senado por algún trabajo en el que le colaboró en algún viaje. Hizo un buen papel como senador, pero a esto reducen sus antecedentes. Sería más que un prodigio o un milagro que tuviera la capacidad para entender su cargo.

3-     Que no solo no se sintonizó con la población sino que no entendió que su condición de mandatario y no de soberano.

Desconoció la propuesta de la Comisión de Expertos que él mismo nombró; no aceptó el mensaje que significaba el rechazo de la población al globo lanzado con el IVA al arroz, chocolate, leche, etc.; después, cuando la circula semiclandestinamente entre gremios, algunos miembros de partidos, sindicatos, centros de estudios, etc. y todos lo cuestionan, es incomprensible  que insistiera en presentar el proyecto; y a asumir que se mantiene a pesar de la oposición ya formal de quienes lo deben aprobar en el Congreso es simplemente inconsciente; y una vez enfrentado al paro, desconocer lo que esto significa era delirante; pero responder militarizando al país no solo es desafiante sino irresponsable…

En su breve declaración del cuarto día del paro, Duque especificó que su orden de militarización la daba por su condición de cabeza de la jerarquía militar como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Por lo menos en lo aparente, es la típica figura del autogolpe. Lo que queda por aclarar es si esa fue solo una torpeza fruto de su ignorancia, o si va por ese camino.

La visión del exterior (ONU, Unión Europea, las ONG, o incluso EE. UU.) al pedir que se respeten los Derechos Humanos y al cuestionar la acción oficial parece mostrar que temen lo último.

4-     Que para ser presidente no debería bastar con ser ‘el que diga Uribe’.

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