Un nuevo sindicalismo

"Este es posible mediante el rechazo sin ambages del comunismo totalitario, que por su accionar se constituye como enemigo de los trabajadores". Escribe Ariel Peña

Por: Ariel Peña González
septiembre 17, 2019
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Un nuevo sindicalismo
Foto: Pixabay

En los últimos tiempos las relaciones laborales han cambiado notoriamente, por eso el sindicalismo no puede seguir aferrado a viejos esquemas, especialmente a los impulsados por el marxismo. Este busca el enfrentamiento irreconciliable de los trabajadores en contra de los patrones y el gobierno para sus fines políticos burocráticos, con el sofisma de la lucha de clases, cuyo camino es la destrucción y la muerte, pretendiendo que una camarilla comunista se tome el poder político y así someter mediante la fuerza bruta a la población.

La innovación sindical está al orden del día, observando el signo de los tiempos que determina un replanteamiento estructural del movimiento de los trabajadores para superar atavismos que no le han permitido un crecimiento adecuado, porque no se puede olvidar que el índice de sindicalización de la población económicamente activa en Colombia era en 1980 cercana al 25% y hoy escasamente llega al 6%, existiendo muchos factores para esa situación como las reformas laborales, la falta de respuesta audaz de parte de los sindicatos que en muchas ocasiones tienen el mismo comportamiento de hace 50 años, especialmente las organizaciones que son orientadas por la gruperia comunista.

La flexibilización laboral y el neoliberalismo que fueron el resultado de que la China entrara en la economía de mercado hace 42 años no han sido lo suficientemente asumidos por los sindicatos, ya que dirigentes mamertos (marxistas) usan un discurso baboso que no va a la esencia del asunto, descalificando instrumentos de organización como el contrato sindical, respaldado por el artículo 482 del Código Sustantivo del Trabajo, que sirve como medio para la estabilidad laboral.

El sindicalismo para crecer debe tener en cuenta la inteligencia artificial, la sociedad del conocimiento y la economía naranja, porque el teletrabajo y las diferentes plataformas que hoy están presentes en el mundo laboral son determinantes para el desarrollo social y humano de la ciudadanía; a lo que se le debe agregar en Colombia la migración venezolana, que en muy poco tiempo será un importante porcentaje de la población económicamente activa, sin importar que se encuentre en el sector informal, por lo que hay que organizar a ese grupo numeroso de trabajadores que incide en la economía nacional.

Los sindicatos colombianos deben presionar para que el Congreso expida el estatuto del trabajo, correspondiente al artículo 53 de la Constitución Nacional, que fue producto de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, pero que después de tantos años no se ha podido implementar, por lo que este es una necesidad para fortalecer la estabilidad laboral y el crecimiento de las organizaciones de los trabajadores, como condición necesaria para un trabajo decente con una vida digna.

Precisamente la jerga manejada por los mamertos acerca de que el sindicalismo debe de seguir las orientaciones del marxismo o comunismo totalitario no permite su crecimiento y desarrollo. Claro que para el caso colombiano la situación es todavía más confusa, pues en los llamados grandes medios de comunicación hay “líderes de opinión” cuyo desconocimiento en la materia es craso, con lo cual la falta de discernimiento no permite que estos temas se aproximen a la realidad.

Al esperpento marxista no le podemos dar una ubicación específica en el espectro político, ya que es un híbrido que se viste de muchas maneras o se camufla y mimetiza en las organizaciones sindicales, y asume un papel progresista o de izquierda cuando está en la oposición. Sin embargo, al tomarse el poder cambia la postura y se vuelve ultraderechista, creando monarquías sanguinarias a perpetuidad como sucede con los Castro en Cuba, los Kim en Norcorea y la dictadura venezolana, pues sus dogmas los llevan a un mesianismo enfermizo.

No se puede olvidar que el comunismo totalitario ha sido enemigo de la lucha de los trabajadores. Lenin consideraba a los sindicatos como una simple correa de transmisión del partido, o sea que eran un objeto para la toma del poder. Precisamente no hay que pasar por alto que líderes anticomunistas como Ronald Reagan y lech Walesa, quienes fueron presidentes de Estados Unidos y Polonia respectivamente, antes de asumir la más importante dignidad de sus naciones habían sido sindicalistas destacados. De hecho, al ser enemigos acérrimos del comunismo totalitario, se convirtieron junto al papa San Juan Pablo ll en los protagonistas de la caída del muro de Berlín que condujo a la debacle de la Unión Soviética.

La incompatibilidad entre sindicalismo y marxismo es inocultable, sin dar lugar a encuentros, porque desde la aparición del engendro comunista totalitario este siempre aspiró a tener el dominio de las organizaciones de los trabajadores, no para propiciar las reivindicaciones sociales y económicas de los obreros sino para utilizarlos de masa de maniobra, buscando asaltar el poder político para aplicar una dictadura en donde a los primeros que se atropella es a los trabajadores, por ello fue que los obreros repudiaron las tesis absolutistas de Karl Marx en el siglo XIX.

Entre la izquierda auténtica y el sindicalismo si hay afinidades, respetando eso si el pluralismo, porque la independencia y la democracia sindical es el centro de gravedad del accionar de los trabajadores, pues no se puede permitir que sectas como el marxismo manipulen la lucha obrera, por ello no deben existir vínculos entre las organizaciones de los trabajadores y el comunismo totalitario, porque eso lleva a una situación kafkiana. Y un nuevo sindicalismo es posible pero mediante el rechazo sin ambages del comunismo totalitario que por su accionar inhumano y violento se constituye en enemigo de los trabajadores.

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