Opinión

Tres cosas que no entiendo

El Túnel de la Línea, el secuestro del jovencito que prestaba servicio militar obligatorio, y el plebiscito

Por:
Diciembre 11, 2015
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  1. El Túnel de la Línea.

Para terminar el año viajé de Cali a Bogotá por tierra y tuve la oportunidad de constatar que la carretera más importante del país es apenas un bosquejo. El túnel de La Línea todavía está en pañales. Claro, avanza, pero bien despacito: medio viaducto por acá, otro medio por allá, algunos concluidos pero sin acceso, otros con acceso pero sin terminar, una entrada de túnel sin salida, una salida sin entrada, media berma en construcción, la otra media berma en destrucción; el puente de Cajamarca con dos carriles pero uno cerrado y el mismo peaje de siempre a la bajada donde llegan dos carriles que se vuelven uno solo para pagar.

¡Hum! La locomotora de la infraestructura, suspiré,  casi contenta al llegar a Soacha después de trepar rauda por doble carril desde Melgar y frenar en la pelotera de la entrada a Bogotá. Recordé que estamos en Cundinamarca y no en Dinamarca y aquí las cosas se hacen así, a medias como esta gran autopista a tramos, que desemboca en una sin salida.

No es fácil entender el mal que padece nuestra infraestructura. Es tan raro que se parece al  diagnóstico que le dieron al  vice Vargas Lleras: “Una lesión crónica, antigua y benigna, pero que lo hace convulsionar”. Mejor, dicho de eso no se muere pero seguirá enfermo toda la vida y se tiene que cuidar y trabajar poquito. Solo espero que se mejoren ambos, vice y carreteras, porque como están es muy maluco.

  1. El secuestro del jovencito que prestaba servicio militar obligatorio.

Las Farc se lo llevaron, dijo condolido el padre del soldado Rojas que fue secuestrado cuando regresaba a su tierra vestido de civil. La guerrilla negó y negó que lo hubiera retenido pero cuando ya no había forma de esconder ese delito, paso a justificarse acusando al muchacho dizque de estar ejerciendo labores de espionaje. ¿Espiarles qué? ¿No dizque están en tregua?

Pero no contentas con aceptar lo que acababan de negar, montaron un show, devolver al soldadito en el que no faltó sino el inefable turbante de Piedad Córdoba. Queda la sensación que la Farc están sufriendo del síndrome de Estocolmo pero al revés: extrañan a sus secuestrados, les hace falta tener cautivos y la tanta inactividad bélica los mata de aburrimiento.

Bueno sería que en lugar de secuestrar soldaditos casi imberbes, dejaran en libertad a los muchos niños y niñas que todavía tienen en sus filas y recordaran que se comprometieron a no tener menores en sus filas desde hace casi un año.

Difícil entender la lógica de La Habana con hechos tan absurdos como el del soldado Rojas donde no ganan nada, pero erosionan aún más su deteriorada imagen.

  1. Y el plebiscito.

Para concluir las cosas que no entiendo está el proyecto acelerado de la convocatoria a un Plebiscito para la paz, con lánguido umbral y pregunta retórica. ¿Para que lo tramitan, si las Farc han dicho y repetido que no ha sido acordado en la Habana, es inconsulto y no lo aceptan?

No sé, son cosas que uno se pregunta mientras hace una cola interminable a la entrada de un viaducto que todavía no está terminado o antes de meterse en un túnel que no tiene salida.

¡Esta es Colombia!, inexplicable pero muy bonita.

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