La crisis energética exige medidas con enfoque regional: el Caribe consume más electricidad por el calor y no debería ser castigado por ello

 - ¿Todos por igual? ¡No me parece!

Colombia es un país de regiones y así lo ha reconocido nuestro presidente. Por eso, desde su campaña enfatizó que quería gobernar desde ellas, reconociendo tácitamente que somos diversos.

Creo que todos somos conscientes de que estamos ad portas de una crisis energética como consecuencia de un fenómeno climático por todos conocido, denominado El Niño, que en algunas regiones se manifiesta con verano intenso y sequía severa; en otras, lluvias y problemas por inundaciones. Nos tiene prácticamente abocados a racionamientos o, peor aún, a un grave apagón con consecuencias muy graves, debido a que la generación hidroeléctrica está al límite.

Esa diversidad de regiones tiene un inconveniente, y es que este fenómeno, por la orografía diferente en cada región —montañas, valles, llanuras, costas—, se manifiesta diferente. No es igual el mediodía en la costa Pacífica o en Antioquia, Santander, Nariño o en la costa Caribe, donde estamos registrando cifras de calor nunca antes vistas, con sensación de más de 50 grados, y los termómetros no bajan de 30 grados. La calidad de vida, la salud y el trabajo están directamente relacionadas con la posibilidad de tener equipos o elementos para refrescarse, pero esto significa automáticamente que tendremos incrementos en el consumo de energía.

La CREG ha decidido sacar una resolución que, aparentemente, busca el estímulo al ahorro de energía y agua: premian a quien reduce el consumo y castigan a quien aumenta el consumo. ¿Cómo pretenden unificar esta norma en todo el país, desconociendo las condiciones climáticas de cada región y, peor aún, en esta coyuntura del fenómeno de El Niño, que aumentó significativamente las temperaturas?

Acabamos de pasar un gobierno que se empeñó en reducir la explotación de nuestros yacimientos de gas natural, llevándonos de un estado que podría ser de autosuficiencia a convertirnos en importadores de gas, el cual podría ayudar a resolver este problema con las térmicas, pero que ahora tendremos que importarlo a un mayor costo, y que la planta de gasificación, trabajando al 100 %, no da abasto a la demanda que se presenta.

¿Cómo es posible que tenemos posibilidades de generación en La Guajira y no podemos disponer de ese recurso porque, en unas consultas previas, se oponen unas comunidades a dejar conectar al sistema nacional? He insistido en que tenemos gas, petróleo, carbón, vientos, luz solar muchas horas del día, montañas y ríos para embalses y, sin embargo, estamos sometidos a esta situación por un Gobierno nacional con pretensiones ambientalistas y una ministra de Minas y Energía enemiga de los hidrocarburos y combustibles fósiles, donde hubo cifras récord de deforestación por el crecimiento de los cultivos ilícitos y la minería ilegal.

No solo debemos depender de la energía hidráulica; tenemos recursos para atender nuestra demanda, pero de ninguna manera, dado el estado del arte de la situación en la que estamos, podemos aceptar que todo el país es igual y que se puede unificar con unas medidas que, lejos de estimular el ahorro, lo que hacen es castigar al ciudadano Caribe.

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