Barranquilla fue la primera escala de una gira emprendida por Marco Rubio esta semana por algunos países andinos, para “reforzar la presencia” de Washington. Pero es una región en la que ya ejerce control absoluto.
En efecto, el martes pasado, en una reunión de dos horas, se concretaron asuntos estratégicos para la Casa Blanca y muy preocupantes para nuestro país.
En su discurso, Rubio ratificó que Colombia ha sido durante muchos años el aliado más importante en la región, e insistió en que las amenazas a la seguridad de los dos países siguen siendo los crímenes cometidos en nuestro territorio.
Volvimos así a la explicación histórica de EEUU y las elites colombianas para justificar la prolongada y fallida guerra contra el narcotráfico: Los delitos se cometen fundamentalmente en Colombia y los estadounidenses son solo víctimas.
Enfatizó en que el estrecho vínculo entre los dos países se vio suspendido con Petro, cuyo gobierno fue “una aberración”. Anunció además que ahora se iniciaría una nueva etapa de cooperación sin precedentes.
Calificó a Abelardo como un hombre valiente por confrontar los desastres heredados de un gobierno que dañó mucho dicho vínculo. Ratificó su excelente relación personal con el nuevo presidente, forjada en los círculos sociales de La Florida.
Por su parte, en el discurso de Abelardo se anunció una relación estratégica de largo plazo con Washington, al tiempo que se refería a los tres temas centrales tratados en la reunión: reconstrucción del país, recuperación de la economía y blindaje de la región.
Afirmó que el primer punto se centraría en desarrollar mecanismos de cooperación e inversión en las zonas más golpeadas por el terremoto, por cuenta del sector privado, en materia de infraestructura, energía vivienda y tecnología entre otras. Es decir, el gran negocio como vía principal para la reconstrucción, minimizando la inversión pública.
El segundo punto, la recuperación de la economía, va por la misma vía. Se trata de privilegiar los intereses privados, tal como lo contempla el proyecto de presupuesto que se discute en el Congreso. Es el regreso a la senda neoliberal de las décadas anteriores, de la que se apartó el gobierno de Gustavo Petro.
En este respecto, en la reunión de Barranquilla se suscribieron dos memorandos específicos, cuyo alcance e implicaciones están todavía por precisarse. Pero puede preverse que en ambos casos se trata de asuntos que ponen en riesgo el desarrollo económico y social y la preservación de la vida en todas sus manifestaciones en Colombia.
El primer memorando establece un marco sobre minerales críticos, como tierras raras, litio, cobre y tungsteno, fundamentales para el desarrollo tecnológico más avanzado.
Se incluye el compromiso de Colombia de garantizar cadenas de suministro para estos minerales, movilizar el apoyo de los sectores público y privado, “mediante garantías, préstamos, capital, acuerdos de compra, seguros o medidas de facilitación normativa, con el fin de identificar y financiar conjuntamente proyectos de extracción y procesamiento, en un plazo de seis meses a partir de la firma”, (https://www.state.gov/translations/spanish/el-secretario-rubio-y-el-ministro-colombiano-de-relaciones-exteriores-bula-firman-acuerdos-sobre-minerales-criticos-y-cooperacion-nuclear-civil/).
En el memorando también se contempla la simplificación de trámites de concesión de permisos que evalúen la seguridad nacional para la venta de activos de minerales críticos, y la cooperación en cartografía geológica, entre otros puntos.
Es claro que, en este punto, Washington busca reducir la dependencia que tiene de China en cuanto a dichos minerales críticos, tal como lo viene haciendo con otros territorios en conflicto del orbe en los que está involucrado.
El segundo memorando es un marco para la cooperación estratégica en materia de energía nuclear civil, energía nuclear para promover la seguridad energética y profundizar una relación más amplia entre ambos países.
Se expresa la intención de emprender alianzas con la industria e intercambios científicos y académicos para apoyar el desarrollo de la infraestructura nuclear civil y la formación de personal en Colombia; explorar las tecnologías nucleares de EEUU (incluidos reactores avanzados y reactores modulares pequeños).
Se contempla también desarrollar aplicaciones tanto energéticas como no energéticas: reactores de investigación, radioisótopos, medicina nuclear, agricultura y gestión de residuos.
Todo esto suena muy interesante, pero ¿cuál país se beneficiará? ¿Cuál de los dos asumirá los riesgos derivados de dichos operativos?
El tercer punto discutido se plantea como el blindaje de la región y tiene que ver con las orientaciones derivadas del Escudo de las Américas, al cual ingresó Colombia como miembro número 19. Se trata de desarrollar planeación multinacional, entrenamiento conjunto de tropas en la región y su despliegue para misiones combinadas en los distintos países. Su objetivo principal: la lucha contra el narcoterrorismo.
Recordemos que Peter Hegseth, Secretario de Guerra, anunció hace poco desde Panamá que Abelardo ya había autorizado el despliegue de soldados estadounidenses en territorio colombiano. Un asunto crítico que, como en otras ocasiones, deberán evaluar el Congreso y el Consejo de Estado.
Asimismo, se anunció que Medellín será la sede del Escudo de las Américas. Al mismo tiempo, el presidente expresó que cooperará estrechamente con Trump en la seguridad y estabilidad de Venezuela.
En últimas, reitera que su política exterior estará perfectamente conectada con Washington. En su discurso, insistió en la privilegiada situación geográfica de Colombia y en sus grandes recursos estratégicos.
Ha habido avances importantes en la dirección señalada. La semana pasada, el general Donovan, jefe del Comando Sur, visitó Colombia para formalizar las primeras acciones de la renovada cooperación militar. Estableció como prioridad las operaciones en la frontera con Ecuador y la vigilancia sobre el Pacífico, principal ruta de la droga que llega a EEUU.
Donovan sostuvo relaciones conjuntas con las autoridades militares de Colombia y Ecuador. Evaluó también la creación de una base militar conjunta entre los dos países en la frontera.
En el último año, EEUU ha lanzado 68 ataques contra supuestas narcolanchas en el Pacífico y el Caribe, con un saldo de 227 víctimas mortales. El bombardeo más reciente en el Caribe fue el pasado 26 de agosto y en él murieron cuatro tripulantes.
Vemos entonces el plan de recolonización de Colombia y la región andina a toda marcha.
PS: Ayer 9 de septiembre se cumplieron 50 años del fallecimiento de Mao Tsedong, máximo dirigente de la revolución china e inspirador de las luchas de los pueblos del Tercer Mundo. En estos tiempos oscuros de la humanidad, bien vale la pena mantener vivos sus aportes y memoria.
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