Ted Bundy, el sexy asesino en serie que obsesionó a la policía gringa

Violó, mutiló y mató a más de treinta mujeres, convirtiéndose en uno de los asesinos más buscados en de la década de los 70

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Mayo 10, 2019
Ted Bundy, el sexy asesino en serie que obsesionó a la policía gringa

Ella salía de comprar algunas cosas del mercado y un tipo guapo, con pelo abundante, varios músculos asomados por su camisa, una sonrisa preciosa y, al parecer, con un brazo roto, se le acercó y le dijo que estaba preocupado por ella porque había visto cómo un desconocido le había robado el auto y que “lo más prudente” era ir a revisar, que él la acompañaría. Ella accedió pero de lejos se dio cuenta de que el carro no había sido robado, no había indicios de nada, de absolutamente nada, así que se acercó lentamente y le dijo con una sutil sonrisa “no pasó nada. Te equivocaste”, y sin esperárselo este hombre empezó a forcejear, lastimar, agarrar e intentar meterla en el carro para llevársela. Ella logró zafarse de este hombre, lo alcanzó a golpear y salió corriendo. Él también lo hizo, desapareció por completo de donde estaba y ella corrió a avisar a las autoridades. Sabía que un hombre joven estaba asesinando a un sin fin de mujeres, así que se dirigió derecho a contar sobre su hecho. Lo que no sospechaba era lo atractivo que era, jamás hubiese sospechado que fuera un asesino. Al llegar al centro de policías se dio cuenta de que era el famoso ‘Ted’, el asesino de mujeres jóvenes que se había hecho famoso por bocetos a mano que corrían por todo Estados Unidos. Los periódicos locales habían enloquecido, pero lo más grave es que no había una sola fotografía de quién era el asesino porque toda víctima había resultado muerta. Hasta ahora.
Retrocedamos al 24 de noviembre de 1946. Allí, en ese momento, nació Theodore Robert Cowell en Burlington, Vermont. Creció alrededor de mentiras: un padre veterano de la fuerza aérea que se fue de casa sin decir una sola palabra, sencillamente los abandonó y ni ‘adiós’ dijo, y por otro lado una madre que le hizo creer que no era su madre sino su hermana. Cuando descubrió esa mentira Theodore le cogió rabia al mundo y empezó a vivir también unas vidas ocultas importantes. En 1950 se fue con su madre y su entonces marido, John Bundy, y el apellido se convirtió en parte de él. El Cowell había desaparecido.
La universidad de Puget Sound fue la que le abrió la perspectiva: decidió estudiar psicología. Era un excelente alumno, así se le conocía a Bundy en cualquier lugar donde se hablara de él. Para el amor no fue tan bueno, se enamoró profundamente de Sthepanie Brooks en 1967, pero a los dos años terminaron porque ella se licenció y su camino se expandió lejos de él. A pesar de eso, empezó una nueva relación a los tres años con Elizabeth Kloepfer, pero su amor seguía latente y fuerte por Sthepanie, no pudo sacársela en los cinco años de relación que tuvo. La sangre se le fue helado con el tiempo, los asesinatos iban convirtiéndose en su gran obsesión y su imagen pública era intacta, la de un hombre sensible y heroico: se inscribió como voluntario en un servicio telefónico que ayudaba a mujeres sexualmente agredidas, y fue condecorado por salvar un menor de ahogarse. El tipo ejemplar.
1974 – Un golpe contundente en la cabeza la dejó con daños cerebrales irreversibles. Fue violada con la pata de la cama de su habitación. También fue descuartizada y su cadáver se halló un año después. Fueron dos casos similares, para las familias eran una sola persona por el dolor tan irreversible que habían vivido. Fueron Lynda Ann Healy y Joni Lenz. La segunda sobrevivió en su momento, pero los daños que sufrió la dejaron completamente impedida.
Pelo negro, blancas, jóvenes pero sobre todo guapas, con un parecido increíble a Sthepanie Brooks. Seguirlas hasta su casa y estrangularlas era el modo en que operaba al inicio, pero cuando se dio cuenta de que su atractivo era un arma a su favor, decidió generarle un toque de lástima a su imagen y decidió agregar un brazo roto para poder entablar conversaciones, y pedirle a las mujeres que lo acompañaran para así poder asesinarlas. Una vez muertas, mantenía relaciones sexuales con ellas. Cuando estuvo a punto de ser atrapado decidió cambiar sus escenarios: Idaho, Utah, Colorado y Florida, pero se le olvidó que dejaba tras de sí un sin fin de asesinatos.
“Son más de las 9 de la noche, mi nombre es Ted Bundy. No le he contado esto a nadie. Busco la oportunidad de contar lo sucedido de la mejor forma que pueda. (…) Generalmente podemos describir manifestaciones de esta condición, de una persona con desviaciones de índole sexual que involucra violencia”, fue lo que le dijo a Stephen Michaud, el periodista que logró hacer hablar a Bundy.
Bundy, además de haber sido un honorífico abogado, también se licenció en psicología. Fue en una de las entrevistas con este periodista, que decidió hablar de sí mismo en tercera persona. Eso le permitió especular acerca de que el lugar donde debían buscar, era en sus orígenes.
Manipulador, peligroso, serial, trastornado, pero sobre todo, atractivo y repleto de carisma. Ese fue el hombre que violó, mutiló –de todas las formas posibles, incluso con la boca–, asesinó y torturó a más de 30 mujeres, el asesino más sexy de todos los tiempos: Ted Bundy.

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