Opinión

Teatros de acontecimientos en Barranquilla (III)

Noticias de la otra orilla

Por:
octubre 10, 2020
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Teatros de acontecimientos en Barranquilla (III)
Rafael Juliao Sarabia a aceptar en 1947 a hacer parte de la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla, con el único fin de trabajar en pro de la construcción de ese nuevo teatro municipal

Siguiendo con nuestra serie sobre el tema de esta columna tenemos que decir que ya a mediados de los años 40 Barranquilla se había quedado sin un recinto teatral apropiado para los espectáculos y eventos teatrales y musicales que la ciudad presentaba. Los edificios que se habían construido años antes, como en los casos del teatro Colombia y el teatro Metro, habían desdeñado ya prácticamente las presentaciones en vivo, no contaban con los elementos técnicos y escénicos requeridos, y habían dedicado su interés casi totalmente a las proyecciones de cine. En el caso de el Colombia también abría sus puertas de vez en cuando a ciertos espectáculos de dudosa estética y poco buen ver.

De manera que para las artes escénicas y la música, los únicos espacios con los que pudo contarse durante largos años fueron el Teatro de la Escuela de Bellas Artes y el teatrino de la Sociedad de Mejoras Públicas, ambos de poca capacidad, el uno construido en 1941 y el otro en 1938, el uno para unas 250 personas y el otro para menos de 100, pero era lo que había, y esa circunstancia empezó a mover los ánimos ciudadanos que empezaron  a reclamar cada vez con más fuerza la construcción de un nuevo teatro para la ciudad.

Y ese fue el ambiente que impulsó al señor Rafael Juliao Sarabia a aceptar en 1947  a hacer parte de la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla, con el único fin de trabajar en pro de la construcción de ese nuevo teatro municipal que tanto hacía falta, para lo cual  se constituyó a los pocos meses el comité encargado de las gestiones pertinentes bajo la dirección de Juliao Sarabia y con la doble misión inmediata de  gestionar el predio en el que se construiría y la de conseguir los recursos necesarios para sacar adelante la obra.

 

Catedral Metropolitana María Reina, entre  las calles 53 y 54 y las carreras 45 y 46

 

La primera opción de un predio posible fue el lote de terreno en el que hoy por hoy se encuentra la Catedral Metropolitana María Reina, es decir entre  las calles 53 y 54 y las carreras 45 y 46. Pero no pudo ser allí. La historia nos lo explica así: sucedió que ese predio que era entonces de propiedad municipal––y en el que había estado emplazado el viejo estanque del acueducto––, había sido destinado, en efecto, para la construcción del nuevo teatro de la ciudad conforme estaba consagrado en un Acuerdo del Concejo de Barranquilla de 1944; pero como el Comité Pro Teatro solo se constituyó en 1947 y no había tenido aún el tiempo necesario para tan compleja misión, ese mismo año la curia diocesana, al ver que la idea del teatro no avanzaba, gestionó ante la alcaldía de la ciudad un proyecto para que ese lote fuera cedido entonces para construir allí la catedral, que era otro proyecto sensible a un sector social importante de la ciudad, deprimidos como estaban ya los entornos de las iglesias tradicionales del viejo centro de la ciudad.

Quedó planteada entonces una tensión ciudadana e institucional que necesitó una conciliación entre las partes, y que se resolvió con un pacto de buena voluntad que consistió en que la curia podría hacer uso del lote en litigio para construir allí la catedral, a cambio de otro lote de su propiedad   que cedería al Comité Pro Teatro, ubicado en las misma avenida Olaya Herrera, una cuadra más abajo. La curia ––representada por el obispo Jesús Castro Becerra, y por el padre Pedro María Revollo–tuvo como interlocutores en este convenio a Rafael A. Juliao y a Ezequiel Rosado Jr., presidente y vicepresidente del mencionado comité; convenio que fue luego sellado oficialmente por un nuevo Acuerdo del Concejo, sancionado por el alcalde Raúl Fuenmayor Arrázola.

Pero tampoco pude ser ese el predio en donde se construiría el nuevo teatro municipal, porque el lote que entregó la curia al comité, en calidad de permuta, tuvo que ser descartado por razones técnicas cuando un estudio de suelo arrojó como resultado la inconveniencia de adelantar allí la construcción.

Pasaron los años y no fue sino una década después, en 1958, cuando se tomó finalmente la decisión de definir el nuevo lote para el teatro, mediante el Acuerdo Nº 9 del 1º de diciembre, que dispuso su construcción en un área del llamado parque Once de Noviembre o Plaza Cívica, especificando, además, que el predio exacto correspondía al “globo de terreno” donde estaba ubicada la escuela Cartagena de Indias, donde se dice que cursó sus primeras letras Gabriel García Márquez. El sitio, sin embargo, fue luego modificado unos meses después por otro Acuerdo Municipal que determinó destinar el lote inicialmente asignado al teatro para la construcción de la nueva sede de la Sociedad de Mejoras Públicas y el lote contiguo para que allí se construyera finalmente el teatro municipal. Vendría entonces el largo y penoso proceso de su construcción.

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