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Opinión

Tan participativos o tan firmones

Podría creerse equivocadamente que se está dando una explosión de participación ciudadana. Lamentablemente, la recolección de firmas no implica, casi nunca, verdadera participación.

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Septiembre 01, 2017
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Tan participativos o tan firmones
Fajardo, Germán, Clara, Ordóñez, Petro, Piedad y otros más andan pescando firmas

Colombia tiene uno de los niveles más altos de abstención electoral en América Latina, en especial cuando se trata de Congreso, Concejos Municipales y Asambleas. Cuesta que la gente salga a votar por ilustres desconocidos. Esto ha fomentado la “compra” de votos que va desde el pago descarado en plata, hasta lechonas y tamales o favores de diverso tipo. En ocasiones, como sucedió con Ñoño Elías, sus transacciones fueron tan eficientes que hizo votar a casi todo un pueblo por un solo candidato.

La democracia participativa, esa que promulgó con orgullo la Constitución del 91, desfallece por la indiferencia del electorado o por lo costosas que se han vuelto las elecciones. Sin embargo, en los últimos años, han proliferado los procesos participativos, dando la impresión que el pueblo, como “bella durmiente” despertó de su indiferencia electoral.

Hemos visto elecciones a tutti plein para revocar mandatos. Casi todos procesos fallidos; pero firmas nunca faltan. En Bogotá, para citar el más mentado, está pendiente la elección para preguntar si se saca o no a Peñalosa.

También hay elecciones para consultas previas sobre proyectos. La más exitosa fue la de Cajamarca que le preguntó a la gente si quería una mina de oro en su territorio y la gente mayoritariamente dijo que no. Y la mina tuvo que irse como antes había tenido que irse la del páramo de Santurbán. Estas elecciones nos han salvado, por ahora, de procesos extractivos muy dañinos. ¡Benditas sean!

Igualmente se realizó la recolección de firmas para una consulta anticorrupción con excelentes resultados. Más de cuatro millones de personas firmamos para que se establezcan mecanismos severos de sanción a los corruptos. Este proceso también resulta muy saludable para la democracia. Ojalá no lo trunquen en el Congreso.

 

Llegó la moda de inscribirse a la presidencia por firmas:
300 000 para estar en la baraja de la primera vuelta.
¡Oh paradoja! Candidaturas sin partido y partidos sin candidaturas

 

Sin embargo, ahora llegó la moda de inscribirse a la presidencia por firmas. Varios candidatos y candidatas están en la tarea de recoger el apoyo de más de trescientas mil personas para que su nombre quede en la baraja de la primera vuelta. ¡Oh paradoja! Candidaturas sin partido y partidos políticos sin candidaturas. Fajardo, Clara, Piedad, Germán, Petro, Ordoñez y no se cuantos más andan pescando firmas, mientras La U, Opción Ciudadana, Cambio Radical, Partido Conservador, Aico y otras siglas partidistas se han quedado huérfanas de representación.

Podría creerse equivocadamente que se está dando una explosión de participación ciudadana, que la gente entusiasta exige que se presenten personas en su nombre. Pero no es así, lamentablemente, la recolección de firmas no implica, casi nunca, verdadera participació

Veamos algunas razones.

1º Quien necesita firmas las consigue contratando la recolección, así el o la candidata se pasee de vez en cuando con su formulario bajo el brazo para justificar que lo hace en persona.

2º Una firma no se le niega a nadie (bueno casi a nadie). En las calles y parques, recolectores profesionales, caen sobre cualquiera y piden la firmita. Una persona puede firmar por Piedad, por Petro o por Clara, para solo tomar el ejemplo de la izquierda, y se siente muy democrática permitiendo que sean candidatos todos ellos.

3º Firmar no significa comprometer el voto. Quien apoya que alguien se pueda presentar, no necesariamente va a salir a votar después por esa persona o por ningún otra.

4º Las firmas esconden la orientación de la campaña pues no se exige que se conozca el programa o al candidato al momento de firmar. Eso será después cuando se realice la campaña o la inscripción formal en la Registraduría.

En fin, podría dar muchos elementos para mostrar que no somos más participativos ahora, sino más firmones. Bueno sería que en las elecciones esa enorme cantidad de abstencionistas firmantes se hicieran presentes, así sea para votar en blanco y, sobre todo, que los partidos ofrecieran procesos democráticos para elegir candidaturas en lugar de obligar a buscar firmas a los que se niegan a avalar. Tal vez así se daría una verdadera participación y nos llevaría a una democracia más estructurada y, sobre todo, menos personalista.

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus

 

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