Opinión

Las rocamboladas populistas de Trump

Si el enredo Watergate redujo la credibilidad de los estadounidenses con Nixon, las mentecateces de Trump obligarán al pueblo americano a una rectificación drástica en las próximas elecciones

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septiembre 01, 2017
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Las rocamboladas populistas de Trump
El pueblo que no es tan tonto para no darse cuenta que un lunático con poder los puede conducir a la debacle

Se sabía que la equivocación de los gringos que votaron por Trump en los estados clave le saldría onerosa a Estados Unidos. No solo Trump, sino la mayoría del equipo que escogió, carecía de experiencia política y administrativa, falla que no ha dejado de demostrar en todos y cada uno de los días que lleva de posesionado. Son, pues, siete meses de errores, la mayoría garrafales, y de salidas de tono, que desdicen de la personalidad de quien preside la nación más poderosa del mundo.

Gústeles o no a los norteamericanos, en particular a los más conservadores, el señor Trump es un megalómano inconsciente de su defecto. Es un obcecado incapaz de aceptar las realidades y tratar de superarlas. El trastorno síquico, en su caso, es más poderoso que la conciencia, y se le agrava porque está acostumbrado a las venias de sus subalternos en hoteles y casinos. Por eso, las deserciones de los colaboradores que huyeron de su tutelaje y que se resistieron a sufrir las afrentas contra su dignidad, estuvieron fundadas. Y no pararán ahí. Se multiplicarán.

Antes de que comenzara la ristra de torpezas, en el mundo entero se pensó que la fortaleza de las instituciones americanas frenaría las descarriladas del timonel trastornado. Pero no. Intereses políticos pequeñitos de las bancadas republicanas del Senado y la Cámara han prevalecido sobre conveniencias superiores que la potencia hemisférica debe respetar, como el manejo de la política exterior, los tratados de libre comercio, el enfoque de los peligros nucleares, las tensiones en zonas muy sensibles del mundo, los acechos del Estado Islámico, y asuntos de política interior relacionados con impuestos, migraciones y la entrada masiva de alucinógenos por sus costas.

Antes de que comenzara la ristra de torpezas,
en el mundo entero se pensó que la fortaleza de las instituciones americanas frenaría las descarriladas del timonel trastornado

 

Cómo habrá sido de débil la conducta republicana en el Congreso, hasta el punto que el Ejecutivo ha invadido sus funciones, que el sector privado resolvió consolidar alianzas corporativas con el fin de llenar los vacíos de gobierno del señor Trump, ocupándose de plantear fórmulas sobre producción, empleo, aranceles, desgravaciones, inclusive sobre defensa nacional. El New York Times, el Washington Post y hasta el Financial Times, han publicado informes y columnas sobre esa necesidad que le evitaría al Tío Sam resbalones económicos y sociales capaces de causar mucho daño, sobre todo porque Rusia, China, India y Japón no ceden en su propósito de competir de igual a igual con Estados Unidos y la Unión Europea.

Sin restarles mérito a las corporaciones empresariales estadounidenses, su decisión se encamina a rectificar un relativo abandono de su política gremial a fines de los años ochenta y de todos los noventa. La mano de obra barata los sedujo tanto que se dedicaron a mover los llamados capitales golondrina, comodidad que no solo los alejó de los políticos, sino de la inmensa fuerza de trabajo que acumularon desde los inicios de la Guerra Fría junto con los flujos del turismo extranjero. De ahí que el nuevo viraje los reconcilie con un pueblo que no es tan tonto para no darse cuenta que un lunático con poder los puede conducir a la debacle.

Por otro lado, se sale de toda lógica política el Partido Republicano en un momento en que, como lo ha hecho el senador John Mac Cain, es más importante la conciencia parlamentaria que las estratagemas menores de dos bancadas parlamentarias que no hacen valer su capacidad decisoria ante las rocamboladas populistas de un presidente díscolo. Esto reafirma que la política norteamericana ha perdido peso específico y vigor sus liderazgos. No está en los cálculos de los republicanos una destorcida electoral como castigo por su obsecuencia ante el poderoso desbocado. Ya sentirán su costo.

Si el enredo Watergate bajó de modo notable la credibilidad de los norteamericanos bajo la batuta de Nixon, la seguidilla de mentecateces del señor Trump obligará al pueblo americano a una rectificación drástica en las próximas elecciones si los jueces, antes, no anulan los actos inconstitucionales del Ejecutivo en relación con los cuales el Congreso ha sido un convidado de piedra. Cuidado con la prevalencia de Occidente frente a las ambiciones del lobo ruso y los saltos grandes del dragón chino.

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