Suicidas del poder (V)

La pregunta sobre cómo puede alguien llegar a suprimirse es de siempre y de todas las culturas, es una interrogación que jamás dejará a nadie indiferente. Una mirada

Por: Orlando Solano Bárcenas
agosto 27, 2019
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
Suicidas del poder (V)

El suicidio no es un escándalo, ni una aberración, es simplemente la solución a un problema existencial. Los suicidios de hombres del o con poder son los que tal vez más llaman la atención del gran público (ver: Suicidas del poder I). En la tarea de crear tipologías de suicidios, y tal vez tratando de tomar el relevo de Durkheim, algunos estudiosos del tema han hecho sus propuestas. Se destaca el esfuerzo del profesor francés Jean Baechler, cuya tipología pretende dar cuenta de las diferentes modalidades de suicidio, como es el caso, por ejemplo, de aquellos cometidos por hombres de o con poder.

De ella nos valdremos para la difícil tarea de encuadrar algunos de los casos que analizaremos (ver: Suicidas del poder II). Hemos venido estudiando casos de varios hombres del o con poder de Cuba, un medio social y político considerado, sobre todo por el exilio, como propenso a la auto supresión de la vida; acusación de la cual se defiende el régimen diciendo que eso no es cierto por ser Cuba un país con altas tasas de necesidades satisfechas, ergo, un pueblo feliz, ajeno a este tipo de conductas antirrevolucionarias sobre todo cuando son realizadas por la dirigencia política. Entre otros, se hizo énfasis en los casos de Fernández Supervielle, Chibás Ribas y Prío Socarras, entre otros (ver: Suicidas del poder III).

En otra nota se analizó el fenómeno del suicidio en habitantes del territorio de la” isla”, siempre con la controversia existente entre los salidos en exilio, quienes afirman que la cubana es una sociedad muy “suicidógena” por razones atinentes al autoritarismo del régimen, y la defensa del sistema afirmando que las cifras están dentro de los rangos “normales” en comparación con otros países. La controversia es muy ideológica, lo que dificulta el análisis en plena objetividad. El asunto se asevera de mayor dificultad cuando el investigador se adentra en los diferentes periodos transcurridos desde 1959. En efecto, las tasas de suicidio de hombres del o con poder aumentan, unas veces yendo en la línea de la oposición y en otras en la dirección señalada por el régimen (ver: Suicidas del poder IV).

En la presente nota extendemos la investigación a los suicidas del o con poder del “exilio”, un medio social y político considerado por el régimen como propenso a la autosupresión de la vida, reproche o acusación de la cual se defienden los salidos forzadamente de la isla afirmando que, precisamente se da el fenómeno por las causas de la partida, entre las cuales recaban ser las principales: el dolor del abandono de los seres queridos y de la patria de nacimiento, la tristeza y dificultades que trae el desarraigo, la prohibición de salida por medios no riesgosos, la nostalgia y otras causas y motivaciones. Analistas, sin gran fundamento científico, tratan de demostrar que existe una tendencia suicidógena en los cubanos, a secas. Es muy difícil la tarea de estudiar el fenómeno del suicidio en ambos extremos de la confrontación ideológica cubana -que se ha vuelto universal-, por la toma de posición ideológica que todavía se aseveran como rezagos de la Guerra Fría. A continuación, hacemos el esfuerzo de comprender el fenómeno del suicidio en la “diáspora”.

Suicidios en el exilio

Si entre los cubanos de la isla se han dado muchos suicidios, fuera de Cuba también los cubanos del exilio se han suicidado por motivos disímiles que la oposición al régimen dice que han sido cometidos por diversas causas citando la locura, la enfermedad, el remordimiento y la culpabilidad por la “colaboración”, la ruina o las dificultades para sobrevivir el exilio. A su turno, el régimen utiliza estos datos para señalar que el fenómeno no es exclusivo de lo que sucede al interior de su territorio.

Lo cierto es que los “balseros” ahogados en el mar tratando de llegar a Estados Unidos en balsas precarias, cajas de correo aéreo, trenes de aterrizaje, camiones acondicionados para “navegar”, neumáticos porosos y decenas de intentos y medios de navegación precarios en demasía (Crónica Jalisco. Francisco Báez Rodríguez. Cuba: los aldabonazos suicidas. 6 de febrero de 2018) se suman, según Rafael Rojas, a los escapados en los últimos veinticinco años en cantidad próxima, según él, a casi dos millones que se han marchado del país como han podido y alrededor de 70.000 que se han suicidado, también, de las más diversas formas: incinerados, ahorcados, desangrados, apuñalados, atropellados en la carretera, precipitados al vacío o, simplemente, de un tiro en la sien. En la última mitad del siglo XX, remata Rojas, 100.000 cubanos podrían haberse quitado la vida. A mediados de la década de los años noventa, el índice de suicidios debió estar cercano a 30 por cada 100.000, manteniendo a Cuba entre las cinco naciones más suicidas del mundo. Tendencia que también caracterizaba a los cubanos de Miami, cuyas tasas de suicidio eran superiores a las de otras comunidades hispanas en Estados Unidos. Son estas cifras las que han dado lugar a un manejo ideológico de parte y parte, siendo la discusión para nada “pacífica”.

Algunos casos que se pueden destacar son los siguientes, por involucrar a cubanos con cierto prestigio partidos al exilio; varios de ellos deportistas, intelectuales, actores o escritores reconocidos. Pero que, no por intelectuales, dejaron de estar cercanos al poder o lo ejercieron de alguna manera.

Suicidios de escritores, poetas, artistas, intelectuales, deportistas en el exilio

- Miguel Ángel Quevedo. Editor y propietario de la Revista Bohemia, se suicidó en Miami en agosto de 1969 dejando una histórica carta a Ernesto Montaner, padre del también periodista Carlos Alberto, donde hace saber su posición con respecto a supuestos errores cometidos en perjuicio de Cuba, que culminaron con el triunfo de Fidel Castro. Bohemia se convirtió en la principal voz de la oposición a la administración de Carlos Prío Socarras y apoyó la insurrección y la revolución en contra del régimen de Fulgencio Batista. El 26 de julio de 1958 la revista publicó el Manifiesto de Sierra Maestra, un documento cuyo propósito fue la unificación de los grupos contrarios y opositores que combatían el régimen de Batista. El 11 de enero de 1959, la tirada del primer número edición especial de Bohemia después de la revolución fue de un millón de copias vendidas en pocas horas (Testamento Político de Miguel Angel Quevedo).

Quevedo fue una figura decisiva en casi todos los cambios políticos que se produjeron en Cuba antes de la llegada de Fidel Castro al poder. Bohemia era leída en todo el continente americano y, por supuesto, la revista más popular de Cuba por lo menos a finales de la década de los años 50. Fue fundada en 1909 con el lema de “La revista que siempre dice la verdad”. Entre sus principales colaboradores estuvieron los más grandes articulistas, ensayistas, escritores y líderes de su época, como Jorge Mañach, R. García Bárcenas, Eduardo Chibás, Oscar Salas, Gustavo G. Sterling, José M. Peña, Fernando Ortiz, Ramón Grau San Martín, René Méndez Capote, Agustín Tamargo, Gustavo Robreño, Herminio Portell Vilá y tantos otros. En plena dictadura de Fulgencio Batista, Bohemia apoyó la revolución de 1959. La revolución expropió o clausuró periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio, Bohemia no fue la excepción, aún existe hoy día, como un vocero del gobierno (Carta Suicida del Editor de Bohemia en Cuba).

Tiempo después, Quevedo deja Cuba exiliándose en Miami. Es ahí donde en agosto de 1969 se suicidó, dejando la carta mencionada a uno de sus colaboradores, el periodista Ernesto Montaner, donde hacía saber su posición con respecto a supuestos errores cometidos en perjuicio de Cuba, que culminaron con el triunfo de Fidel Castro. La nota de suicidio dejada por Quevedo, es una de las más célebres de la historia contemporánea, vale la pena transcribirla:

Señor   
Ernesto Montaner

Miami, Florida

Caracas, 12 de agosto de 1969

Querido Ernesto:

Cuando recibas esta carta ya te habrás enterado por la radio de la noticia de mi muerte. Ya me habré suicidado — ¡al fin! — sin que nadie pudiera impedírmelo, como me lo impidieron tú y Agustín Alles el 21 de enero de 1965.

Sé que después de muerto llevarán sobre mi tumba montañas de inculpaciones. Que querrán presentarme como «el único culpable» de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera «el único culpable». Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado de responsabilidad.

Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder. Los periodistas que, conociendo la hoja de Fidel, su participación en el Bogotazo Comunista, el asesinato de Manolo Castro y su conducta gansteril en la Universidad de la Habana, pedíamos una amnistía para él y sus cómplices en el asalto al Cuartel Moncada, cuando se encontraba en prisión.

Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía (la cual sacó a Castro de la prisión tras el ataque al Cuartel Moncada). Los comentaristas de radio y televisión que la colmaron de elogios. Y la chusma que la aplaudió delirantemente en las graderías del Congreso de la República.

Bohemia no era más que un eco de la calle. Aquella calle contaminada por el odio que aplaudió a Bohemia cuando inventó «los veinte mil muertos». Invención diabólica del dipsómano Enriquito de la Osa, que sabía que Bohemia era un eco de la calle, pero que también la calle se hacía eco de lo que publicaba Bohemia.

Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen. Los miles de traidores que se vendieron al barbudo criminal. Y los que se ocuparon más del contrabando y del robo que de las acciones de la Sierra Maestra. Fueron culpables los curas de sotanas rojas que mandaban a los jóvenes para la Sierra a servir a Castro y sus guerrilleros. Y el clero, oficialmente, que respaldaba a la revolución comunista con aquellas pastorales encendidas, conminando al Gobierno a entregar el poder.

Fue culpable Estados Unidos de América, que incautó las armas destinadas a las fuerzas armadas de Cuba en su lucha contra los guerrilleros.

Y fue culpable el State Department, que respaldó la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba.

Fueron culpables el Gobierno y su oposición, cuando el diálogo cívico, por no ceder y llegar a un acuerdo decoroso, pacífico y patriótico. Los infiltrados por Fidel en aquella gestión para sabotearla y hacerla fracasar como lo hicieron.

Fueron culpables los políticos abstencionistas, que cerraron las puertas a todos los cambios electoralistas. Y los periódicos que, como Bohemia, les hicieron el juego a los abstencionistas, negándose a publicar nada relacionado con aquellas elecciones.

Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores. Claro, que nos faltaba por aprender la lección increíble y amarga: que los más «virtuosos» y los más «honrados» eran los pobres.

Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Como Rómulo Betancourt, Figueres, Muñoz Marín. Los titanes de esa «Izquierda Democrática» que tan poco tiene de «democrática» y tanto de «izquierda». Todos deshumanizados y fríos me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron de que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas. Son los presuntos fundadores del Tercer Mundo. El mundo de Mao Tse Tung.

Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que los que puedan aprendan la lección. Y los periódicos y los periodistas no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa propia calle. Para que los millonarios no den más sus dineros a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación, o de un destierro. Y para que el pueblo recapacite y repudie esos voceros de odio, cuyas frutas hemos visto que no podían ser más amargas.

Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos éramos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce cuando dijo:

Cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano.

Adiós. Este es mi último adiós. Y diles a todos mis compatriotas que yo perdono con los brazos en cruz sobre mi pecho, para que me perdonen todo el mal que he hecho.

Miguel Ángel Quevedo

¿Suicidio “escapista-fuga” del editor de la revista estrella de la historia cubana para evadir una responsabilidad moral e histórica? O, ¿suicidio “escapista-castigo” por una falta considerada tan real que merece la máxima mortificación?

- Reynaldo Arenas Fuentes (1943-1990). Escritor, poeta, dramaturgo, novelista mágico-realista, bibliotecario acusado de sodomía, opositor al gobierno cubano, se suicidó en Nueva York enfermo de sida. Su manifiesto enfrentamiento contra la dictadura de Batista, le valió persecución. Colaboró con la revolución cubana, hasta que, debido a la exclusión a que fue sometido, optó por la disidencia. Su presencia pública e intelectual le granjeó marcadas antipatías en las más altas instancias del Estado, lo cual, unido a su homosexualidad, provocó una implacable y manifiesta persecución en su contra esencialmente debida a su  “pentagonía” sobre la revolución que continúa con las obras El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El asalto y El color del verano, novelas en las que expresa su inicial entusiasmo y posterior desengaño, especialmente en Otra vez el mar, hasta concluir en una parodia grotesca, carnavalesca y festiva de la misma en El color del verano, ambientada en 1999, durante los festejos por los cincuenta años del triunfo de la Revolución. Su abierta homosexualidad y la dura crítica contra el régimen le valieron ser condenado al ostracismo, la cárcel y la tortura en la prisión de El Morro (entre 1974 y 1976). Durante los años setenta, intentó en varias ocasiones escapar de la opresión política, sin éxito. En 1980 salió hacia Miami como “marielito”, cambiando la grafía de su apellido bajo la de “Arinas”. Llegado a Nueva York también sufrió el desprecio del exilio homofóbico (Reinaldo Arenas Fuentes).

En 1987 se le diagnosticó el sida. El 7 de diciembre de 1990, Arenas se suicidó. Envió a la prensa y a sus amigos una sentida carta de despedida, en la que culpaba a Fidel Castro de todos los sufrimientos que padeció en el exilio y prohibió que sus obras fueran publicadas mientras viviese Fidel Castro. Por orden del régimen varios de sus manuscritos fueron decomisados y destruidos. Su postura siempre se mantuvo clara en cuanto al régimen político: estaba en contra de él. Temáticas de violencia, persecución, el abuso del poder y la búsqueda de la libertad por una juventud desgarrada, rebelde y envilecida son comunes en casi toda su producción literaria. La figura del “re-primerísimo” líder carismático que todo lo persigue, censura y castiga es una clara crítica al gobernante abusivo y a los sentimientos colectivos y específicos del pueblo cubano herido por la represión, la violencia y el encierro en su propia patria, primero esperanzada con la caída de Batista y luego desencantada con un régimen político represivo. Toda esta temática llega a desafiar al Estado en proa hacia la dictadura absoluta (El poeta Reinaldo Arenas se suicida en Nueva York). Sin mayores especulaciones podemos decir que se está en presencia del más representativo caso de suicidio “agresivo-venganza” contra la persecución que sufrieran Arenas, escritor de reconocimiento mundial -personificado por Javier Bardem en la película premiada en varios festivales Antes que anochezca-, y los miles de miembros LGTBI cubanos perseguidos por el régimen y en ocasiones hasta por el exilio.

- Guillermo Rosales (1946-1993). Escritor que vivió el drama del intelectual en el exilio, de personalidad esquizoide, con espíritu de anacoreta y literatura vengativa por considerar que el pensamiento es ingratitud, y la vida diabólica en virtud de la teoría y la crítica. Odiaba el exilio con fuerza demoníaca y lo maldijo. Lo acaba el insomnio, del cual culpa al régimen castrista. En su obra   Boarding Home suelta toda su carga revanchista, incluso contra sí mismo. Y, le llegó el suicidio (El canon literario cubano de la diáspora: Guillermo Rosales 19 de abril de 2017). ¿Suicidio “agresivo-venganza”?

- Albert Santiago Du Bouchet Hernández. Escritor exprisionero político menos conocido que Arenas, se quitó la vida en 2006, a la edad de 52 años, en la isla de Las Palmas de Gran Canarias. Había hecho parte del Grupo de los 75 opositores condenados en 2003 a largas penas de cárcel. Amnistía Internacional le había declarado “prisionero de conciencia”. Fue considerado este disidente como el último periodista independiente liberado por el régimen tras las conversaciones con la Iglesia Católica. Sus investigaciones históricas abordaron aristas polémicas del acontecer cubano y comenzaron a chocar con el discurso historiográfico oficial. En 1988 confrontó problemas con Eusebio Leal, historiador de La Habana, y se vio forzado a renunciar al Gabinete de Arqueología. En 1996 renunció a la militancia del Partido Comunista de Cuba y comenzó a colaborar con la prensa independiente. El 3 de diciembre del 2000 fue detenido por la Seguridad del Estado. Sus documentos y equipos fueron destrozados y luego fue seriamente herido en plena calle. Dejó esposa y dos hijos. Su acto de suicidio por ahorcamiento se debió al parecer al destierro doloroso, al hecho de haber dejado a su familia en Cuba y a no haber recibido la ayuda proporcionada por el gobierno español para vivienda y manutención, de unos 1193 euros para cuatro personas. Todas estas circunstancias adversas le habían llevado a un marcado estado depresivo. Le había dicho a su esposa que "no valía la pena estar así". Estaba desesperado y al parecer en situación-límite. Según la oposición interna y el exilio los desarreglos de depresión le venían desde las mazmorras del régimen, a lo cual este respondía que eran propios de un desadaptado social.

Fue enviado a España con su familia en abril de 2011 y estaba considerando irse a vivir a Estados Unidos. Había sido director de la agencia independiente Habana Press. En 2009 el régimen le condenó a tres años de prisión bajo los cargo de "desacato" y distribución de propaganda enemiga. Entre 2005 y 2006 había cumplido otra sentencia, de un año de cárcel, también por supuesto "desacato". Era graduado en Historia del Arte por la Universidad de la Habana y luego estudió Museología y Arqueología en la Academia de Ciencias de Cuba.

En julio de 2011, el Comité Ejecutivo del Partido Cuba Independiente (CID) en la Isla le había designado como su vocero en España. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) le hacía un seguimiento estricto a su caso(ver: Diario de Cuba. El Nuevo Herald- Cuatro.com 06/04/2012, RSF,"No valía la pena estar así".- Cuba Encuentro Redacción CE, Madrid | 05/04/2012). ¿Suicidio “escapista-duelo” por sufrimiento debido a carencias materiales y espirituales y depresión por muerte de las ilusiones de algo que no fue? O, ¿suicidio “agresión-venganza” contra el régimen revolucionario que lo encarceló y contra el gobierno de acogida que incumplió compromisos mínimos de manutención a exiliados?

- Olga Andreu. El 7 de mayo de 1988, salta al vacío desde el balcón de su apartamento en el sexto piso del Edificio Chibás (¡). Ella significó mucho para una parte de la intelectualidad cubana en la década de los 70, en especial para Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante y Silvio Rodríguez. Estuvo casada con Tomás Gutiérrez Alea y fruto de esa relación nació su hija Natalia, que en el año 1980 abandonó la isla por el Mariel. También mantuvo una relación con Calvert Casey; pero, la rodeaba la soledad. Perdió el cargo en la Biblioteca Nacional cuando exhibió en una de las vitrinas de la biblioteca la novela de Guillermo Cabrera Infante, “Tres tristes tigres”. En ese instante, comenzó el declive de Olga. Haydée Santamaria, consiguió para ella un trabajo en Teatro Estudio como productora, puesto que aceptó con suma desconfianza y desagrado por sentirse maltratada. Años después, la decisión de su hija de querer abandonar Cuba sumió a Olga en una profunda depresión de la que ya no pudo salir. Tres años después a la marcha de Natalia, tuvo la oportunidad de ir a visitarla y algunos amigos la invitaron a quedarse con su hija, pero ella renunció a hacerlo por la amistad que le unía a Haydée Santamaria (Montse Ordóñez. Blog. De La Habana al cielo, La memoria del silencio. Olga Andreu, 12 de noviembre de 2015). Al parecer, el régimen se defendió diciendo que Haydée ni la abandonó ni la dejó en la inopia. ¿Suicidio “escapista-duelo” por pérdida de un ser querido? O, ¿suicidio “agresivo-llamado” dirigido al grupo en procura de apoyo ante acoso laboral?

- Calvert Casey (1924-1969). Este poeta cubano americano, gran cuentista e intelectual de mucho peso y extraña sensibilidad buscó en Roma el exilio y la muerte con un frasco de barbitúricos. Ocurrió el suicidio el 16 de mayo de 1969, a los 45 años. Su madre acababa de morir. De Cuba salió para huir de la persecución oficial por su homosexualidad, tratada por él como “homoerotismo”. Ya había hecho otros intentos de arrebatarse la vida. No resistió la censura del régimen, la soledad, la depresión, el exilio. Su sentir era de cubano, como lo expresase Guillermo Cabrera Infante en su ensayo-homenaje. ¿Quién mató a Calvert Casey? Se podría decir que comenzaron a matarlo las deportaciones de homosexuales a granjas de trabajo por el régimen, so pretexto de ser “enfermos morales” y, peor, “contrarrevolucionarios”. Ya en Europa y sin pasaporte vigente, vive el calvario del desertor perseguido y censurado porque sus obras fueron “recogidas” por los servicios de seguridad del Estado. La nacionalidad americana se le hace esquiva porque había renunciado a ella en solidaridad con la revolución cubana. En Roma se decepciona del rumbo que había tomado. Se siente fracasado. Nostálgico. Perdido en el mundo kafkiano de los burócratas. Su epitafio: “He was gentle/ He was weak/ He was destroyed” (María Gabriela Méndez. Homenaje a Calvert Casey. Enfermo de fracaso. Revista Arcadia, 12/10/2014). ¿Cómo el del poeta Reynaldo Arenas, se trata de un suicidio “agresivo-venganza” que lleva al plano internacional el tema de la persecución de la población LGTBI por el régimen?

- Serguei Linares. Exjugador de béisbol de 30 años y algún renombre, también se quitó la vida en el exilio de Miami. Se trató de un intento de asesinato y suicidio. El hecho ocurrió en un salón de belleza. Linares disparó contra su pareja que trabajaba en el salón hiriéndola, luego se quitó la vida. El pelotero hacía parte de la salida ilegal de jugadores de béisbol del país, hecho que desmanteló en gran parte el deporte de la “pelota caliente” de Cuba. ¿Suicidio “agresivo-crimen”? Parece ser la categorización inmediata. A la cual el exilio agrega el desarraigo y tal vez la imposibilidad de retorno a la patria, dadas las condiciones de ilegalidad en la salida al extranjero.

Suicidas del o con poder en el exilio

Son varios los casos de participantes activos en el proceso revolucionario o en gradaciones del poder, los que cometieron suicidio por diferentes razones.

- José E. “Cucú” Bringuier Rodríguez. Al enterarse en el verano de 1998 que había estado conviviendo en su apartamento de Miami con un espía castrista, se pegó un tiro en la cabeza. Tal vez pesó en esta decisión su edad de 79 años y la condición de haber sido preso político. El exilio, trae consigo estados emocionales difíciles de soportar. Es por esto por lo que el suceso conmocionó en su momento al exilio cubano de Miami. El cuerpo de Bringuier fue encontrado en la cama de su apartamento. Esa es la explicación oficial. Ruth Montaner, una activista de derechos humanos recuerda que Bringuier le comentó durante un almuerzo: “¡He estado viviendo con un espía!” (Pablo Alfonso, El Nuevo Herald. 02 de abril de 2006). ¿Suicidio “escapista-castigo” por haber sido colaborador del régimen? O, ¿suicidio “agresivo-venganza” contra el sistema que lo tuvo preso largo tiempo?

- Pedro Luis Díaz Lanz. Se suicidó en 2008 con un tiro de pistola en el pecho, a la edad de 81 años, a causa de la pobreza y la depresión. Había sido en vida un héroe demasiado incómodo para el régimen de la isla. En opinión de algunos, también había sido incómodo para las élites del exilio radicadas en Miami por ser muy crítico con el régimen y con ellas mismas. Para sobrevivir en esa ciudad, debió realizar diferentes y duros trabajos. Su situación económica era precaria y en los últimos años llegó a dormir en su propio automóvil, carente de los recursos para costearse una vivienda. Su sentido del honor era tan pronunciado que no les aceptaba ayuda monetaria para su subsistencia. Otros tres hermanos habían fallecido con anterioridad: Jorge se suicidó en Miami en 1976; Esther María fue asesinada en Miami Beach en 1986; y Guillermo se ahorcó en La Habana en 1998. Su primogénito Pedro Luis también había muerto años atrás.

Díaz Lanz se había refugiado con fervor en la fe religiosa. Algunos afirman que, como Quevedo, murió molesto con la colonia cubana de la Florida por ver en ella posiciones demasiado electoralistas y economicistas más que unas verdaderamente de oposición al régimen. A tirios y troyanos les lanzó esta proclama desde el Miami Herald: "Creímos en una Cuba sin vencedores ni vencidos, sin más odios ni rencores, con todos y para todos. Creímos en el respeto al derecho ajeno, en la libertad y la justicia. Sueño bello era aquel que tantos abrazaron y por el cual muchos dieron la vida. Pero la noche de las ambiciones se extendió sobre nuestra bella isla'' (ver). ¿Suicidio “escapista-duelo” por la pérdida de las ilusiones pasadas y la miseria posterior en el exilio? ¿Suicidio “escapista-fuga”, a la par del de Quevedo, para evadir responsabilidad moral e histórica? O, ¿suicidio “escapista-castigo” por una falta considerada real que merece la máxima mortificación?

- Rafael del Pino Siero. Nacido en Miami, fue condenado a treinta años de prisión por el régimen de la isla. Había estado con Fidel Castro Ruz en 1948 en el Bogotazo, representando ambos en este evento el ala derecha de los estudiantes de la FEU, la izquierda por entonces representada por el expresidente del ICAIC en Cuba, Alfredo Guevara, y por Enrique Ovares, que murió en el exilio de Miami. Del Pino se entrenó en México junto a Fidel Castro para desembarcar en el Granma, más tarde desertaría del régimen. Cayó prisionero a principios de 1959 donde se le torturó para llevarlo al suicidio (Nicolás Pérez Diez Argüelles, Rafael del Pino Siero 10 de abril de 2008 El Mundo.com jueves 22 de diciembre de 2016).

El 21 de agosto de 1977 se suicidó por ahorcamiento en una celda del Pabellón de Castigo, en esos momentos vacío, de la Prisión Combinado del Este de la Habana, luego de 14 años preso. Más tarde la justicianorteamericanaindemnizaría a sus hijos con 253 millones de dólares. El Dr. Inoel Felipe Rodríguez, quien estuvo preso junto a él, acusó al régimen de inventarles cánceres terminales a los presos para llevarlos al suicidio en las celdas de la Benéfica. Afirma que el preso Mario Chanes le comentó que todo era una trampa para llevarlos al suicidio y que el G2 había creado algo como llamado, en la sección de Cárceles y Prisiones, el Departamento de planificación de suicidios.

Estando preso, Rafael del Pino tenía una insuficiencia renal por herida de disparos cuando lo capturaron. Todo ese mismo tiempo lo había pasado con una sonda Levin en su pene, ya podrida, verde y mohosa, según el Dr. Rodríguez. En los catorce años le habían cambiado la sonda solo cuatro veces y tenían que haberlo hecho 300 veces como mínimo. Rafael del Pino fue llevado al Combinado del Este donde se ahorcó días después. De cinco presos solo se ahorcó Rafael del Pino. Según Rodríguez, era un hecho que en Cuba les habían planificado suicidios a muchas personas militares   presos y civiles (La historia en la memoria: la maldad sin límites de los castristas. Lo que descubrimos en los presidios cubanos en 1976, en: 2018-03-29 en Nueva Acción). ¿Suicido “agresivo-venganza” contra un régimen cuestionado cada vez que uno de sus gestores se suicida y se denuncian torturas que violan los tratados internacionales de derechos humanos, en especial los que sancionan la tortura?

- Gustavo Villoldo, padre. Su hijo. del mismo nombre, un exagente de la CIA que participó en la captura del "Che" en Bolivia en 1967, recibió de un juez de Estados Unidos una indemnización de más de mil millones de dólares al haber demandado al presidente de Cuba, Fidel Castro y a Ernesto "Che" Guevara, por el suicidio de su padre el 16 de febrero de 1959, unas doce horas después de ser interrogado por Ernesto Guevara, Villoldo padre se suicidó tomándose un frasco de somníferos. Tenía 56 años. "La justicia se ha impuesto", dijo el cubano, de 72 años, tras el dictamen del juez. En la demanda, Villoldo dijo que su padre, ingirió una botella de píldoras para dormir tres semanas después de que el "Che" Guevara, como gerente del Banco Nacional de Cuba, le comunicó que su empresa, una exitosa distribuidora de General Motors, sería decomisada. La incautación, afirmaba, era parte del plan para desmantelar el capitalismo en Cuba, tras el triunfo de la Revolución. El demandante dijo que la expropiación dejó en la ruina financiera a su familia; acción que fue calificada por el juez como una "tortura" a la familia Villoldo. La indemnización era en ese momento la mayor que se había concedido hasta el momento en demandas contra el gobierno de Cuba, después de una por 253 millones de dólares otorgada a los hijos del cubano Rafael del Pino Siero, quien murió en la cárcel tras desertar del régimen castrista (Luisa Yáñez, Juez otorga $1,000 millones en caso civil contra el gobierno cubano, El Nuevo Herald, 30 de mayo de 2009). Los activos bancarios del Estado cubano estaban o siguen estando embargados o congelados en Estados Unidos, de allí esta demanda civil, en la cual Cuba no se hizo parte. ¿Suicidio “escapista-duelo” el del señor Villoldo a causa de la expropiación sumaria de la razón de ser de su vida y de su plan existencial?

Un caso de suicidio en la isla de un hombre víctima del poder

Un caso particular ocurrido en la isla merece ser estudiado aparte por la trascendencia que tuvo tanto en el plano interno como en el internacional dado que en ambos causó gran conmoción, especulaciones y consejas de todo tipo. Nada menos que el suicidio del hijo mayor del comandante Fidel Castro Ruz.

Fidel Ángel “Fidelito” Castro Díaz-Balart. De 68 años (1949), se suicidó el 1º de febrero de 2018, por la mañana, en La Habana. Recibía tratamiento por una fuerte depresión desde hacía varios meses, según informaron los medios oficialistas cubanos. Durante un tiempo estuvo hospitalizado a causa de la enfermedad y actualmente se encontraba en tratamiento ambulatorio durante su reincorporación social. "El doctor en Ciencias Fidel Castro Díaz-Balart, quien venía siendo atendido por un grupo de médicos desde hace varios meses con motivo de un estado depresivo profundo, atentó contra su vida en la mañana de hoy primero de febrero", detalla el diario Granma. De acuerdo con la información dada por medios cubanos, "sus funerales serán organizados por decisión familiar". Pero, no se hizo público ningún detalle. Son muchos los que se sorprendieron en la isla al conocer la noticia. "Como la vida personal de los miembros de la familia Castro se suele mantener alejada del ojo público, antes del anuncio (de su muerte) casi nadie sabía que sufría problemas de salud mental". La publicación de la noticia de su muerte en los medios oficiales despertó asombro en la isla, donde la prensa no suele dar detalles sobre la forma en la que ocurren los fallecimientos, principalmente en casos de suicidio, un acto que el gobierno considera deshonroso y contrarrevolucionario.

Fue el único hijo del matrimonio de Fidel Castro Ruz con Mirta Díaz-Balart, su primera esposa, quien pertenecía a una de las familias más acomodadas de la isla y con la que estuvo casado entre 1948 y 1955. Tenía cinco hermanastros reconocidos, hijos de Castro con su segunda esposa, la maestra Dalia Soto del Valle, y otra hermanastra, Alina Fernández Revuelta, hija de Fidel Castro con Naty Revuelta. Por vía materna era primo de dos relevantes políticos anticastristas de Florida, Mario y Lincoln Díaz-Balart. Tenía tres hijos de su matrimonio con la rusa Olga Smirnova, Fidel Antonio, Mirta María y José Raúl. Luego se casó con María Victoria Barreiro. Su madre, Mirta, emigró a Estados Unidos antes de exiliarse en España y su tío Rafael Díaz Balart fue funcionario del gobierno de Fulgencio Batista (1952-1959) y también crítico del gobierno de Castro.

Conocido popularmente como “Fidelito” y de gran parecido físico con su padre, era ingeniero nuclear –el primer cubano con ese grado– y se había especializado en la materia en la Unión Soviética, donde por cuestiones de seguridad cursó estudios y obtuvo sus títulos bajo el seudónimo José Raúl Fernández. También era asesor científico del Consejo de Estado de Cuba y vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba. Castro Díaz-Balart nunca ocupó un cargo político en el gobierno de la isla y en el momento de su muerte era vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba y asesor científico del Consejo de Estado, el órgano de gobierno de Cuba. Graduado con honores del Instituto Superior de Ciencia y Tecnología Nucleares de la antigua Unión Soviética, estuvo a cargo del desarrollo de la Planta Nuclear de Jaragua, un proyecto de su padre para llevar la energía atómica a la isla que nunca prosperó se trataba de una ciudad nuclear que no llegó a ser completada por el colapso de la Unión Soviética que hoy permanece abandonada. El final de aquel enorme proyecto, la inversión más ambiciosa de la Cuba socialista comandada por su progenitor, fue la gran frustración de su carrera porque sus ideas para desarrollar proyectos de energía renovable no fueron incorporadas a las políticas estatales, lo que tal vez lo decepcionó profundamente. Fue secretario ejecutivo de la Comisión de Energía Atómica de Cuba desde 1980 hasta 1992, cuando fue destituido por su padre por "ineficiencias" en sus funciones. Se mantuvo en un relativo anonimato hasta 1999, cuando fue nombrado asesor del Ministerio de la Industria Básica. En los últimos años había centrado sus intereses científicos en el campo de la nanociencia. Escribió varios libros y numerosos artículos sobre temas de ciencia y educación y por más de una década fue enviado como representante de delegaciones científicas y educativas del gobierno de Cuba a varios países. ¿Frustración política? Los suicidios de Fidel Castro y su revolución (Dayana Fernández. Cubanos por el mundo ¿Frustración política? Los suicidios de Fidel Castro y su revolución).

Luego de cierto retiro de la vida pública, en diciembre de 2016 se le volvió a ver en el entierro de su padre. Su contacto con su padre en sus años de crecimiento y formación fue limitado, como reconocía en 2013 en una entrevista con Russia Today: "No es un secreto que en los años de mi adolescencia y primera juventud en Cuba había una situación muy compleja (...), e indudablemente tanto él como los otros principales líderes tenían poco contacto. No tenían la posibilidad que tiene un ser humano normal de llegar a la casa tranquilo". Y añadió, "había un filósofo español, Ortega y Gasset, que decía: ‘Yo soy yo y mis circunstancias’. Eso puede decirlo cualquiera y eso lo puedo repetir yo también" (ver: Redacción BBC Mundo, 2 febrero 2018 Pablo de Llano, Fidelito, El hijo mayor de Fidel Castro se suicida en La Habana. Fidel Castro Díaz-Balart, de 68 años, se quita la vida afectado por una fuerte depresión, según los medios oficiales cubanos, El País, Miami, 2 de febrero de 2018).  ¿Suicidio “escapista-fuga” por el deseo de desvanecerse de un medio que casi siempre le mantuvo en baja estima? O, ¿Suicidio “agresivo-llamado”, de un ser que exhortaba a ser socorrido por esa familia que nunca tuvo?

Los suicidios de hombres del o con poder de Cuba o del exilio han llamado mucho la atención de los estudiosos de los fenómenos sociales, especialmente en el componente “político” del asunto. Para algunos analistas hay cierta propensión nacional al suicidio y, para otros, lo que existe en la realidad son episódicas “epidemias” de autoaniquilación de la vida.

Los propios cubanos se han interesado en estudiar el suicidio, tanto los del territorio de la isla como los del exilio. Con una constante, que para los de fuera la causa principal radica en las condiciones de represión y miseria del régimen —posición, por ejemplo, de Cabrera Infante—, y para los de dentro, que las causas y cifras del fenómeno están dentro de los niveles “normales” del mundo —posición con matices del profesor Louis A. Pérez Jr—. Controversia, lo hemos visto, para nada “pacífica”, en la cual Damián Fernández intenta mediar tratando de demostrar que no todo es atribuible al régimen comunista sino a una experiencia traumática de la historia y a un ejercicio patológicamente afectivo de la vida social y política.

En la presente nota hemos estudiado nuevos casos de suicidio de hombres cubanos del o con poder en el exilio, siempre teniendo cuidado de no caer en los extremos de la controversia mencionada, por ideológica; y, de no caer en las prenociones y prejuicios esgrimidos por ambas partes.  Sin embargo, hay un hecho cuyas características llaman la atención del observador y es que, desde los cambios políticos y sociales dados a partir de 1959, las tasas de suicidio generales y las cifras de los suicidios de hombres del o con poder han aumentado tanto en el exterior como en el interior, quedando las partes de la controversia con razón y …sin ella.

Con dos frases se podría resumir el conflicto de interpretaciones del suicidio de los dos extremos de la sociedad cubana. Por el lado del exilio, con una sentencia de Arthur Schopenhauer que reza: "Cuando los terrores de la vida sobrepasan al terror de la muerte, el hombre pone fin a sus días". Y, por el lado del régimen: “Patria o muerte. Los suicidas no tienen espacio en el panteón de la patria", complementada con esta otra del comandante Juan Almeida, "Por principio, los revolucionarios no aceptamos la decisión del suicidio. La vida de los revolucionarios pertenece a la causa de la Revolución y al pueblo". ¿Es esto último verdad? O, ¿acaso la vida del suicida no es propiedad solo del suicida? La vida de “Fidelito” Castro Díaz-Balart, ¿era suya o del régimen?

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