Suicidas del poder (II)

La pregunta sobre cómo puede alguien llegar a suprimirse es de siempre y de todas las culturas, es una interrogación que jamás dejará a nadie indiferente. Una mirada

Por: Orlando Solano Bárcenas
julio 03, 2019
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Suicidas del poder (II)
La muerte de Chatterton - Henry Wallis

El suicidio no es un escándalo, ni una aberración, es simplemente la solución a un problema existencial. En la tarea de crear tipologías de suicidios, y tal vez tratando de tomar el relevo de Durkheim, algunos estudiosos del tema han propuesto varias. Se destaca el esfuerzo del profesor francés Jean Baechler, que nos servirá esencialmente para la siguiente nota ciudadana (ver: Suicidas del poder I).

La tipología de J. Baechler pretende dar cuenta de las diferentes modalidades de suicidio. Nos servirá de marco conceptual para analizar actos de auto aniquilamiento de hombres de o con poder, comenzando en la tercera nota ciudadana con los casos de Carlos Prío Socarrás, Eduardo Chibás y un medio social y político considerado, sobre todo por el exilio, como propenso a la auto supresión de la vida, el cubano.

Tipos de suicidio según Jean Baechler

Para darle un marco teórico a este escrito se utilizará la obra del eminente profesor de la Universidad de París y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Jean Baechler, Les suicides (1975), París, Calmann-Levy,650 p. Préface de Raymond Aron. Obra en la que el autor se aparta del título en singular de Emilio Durkheim (Le suicide) y de sus un tanto extremas posiciones sociológicas, para privilegiar una visión mucho más pluri e interdisciplinar que considere el suicidio como un fenómeno individual de búsqueda de la solución a un problema existencial.

El suicidio es un acto positivo que puede significar una fuga, un duelo, un castigo, una venganza, un crimen, un chantaje, un llamado, un sacrificio, un pasaje (paso a), un Juicio de Dios, y hasta un juego. Cualquiera sea el significado, el suicidio siempre responde a una conducta lógica y hasta racional en la ocasión.

¿Quién viene entonces a suicidarse? La respuesta no es simple. Todo lo contrario, es muy compleja. Complejidad que exige varias aproximaciones y mucha actividad que mezcle varias disciplinas de ciencias sociales; por ejemplo, la visión genética; la psiquiátrica; la sociológica del contexto familiar y social; la demográfica de edad y sexo; la psicológica de las mentalidades y las toxicomanías, entre otras.

En todo caso, y cualquiera sea la óptica con que se le enfoque, el suicidio fascina a todo el mundo. Levanta pasiones contrarias, sobre todo, cuando se cree que hay una “epidemia” de suicidios. De todas maneras, nos produce angustia y nos interroga a todos, nos induce a pensar sobre nosotros mismos, sobre nuestra condición, problemas y vivencias.

¿El que se suicida “capitula” ante las pruebas de la vida o, por el contrario, demuestra supremo “dominio” sobre su propia vida, ya que nunca pidió nacer y ahora es libre de escoger su propia muerte para rechazar la carga que recibió de los padres, sin haberla pedido? Nadie pide nacer. La vida puede ser un fardo ligero y placentero para algunos, no para otros. Así es la vida, carga para unos; alas para otros. Es “desierto y es oasis” (Walt Whitman). De cada uno manejarla como a bien lo tenga o pueda.

Cómo manejaron la suya algunos hombres del o con poder, tal vez pueda servir para conocer las glorias y las caídas en el mando. Por ejemplo, la gloria y caída del dos veces presidente del Perú, Alan García. O, la rápida llegada y caída del poder del presidente brasileño Getulio Vargas.

La reflexión sobre el suicidio naturalmente que puede recaer sobre el orden social; pero, también puede recaer sobre uno mismo como individuo, como ser único, como ser existencial, como sujeto.

La reflexión que recae sobre el “orden social” nos lleva a tratar de comprender cómo un acto casi onanista puede ser estudiado sociológicamente en las circunstancias de edad, sexo, situación familiar, etc. Este discurrir nos puede conducir directo a las estadísticas, los tipos sociales y las correlaciones, y aún hasta las denominadas corrientes “suicidógenas” o “suicidarias”.

La reflexión que versa sobre “uno mismo” nos conduce a los intríngulis del alma, del espíritu, de la individualidad del actor y de su entorno. Esta reflexión sobre el yo nos revela que no hay un suicidio, sino suicidios. En la obra de Pierre Grimal, Dictionnaire de la Mythologie Grecque et Romaine, (1969), Paris, 4ª. Edition, se da cuenta de 14 casos de suicidio “general”, 26 de suicidios por ahorcamiento, 17 por salto al vacío, 20 por ahogamiento, 10 por el fuego, 4 por el hierro, 3 por arrojamiento en un pozo, 1 por envenenamiento, y 3 fallidos, para un total de 98 casos reseñados. ¡Gran riqueza en casos y métodos de suicidio nos muestra la antigüedad mitológica grecorromana ¡

La existencia de la pluralidad de suicidios nos fuerza a tratar de comprender preferencialmente cada suicidio en particular, y no solo las cifras levantadas sobre este fenómeno porque el suicidio, como toda conducta humana, comporta un “sentido” que se asevera como la respuesta a una situación presionada por ciertos móviles, conscientes o inconscientes, con miras al logro de alcanzar un individuo o un grupo determinado fin, el de darse la muerte. Un individuo, por ejemplo, el chileno Balmaceda. Un grupo, la secta Templo del Pueblo de Jim Jones.

El suicidio parte de una lógica, la “situación” del suicida. Este, es una persona que se autoinflige la muerte con el propósito de lograr alcanzar un fin: resolver un problema existencial. Problema que es ante todo el de una persona singular. Como se trata del auto aniquilamiento de individuos particularizados, se deduce que hay “suicidios” de suicidios, diversidad de suicidios. Tantos, como sentidos típicos tiene el suicidio de cada uno.

Baechler, en su meritorio esfuerzo por teorizar las diferentes formas de suicidios establece una clasificación por géneros y especies, a saber: suicidios escapistas (fuga, duelo, castigo); suicidios agresivos (crimen, venganza, chantaje y llamado); suicidios oblativos (sacrificio, pasaje); suicidios lúdicos (ordalía, juego). Cada tipo, tiene características propias.

Los suicidios escapistas

Los suicidios “escapistas” remiten a los casos de auto supresión de la vida en los que el sentido general del acto es un movimiento de fuga, cuya consecuencia resulta ser que la huida aparece como un medio para escapar de algo. Uno puede escaparse de un lugar físico, también de uno mental; es como si se tratase de una evasión, ausencia, salida, aislamiento, o el ansia de escabullirse de una obligación o de los aburridores hábitos de la cotidianidad. La fuga consistiría en alejarse de una regla moral, de las conveniencias sociales, la culpa, el error, o simplemente salirse de un grupo. La fuga es la búsqueda desesperada de una salida.

Ante el riesgo de caer bajo la dominación de Octavio, Cleopatra VII se hace morder por un áspid para escapar a la humillación de ser exhibida en Roma como trofeo de guerra. Marco Antonio, su compañero, se da muerte con un puñal para evitar la misma suerte. Adolfo Hitler, junto a su amante, Eva Braun, se quita la vida para evitar el castigo de los Aliados. Acto igual comete en 2009 el expresidente de Corea del Sur, Roh Moo-Hyum, ante investigación abierta en su contra por supuestos actos de corrupción. Causa parecida lleva en 1982 a cometer suicidio al presidente en ejercicio de República Dominicana, Antonio Guzmán Fernández.

Se distinguen tres subtipos de suicidios escapistas:

- El suicidio como medio de fuga. Se trata de una huida precipitada ocasionada por la influencia de impulsos mórbidos que desatan las llamadas “fugas mentales” como medio de huir de la derrota. Es un meterse al abrigo para escapar de una dificultad de orden moral o de una responsabilidad, procurándose el distanciamiento que evite enfrentarse a aquello que se teme o deteste. En el fondo, la fuga es un desvanecerse, un sustraerse —bajo pánico— de alguna responsabilidad o tormento interior.

En los casos de suicidio, una fuga es la acción de escaparse el que va a propinárselo de una situación sentida como insoportable o amenazante. Periandro (s. VI a. C), fue un tirano corintio que se hizo asesinar por dos de sus servidores a quienes ordenó que lo enterrasen en lugar secreto para evitar que su cuerpo fuera descuartizado por sus enemigos. A su turno, estos dos servidores fueron muertos por otros dos, y a estos por otros dos, en tan fatídica cadena que algunos se han preguntado si Periandro no fue el primer asesino en serie de la historia...

- El suicidio como expresión de duelo. Esta modalidad es causada por un sufrimiento, dolor, aflicción, tristeza, o estado mental lúgubre y sombrío que es vivido como si se llevase por dentro la procesión, el cortejo fúnebre. La sensación de duelo conduce a un ver morir las ilusiones, a sufrir el inmenso dolor que trae consigo la muerte o la pérdida de un ser querido. En estos casos, se está en presencia del acto de un individuo que ha atentado contra su propia vida bajo el dolor de haber perdido un elemento considerado por él como central en su personalidad o en el plan existencial que se había trazado.

Suicidio por duelo han sido, a título de ejemplo, los de Eratóstenes (en 194 a.C.) cuando se quita la vida por inanición frente a la imposibilidad de poder seguir leyendo a causa de la ceguera, recordemos que leer era la razón de ser en su vida. En 2003 Carlos Roberto Reina, expresidente de Honduras, se da un disparo en la cabeza para no seguir sufriendo insoportable enfermedad. Igual muerte se practica en 1960 el expresidente de Cuba Osvaldo Dorticós, aquejado por grave enfermedad de la columna vertebral según algunos, y por presiones irresistibles del régimen, según la oposición en el exilio.

- El suicidio como medio de propinarse un castigo. Para estudiar este subtipo se hace necesario partir de la acepción latina “castigare”, que toma origen en el vocablo “castus” o puro. Para el suicida se trata de alcanzar cierta pureza castigándose severamente, infligiéndose una pena que corrija la falta cometida. Para el suicida el autocastigo también puede consistir en mortificarse privándose de algo que ha tenido en vida como muy valioso.

El sufrimiento que conduce al autoaniquilamiento por propia mano es vivido como un castigo que se espera redima o permita expiar una falta real o imaginaria. Cuando Sócrates es condenado a muerte puede huir, sin embargo, no lo hace para no traicionar el acendrado apego que le tiene a las leyes de la polis.

Los suicidios agresivos

Los suicidios “agresivos” son aquellos que remiten a atacar de primero, amenazar o provocar con violencia a otra persona casi siempre sin justa causa ni miramiento alguno. Son las reacciones propias del instinto de agresión o de pulsiones de rabia que dan lugar a ataques violentos contra alguien por el suicida, con el propósito de destruirle de plano o de lograr la propia reafirmación de la personalidad.

En los casos de suicidio por cólera los actos de agresión tienen como fin ejercer violencia contra otro o contra el entorno porque, matándose o tratando de matarse, el suicida busca “alcanzar” a ese otro que odia para causarle un daño. Se distinguen cuatro subtipos:

- El suicidio como forma de venganza. Esta modalidad consiste en procurarse una reparación moral ante ofensa recibida, infligiendo castigo al ofensor para darse la satisfacción de haber logrado justicia. Para el suicida se trata de vindicar y castigar a la persona que le haya causado un daño y de esta forma conminarle a que le repare o compense la humillación recibida de su parte.

En los suicidios por venganza se atenta contra la propia vida para provocar remordimiento en el otro o para hacer recaer sobre el ofensor, el oprobio de la comunidad de que hacen parte. Es el caso de Dido al amenazar a Eneas con suicidarse para vengarse de él y, ya muerta, perseguirlo eternamente bajo la forma de espectro. Los suicidios de Getulio Vargas y Alan García tienen, interpretando sus notas de despedida, fuertes connotaciones de venganza contra aquellos que enfocaron como los “culpables” de haberles empujado a la fatal decisión.

- El suicidio acompañado de crimen. En latín el vocablo “crimen” inicialmente remitía a acusación, más tarde a falta o atentado grave contra la moral o la ley que daba dar lugar a una punición que tenga como consecuencia la aplicación de pena aflictiva o infamante. En estos casos, siempre se tenía muy en cuenta el móvil o el designio criminal. Llevado el crimen a acciones de suicidio, con ellas se trata de atentar contra la propia vida “arrastrando” a un otro hacia la muerte. El que se suicida “se lleva” consigo a otro u otros. La venganza es satisfecha matando a la persona “acusada” de ser la causante del mal, de la humillación u ofensa recibidos.

Sansón se mata llevándose a los filisteos. Los sicarios pertenecientes al grupo de los zelotes se hacen matar, matando. Los soldados romanos, —al igual que los circasianos, que el Berserker escandinavo o el kamikaze nipón—, cuando practican la devotio, parten en misión suicida lanzándose audazmente contra el enemigo a fin de causarle el mayor número posible de bajas. Baltasar Brum, presidente de Uruguay entre 1919 y 1923, se suicidó el 31 de marzo de 1933, día en que Gabriel Terra dio un golpe de Estado para instalar la dictadura; Brum se encerró en su casa con dos revólveres para evitar ser capturado y le disparó por la mañana a los soldados que fueron a buscarlo para capturarlo, hacia el final de la tarde salió a la calle y se dio un dio un tiro al corazón. Antes, el gobierno de España le había prometido recibirlo en asilo. Figura que le solicitara Alan García al presidente Tabaré Vásquez, sin éxito.

Los suicidios de Getulio Vargas y Alan García tienen, leyendo las respectivas “notas de despedida”, fuertes rasgos de venganza contra aquellos que enfocaron como “culpables” de haberlos empujado a la fatal decisión. Con palabras parecidas a “ahí les dejo mi cadáver para…”

- El suicidio como medio de chantaje. Esta modalidad se realiza mediante extorsión, tormento o violencia moral que se ejerce sin ningún derecho sobre alguien, para presionarle bajo amenaza de lanzar sobre él imputación difamatoria, revelar algo escandaloso o particularmente desagradable de esa persona. El chantaje consiste en atentar contra la propia vida para ejercer presión sobre una persona tratando de privarle de algo que quiera, estime o valore mucho.

El suicidio mediante chantaje es un mecanismo de presión utilizado frecuentemente por los huelguistas de hambre. Se pueden dar como ejemplo los 17 ayunos de Gandhi contra el colonizador inglés; las huelgas de hambre de los patriotas irlandeses Bobby Sands y Daniel Breen; los ayunos a muerte de las sufragistas inglesas y americanas encabezadas por Mary Clark; el ayuno del líder chicano César Chavez; la huelga de hambre del etarra Iñaki de Juana Chaos; las huelgas de los catalanistas Jordi Sánchez, Jordi Turull y Lluis Maria Xirinacs; el suicidio por inanición del opositor cubano Guillermo Fariñas; la huelga de hambre de Domilta Barrios Chungura; y recientemente, las de los venezolanos Leopoldo López y Franklin Brito.

- El suicidio como medio de lanzar un llamado de auxilio. Esta modalidad se asevera como una suerte de grito al ayuda lanzado por el potencial suicida para que alguien venga a socorrerle, es una especie de signo de S.O.S. espiritual dirigido a una persona o grupo particularizados. Es una petición o convocación que clama una movilización de ayuda, unas veces con visos de “exhortación” y en otras de “intimación” para que, quien no acuda al llamado, quede sometido al reclamo del solicitante o de su grupo de apoyo.

Lo que se busca con el “grito” de auxilio (al igual que el de Edvard Munch) es referirse o remitirse a alguien para que preste ayuda en una situación personal vivida como critica por el posible suicida. La persona de quien se reclama la ayuda generalmente es un conocido. El atentado contra la propia vida tiene como fin “advertir” al entorno de que se está en peligro y a punto de cometer suicidio. Algunos consideran que se trata de tocar un timbre de alarma. En los casos de suicidio de Eduardo Chibás y Alan García se ha observado que hubo “llamados de auxilio” por sendos anuncios previos al acto, velados o abiertos.

Los suicidios oblativos

En los suicidios bajo la forma de oblación, la muerte reviste un sentido radicalmente diferente a los ya vistos teniendo en cuenta que lo que busca el suicida es tratar de “ofrecer” algo en sacrificio a otra persona. Se señalan dos subtipos:

- El suicidio como forma de sacrificio. Consiste en hacer una ofrenda ritual a la divinidad, caracterizada por la destrucción o inmolación real o simbólica; también puede caracterizarse por el abandono voluntario de la cosa ofrecida en oblación a fin de tratar de ganarse el favor del dios, o de desviar su cólera. Se cita como ejemplo clásico el sacrificio de Cristo al ofrendar a Dios su muerte en favor de la redención y pago de las culpas del género humano.

La oblación consiste en una renunciación o privación voluntaria de lo que se va a entregar, que puede llegar a ser el sacrificio de sí mismo. Es decir, el abandono de la propia vida en calidad de don u ofrecimiento abnegado, desinterés devoto o resignación de aquello que el suicida considera como lo más valioso de su existencia. El que hace el sacrificio de su propia vida se ofrece, se entrega por sus ideales, por las nobles causas que se ha propuesto defender esperando a cambio la salvación de las personas que ama. Es una forma más de do ut des, a la manera de Marcel Mauss.

En asuntos de suicidio este subtipo se ha manifestado bajo diferentes nombres y formas. Es el agathusia o sacrificio noble de los griegos; el seppuku o harakiri de los japoneses; el senicidio de los pueblos arcaicos; la satí de las viudas hindúes. Se reduce al hecho de atentar contra la propia vida el que se inmola, con el propósito de salvar o alcanzar el valor que ha juzgado superior en su vida personal.

El autosacrificio es una forma más de suicidio tal como lo practicaron entre los aztecas Tlacahuepan, Moquíhuix, Tlatlahuicole y se cree que hasta Moctezuma Xocoyotzin. Vladimir Mayakovsky, poeta revolucionario ruso, desilusionado por los excesos de la represora burocracia estalinista, juega a la ruleta rusa, ganando dos veces, a la tercera partida, le llega el tiro liberador de sus desencantos frente al régimen del “Padrecito” Stalin. Jan Palach, los bonzos durante la Guerra de Vietnam, los islamistas de las Torres Gemelas, el 7J londinense y mucho otros casos desarrollan el subtipo.

- El suicidio como rito de pasaje. Es la acción, el hecho de pasar, de atravesar o franquear un lugar para ir a otro; también lo es de pasar, por decisión propia, de un estado a otro, del aquí al más allá, al considerar el momento presente como muy injusto y necesario franquearlo a fin de no seguir sufriendo en esta vida. Se trata de una rendición ante lo insoportable con la esperanza de encontrar en otra vida un cambio de estado, gracias a la propia muerte.

¿Pasar o transportarse hacia dónde?, ¿a qué lugar?, ¿para reunirse con quién?, ¿para devenir qué o quién? Es huir y volar para dejar de ser, así sea provisionalmente, y darse la oportunidad de llegar a lugar seguro, todo en razón a que tout passe, tout lasse, tout casse. Todo es spleen, melancolía, aburrimiento.

En los casos de suicidio de este subtipo se trata de atentar contra la propia vida, para acceder a un estado considerado por el sujeto como infinitamente más agradable. El occiso, por sí mismo, sobrepasa los límites que el ciclo biológico le tenía destinado en duración para ir más allá de ellos, y así forzar el ingreso a un mundo mucho más amable que el que piensa dejar.

Antes de inmolarse, el suicida cree que podrá aplicársele la frase de La Fontaine: “Le trépas vient tout guérir”. Cree, entonces, que su deceso le va a curar de todos los males al percibir que la marcha hacia el acto suicida es un caminar hacia la anhelada liberación. Fue esto lo hecho por Apolonia, Amón, Zenón, Ptolomeo y Teófilo, el viejo; por los miles de mártires cristianos y coptos; por los Jaina y los “Perfectos” cátaros, entre otros. En las notas de suicidio de Alan García y Getulio Vargas es posible entrever el deseo de trascender hacia la gloria, dándose la muerte.

Los suicidios lúdicos

Los suicidios por “juego” remiten a lo placentero, lo divertido, lo recreacional y el pasatiempo con las características que tiene esta actividad de gratuidad, futilidad, benignidad, facilidad, fantasía pura, fortuna y azar. Sin embargo, esto, que parece un “juego”, no está hecho a la ligera porque nada hay más reglado que la actividad lúdica si se tiene en cuenta que son sus reglas las que definen el éxito y el fracaso, la ganancia y la pérdida (la derrota, el malhadado “demonio del juego”).

En el curso de la existencia se puede jugar con la vida o con la muerte, también con ambas. Se constata que cierta conciencia lúdica anima algunas formas de suicidio. Por ejemplo, los juego de “pompas fúnebres” y el “juego de la muerte” son los preferidos por los niños y los adolescentes; el “juego de lo sublime” pertenece al llamado bovarismo; pero, el “juego de la ballena azul” es otra cosa, es una invitación a la autolesión y al suicidio como lo demuestra la ola de autolesiones y verdaderos suicidios que se han dado un poco por todo el mundo.

La regla del juego puede ser implacable en sus sanciones y penitencias, sobre todo cuando se trata de juegos de “cálculo” en los que el riesgo es mayor y la partida trágica, cuando la baza es la propia vida. En las partidas de este tipo de suicidio, el sujeto “se la juega” toda. Como en el Relato de Sergio Stepansky: “juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos, la llevo perdida”. Se pueden dar dos subtipos:

- El suicidio como prueba de ordalía. Esta modalidad nos envía a “prueba” judicial mediante los elementos naturales, también a juicio de Dios por el agua o por el fuego. Así mismo nos lanza a aventura, travesía, sufrimiento, pena, desgracia, tribulación, adversidad, ensayo, maltrato, intimidación, hostigamiento; al peligro que pone a prueba el coraje, la resistencia, la capacidad de endura.

En los casos de suicidio el subtipo da cuenta del hecho de arriesgar el suicida la propia vida, para ponerse a prueba o para remitir su destino al juicio de los dioses. Francisco de Asís acepta pasar a través del fuego para probar al infiel que su Dios es el verdadero Dios. Cunegunda, esposa de Enrique II, acusada de adulterio es sometida a una ordalía por la prueba del fuego; lo mismo Harald Gille, caminando sobre hierros al rojo vivo para probar su ascendencia real.

Quien se somete a una ordalía, quiere probar algo; pero, antes, hace los cálculos de sus probabilidades, de los chances que tiene, para luego someterse pasivamente a la suerte; es el juego de la ruleta rusa en la cual el practicante se entrega a la vida o a la muerte. En el duelo entre caballeros, la regla es que cada adversario procure eliminar al otro procurando cada uno poner toda la suerte del propio lado.

- El suicidio como expresión de juego. Este subtipo señala en términos generales desafío, competición, encuentro y choque de fuerzas o de astucias. En lo que respecta al suicidio, el tipo encarna el hecho de darse oportunidades de muerte con el solo fin de jugar con la propia vida.

El juego de la gallina entre dos conductores de automóviles que se enfrentan para ver quién es el “gallina” haciendo el quite al auto que se le viene encima, puede ser un juego suicida; también lo son el juego de azar de la ruleta rusa de los desencantados ebrios del estalinismo; las justas medievales o asambleas de justicia; los duelos entre caballeros fijodalgos de las novelas ibidem de la España de Gil Blas de Santillana.

El “sentido” del acto de suicidio

El sentido de una acción indica con miras hacia qué fin ha sido realizada. En un caso de suicidio el sentido dado por el que se lo perpetra es el motivo, el porqué de haber llegado a ese acto de auto supresión de la vida. El sentido es significación, razón de ser. El sentido es la dirección que toma una actividad. El suicidio o, los suicidios, pueden tener motivaciones diferentes. Pero, en todo caso, el suicidio no es ni una pulsión ni un vértigo. El suicidio es simplemente la solución lógica a un problema real o imaginario.

En cada uno de los géneros de suicidio vistos, surgirá la pregunta de cuáles han sido los motivos del acto. Todos se darán al esfuerzo de entender o encontrar el porqué de la acción realizada para darse la muerte. Igualmente, escudriñarán en procura de qué el suicida de dio la muerte.

Los suicidios agresivos van en contra de otra u otras personas. No obstante, si se profundiza, los cuatro géneros de suicidio estudiados por Jean Baechler van siempre dirigidos hacia o contra el “otro”. Se establece una relación, una posición agonística contra alguien. En últimas, el que atenta contra la propia vida no hace sino entablar un diálogo con ese otro o con esos otros. Es decir, que, bajo la apariencia de un soliloquio, lo que hay en realidad es un diálogo entre dos seres. Entre el suicida y la comunidad.

Tanto el suicidio —sacrificio como el suicidio— pasaje tienen como fin hacer entrega de la propia vida para poder elevarse a un ideal, o para acceder a otra existencia. Con ellos se inicia la tarea de hacer pasar el alma del mundo terrenal a otro mundo del más allá. Mundo, que es considerado por el suicida como mucho más espiritual o “superior”.

El suicidio mediante “duelo” se realiza motivado el individuo por la imposibilidad de soportar la pérdida de un ser o de algo muy preciado. Chibás, su credibilidad de político; Alan García, el honor de ser el líder de su partido, de ser el heredero de Víctor Raúl Haya de la Torre.

El suicidio por “sacrificio” se encamina a restaurar la propia personalidad mediante la expiación de una falta, real o imaginaria, por considerar quien se lo ejecuta que nunca volverá a ser el mismo de antes.

Llegados a este punto podríamos tratar de comprender los suicidios de hombres del o con poder, partiendo de puntos clave o comunes del suicidio. Por ejemplo: el objetivo o fin perseguido, el proceso de deliberación y análisis de las razones en favor y en contra, la toma de la decisión, y la propia ejecución del acto.

Para desarrollar esta tarea, en sendas notas se expondrán algunos casos de suicidio de personajes del mundo del poder, tomando la noción de “poder” en la óptica mucho más amplia de la sociología política en lugar de la más restrictiva de la ciencia política. En consecuencia, el estudio versará sobre las relaciones de poder o con el poder de hombres que lo han ejercido directamente, como Alan García, o que han estado muy próximos a adquirir esa calidad, como, por ejemplo, Eduardo Chibás.

En próxima nota estudiaremos los casos de varios suicidas del o con poder de la isla de Cuba, en especial los casos de Prías Socarrás, “Eddy” Chibás y Osvaldo Dorticós, entre otros.

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