Opinión

Suena la gaita en La flor del verano

La dupla gaitera de Joche Álvarez y José Luis Borré se resiste, se adapta y muestra alegre sus colores en medio de tanta incertidumbre y adversidad

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junio 02, 2021
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Suena la gaita en La flor del verano
Joche Álvarez y José Luis Borré grabaron “La flor del verano” en medio de la pandemia y dejaron un legado auténtico. Foto: David Lara Ramos

Joche Álvarez y José Luis Borré forman una dupla gaitera que es como la buena tierra. De allí brotan, en su momento, composiciones de raíces profundas, melodías vibrantes, versos pegajosos y relatos memorables. Eso es La flor del verano, trabajo discográfico con el que ambos reafirman una coherencia estética asumida desde la infancia, en una región musical del Caribe colombiano: Montes de María.

Joche Álvarez nació en el municipio de Ovejas, Sucre. Su padre, José Álvarez Ortega, “El viejo Joche”, como también lo llaman, fue uno de los gestores del primer Festival Nacional de Gaitas, Francisco Llirene. Un dinamizador de la cultura gaitera. Fundador de más de quince escuelas de música en la zona de Almagra, Chalán, Don Gabriel, La Ceiba y Loma del Banco, entre otros territorios. “El viejo Joche” autoasumió la enseñanza de la gaita como apostolado irrenunciable, la cual combina aún con su oficio de fotógrafo andariego.

Al pie de la gaita de su padre, Joche Álvarez aprendió los secretos de un son bien tocado, el bajoneo embrujador, los fraseos continuos con giros inesperados; la cadencia en suspenso, los matices con tonos medios y altos, con una digitación pulcra, veloz.

La gaita es un instrumento exigente. Más que capacidad pulmonar es la dosis que se insufla para dar la nota precisa. Determinar el tempo justo en que una nota vibra, para abandonarla en busca de otra. Es entregarse a la melodía, entregarse a la levedad de la tensión armónica.

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Cuando Joche Álvarez toca pareciera que se embrujara a sí mismo para luego hechizar a quien lo escucha

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 Cuando Joche Álvarez toca pareciera que se embrujara a sí mismo para luego hechizar a quien lo escucha. Esas habilidades están en la gaita corrida (o instrumental) que da título al álbum, La flor del verano. De la misma factura son La vara seca y El son de Lucy, esta última en coautoría con César Carrasquilla, intérprete de la gaita macho; curtido de tradición.      

José Luis Borré nació en San Juan de Nepomuceno, Bolívar. Luis Alonso Borré, su padre, trabajaba en El reposo, una finca ganadera en cercanías del pueblo. Mientras ordeñaba de madrugada, escuchaba en una vieja radiola los cantos de Toño Fernández y Catalino Parra, líderes vocales de Los gaiteros de San Jacinto. “Eso lo escuchaba yo todas las mañanas, esas voces sonaban fuertes en esos amaneceres, me gustaba —dice José Luis Borré— luego, cuando arreábamos los terneros para llevarlos a pastar, mi papá cantaba, hacía gritos de monte y cantos de vaquería. Hacía zafras de labores mientras tiraba machete, eso a mí se me quedó en la cabeza desde que estaba estudiando primaria”.

A finales de los años 80, cuando la situación de violencia en la zona de Montes de María se tornó compleja, su familia se trasladó a Cartagena. José Borré ingresó a estudiar en el Colegio Americano. Allí conoció a William Ajure con quien conformó una agrupación. “William Ajure era grande, estaba en décimo grado, era un cantante potente, afinado, se sabía todos esos temas que mi papá escuchaba —recuerda José Luis Borré— él me invitó para que hiciera coros, me dijo que yo tenía madera, así fue como comencé a hacerme cantante. En Cartagena había un boom de gaitas, en las escuelas y universidades se apoyaba la música tradicional”.

El escenario de ese auge de la gaita en Cartagena fue el Festival de Gaitas del Socorro. Que comenzó como un encuentro de amigos y gaiteros en 1988. Allí el conjunto de gaitas del Colegio Americano tuvo su primera presentación. Eso marcó el inicio de una carrera como solista de José Luis Borré. “Ese encuentro de gaiteros fue para mí felicidad, conocí a Juan Chuchita Fernández, a Catalino Parra, que era uno de los preferidos de mi papá, vi cantar a Dionisio Yépez, los hermanos Castro, de San Jacinto, todos cantantes excelentes. Aprendí mucho de esos maestros. Seguí luego mis propias búsquedas, asistí a festivales de la región y seguía escuchando a los viejos maestros de la gaita”, remata José Luis Borré con una emoción contagiosa.

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José Luis Borré, canta y compone con la misma intensidad

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José Luis Borré, canta y compone con la misma intensidad. En el álbum La flor del verano presenta 5 temas de su autoría. Letras y melodías se amalgaman en Amores por internet, líricas modernas en tiempos de virtualidad. Amada mía, dedicada a su esposa. Tierra del encanto, un fandango a Cartagena. Cántate una zafra, un porro, homenaje a Juan Chuchita Fernández, leyenda viva de los gaiteros de San Jacinto. Y El avión, relato de la primera vez que César Carrasquilla, machero del grupo, viajó en avión.

Las letras de José Luis Borré están inspiradas en la vida de los maestros que admira y en los relatos que escucha de sus amigos, como el tema El avión. “Es una historia que le pasó a César Carrasquilla la primera vez que viajó a Bogotá y casi que se muere del susto y la maluquera que le dio. A mí esos relatos me dan vueltas en la cabeza, luego me pongo a silbar, escribo los versos, hago las rimas, luego la chiflo como nota de voz en mi celular; se la presento al gaitero, en este caso es Joche, quien le pone todos los adornos, hasta que queda bien arreglada”, explica José Luís Borré.

Dos temas, con historias propias, completan La flor del verano. El reloj, de César Carrasquilla, machero insigne en la escena gaitera del Caribe. Y Mono bruno, con la interpretación de la gaita y canto de Sixto Silgado Paíto. Uno de los últimos juglares gaiteros de la región, nacido en Flamenco, corregimiento de Maríalabaja, tierra de bullerengue y sexteto, intérprete de esa gaita desarrollada en la región afro de Montes de María, a la que pertenecieron los maestros Jesús María Sallas y Silvestre Julio.

Mono bruno es un tema que se le escuchaba tocar a los maestros Medardo Padilla y Pablo Berrio. Medardo Padilla nació en San Jacinto, vivió un tiempo en Cartagena y luego de mudó a San Onofre, lugar donde murió. Pablo Berrío nació en Palo Alto, corregimiento de San Onofre. Mono bruno es un tema que Paíto ha interpretado todos estos años en homenaje a este par de amigos. Representantes de la llamada gaita negra, una denominación más bien territorial que conecta a los intérpretes de gaita en una extensa zona afro que traza límites desde San Cayetano, hasta Maríalabaja, pasando por el Canal del Dique, se extiende hasta Sucre y termina en los playones del departamento de Córdoba.

Tanto Pablo Berrío como Medardo Padilla grabaron en su época, mucho antes de los exitosas trabajos de Los Gaiteros de San Jacinto.

Medardo Padilla grabó con Toño Fuentes el tema Descansa el vaquero en 1951. Pablo Berrío hizo parte del Conjunto Maravilla de Palo Alto, que grabó con el sello Tropical, sin año de publicación en su carátula.

 

Un invitado de lujo: Sixto Silgado Paíto, el gran gaitero de antaño
Foto: David Lara Ramos

 

Para Joche Álvarez la invitación a Sixto Silgado Paíto es un homenaje a ese gran gaitero de antaño: “Es un privilegio poder tenerlo con nosotros en La flor del verano, haber grabado junto él, tocar a su lado, escuchar sus sonidos particulares de esa gaita potente, digna de sus ancestros afros”.

Para José Luis Borré la presencia de Sixto Salgado Paíto es gratitud inmensa por muchos años de consejo y compañía: “Conocí a Paíto en los años 90, cuando ingresé a la agrupación Gaiteros de Punta Brava, ahí había puro maestros, Encarnación Tovar en el tambor alegre; Demetrio Pimentel en el bombo; en el llamador y coros Braulio Tovar y en la gaita macho Félix Julio, ese grupo ganó el Festival de Ovejas en 1997.  A Paíto lo considero un padre, es ejemplo de disciplina, trabajo y humildad. Fue fundamental para que me decidiera a componer mis canciones, a desarrollar mi propio estilo en el canto. Me decía: ‘póngase a componer, que yo lo acompaño, si vamos a participar en festivales es con música propia’. Así nació mi primera canción, Los Juglares en 2006”.

El sonido de La flor del verano está también marcado por una percusión bien acoplada. El tambor alegre estuvo a cargo de Alonso Puello, un percusionista legendario que acompañó a Estefanía Caicedo. Hizo parte de la agrupación de El Nene y sus traviesos y participó en grabaciones con Diomedes Díaz y Joe Arroyo. Alonso Puello contó con la compañía de Angelito Julio, joven virtuoso del tambor que supo aportar claros acentos y alegría juvenil. Roberto Álvarez en la tambora, hermano de Joche, heredero también de la tradición ovejera. Marlon Mendivil en las maracas, Ariel López en el contrabajo. Néstor Bermúdez y Martín Gonzales en los coros, quienes han trabajado en agrupaciones como Son Cartagena y El Nene y sus traviesos.

La flor del verano se grabó en medio de la pandemia. Se fue construyendo luego de largas horas de ensayo, con la disciplina de artistas que han reconocido el valor y la determinación de grabar y dejar un legado auténtico. Ese es el valor de esta dupla que como la flor del verano resiste, se adapta y muestra alegre sus colores en medio de tanta incertidumbre y adversidad.

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CODA: El próximo viernes 4 de junio a las 7:30 p.m., el grupo Tonada estará en concierto virtual a través de sus plataformas digitales. El concierto Mi tonada, mi tambor, mi tradición resultó ganador de la convocatoria del Ministerio de Cultura. Imperdible.

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