Sociedad venezolana: bolsillos sin dinero

“Esta es la realidad diaria que atraviesa Venezuela, un país que en los últimos años se ha convertido en símbolo de miseria, desidia y necesidad”

Por: Rafael Jesus Calles Moreno
Marzo 13, 2017
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Sociedad venezolana: bolsillos sin dinero
Foto: Enviada por el autor

La dinámica mundial en los últimos años ha demostrado de manera fehaciente que cada país debe poseer las cualidades mínimas que lo acrediten como una nación desarrollada  y apta para vivir. Ámbitos como la tecnología, diversidad cultural, innovación e incluso la libertad individual son, a día de hoy, las categorías que se toman como punto de partida para realizar una evaluación que determine el grado de avance de los países. En el contexto internacional actual es descabellado que un país en pleno siglo XXI se encuentre en guerra, que deba luchar para alcanzar procesos independentistas o que incluso tenga que mediar en las diferencias sociales, religiosas o económicas que puedan surgir entre los coterráneos de una misma nación. Estas vicisitudes lamentables por demás, deberían ser asignaturas superadas incluso hace más de 70 años, cuando el fin de la segunda guerra mundial dio paso a una nueva sociedad que abandono el individualismo y logro entender que el pensar en conjunto abriría las puertas del futuro distinto que tanto anhelaban.

A pesar de los continuos intentos de establecer un equilibrio a nivel mundial, no puede esconderse que diferentes regiones del planeta poseen condiciones geográficas, naturales y sociales adversas por las cuales enfrentan dificultades para subsistir; en la mayor parte del continente Africano por ejemplo, se evidencian este tipo de fenómenos que por más lamentables que sean, tienen su explicación fundamentada en una desigual distribución que data desde el origen de la tierra. Lo que resulta imposible de explicar es como el país que fue pionero a nivel continental en cuanto a independencia se refiere, con las mayores reservas de petróleo a nivel mundial y visualizado como una potencia económica, tenga a sus habitantes rebuscando en la basura y los desechos para obtener un trozo de comida que alivie su hambre; esta es la cruda realidad que enfrenta Venezuela.

En condiciones normales y fuera de cualquier síntoma de crisis, la gran mayoría de países a nivel mundial pueden darse el lujo de satisfacer sus necesidades básicas de manera eficaz y correcta. Aunque la palabra lujo no sea la más adecuada para esta reflexión, con toda seguridad es el calificativo con el cual un Venezolano designaría la hipotética situación de vida donde un supermercado tenga comida suficiente, al cual pueda acudir el día que guste para adquirir tantos productos como le sea posible. Esta ferviente realidad que representa lo que es normal en cualquier otro país, resulta ser una verdadera fantasía para un ciudadano que ve día tras día los anaqueles vacíos, que acude al supermercado el único día a la semana que por “derecho” -si es que puede llamarse así- le corresponde, en el cual debe esperar por más de 14 horas para saber si corrió con la suerte de obtener el artículo que buscaba o por el contrario, regresar a su hogar con las manos vacías porque no alcanzaron los productos para tanta gente.

Esta es la realidad diaria que atraviesa Venezuela, un país que en los últimos años se ha convertido en símbolo de miseria, desidia y necesidad; aun cuando las condiciones económicas y naturales pronosticarían un panorama totalmente distinto. No importa que tanta hambre puedas tener y cuantas personas necesiten comida en tu familia, en Venezuela debes acostumbrarte a comer lo que consigas, no importa si no te gusta el sabor o la marca porque no existen opciones para escoger. En Venezuela no puedes exigir productos de calidad o que te vendan el producto que deseas adquirir, simplemente es lo que esté disponible ese día o nada. En Venezuela marcan a la gente en sus brazos como si de animales se tratase para dejar claro que realizaste la compra que te correspondía, y que no tienes derecho a volver a entrar al lugar.

Es realmente ilógico tratar de dimensionar como un país que recibe diariamente más de 150 millones de dólares por concepto de la venta del petróleo, que posee infinitas extensiones marítimas como fuente innata de alimentos y un clima tropical idóneo para la siembra de gran parte de los componentes de la canasta básica alimenticia, enfrente una de las peores crisis humanitarias de la historia contemporánea. Mientras en países desarrollados los habitantes se levantan cada día para cumplir con sus tareas u obligaciones en un ambiente idóneo para perseguir sus sueños, en Venezuela la gente se levanta con un profundo vacío en sus adentros debido a que en gran cantidad de hogares se presenta una disyuntiva que atenta contra cualquier principio moral: “o desayunamos o cenamos, para ambas no alcanza”.  Millones de Venezolanos tienen que tomar decisiones que van en detrimento de su integridad, sin embargo, es la forma que se utiliza para intentar sobrellevar esta verdadera crisis humanitaria y extender el continuo sufrimiento al menos un día más.

¿Cómo puede un padre explicarle a su hijo que esta noche no podrá cenar porque se agotó el único producto que estaba en venta? ¿Cómo puedes intentar alcanzar tus sueños  y luchar por ellos cuando el vacío en tu estomago no te permite actuar? Son interrogantes que simplemente no tienen explicación y que lastimosamente se agudizan cada vez más en Venezuela. Sin lugar a dudas no hay imagen que conmueva y produzca mayor lamento que observar como miles de personas están impacientes en la parte trasera de un supermercado, a la espera de una bolsa de basura y desechos en la que tienen la esperanza de conseguir un mínimo rastro de comida.

Denigrante, miserable, no existe calificativo que pueda indicar el sufrimiento que supone ver a una persona escudriñar entre la podredumbre donde no distingue olores, sabores o colores; puede más el hambre y ese sentimiento de incontrolable desesperación al sentir a la temible muerte rondando tus alrededores. En tus bolsillos no alcanza el dinero, esperaste toda una noche en vela, observaste peleas, discusiones, desmayos e infartos en infinitas filas donde se respira el mismo sentimiento; hambre y desesperación, peligrosa combinación que podría hacer perder los estribos a cualquiera. Este es el común denominador de millones de venezolanos sometidos a las prácticas más crueles, inhumanas e insalubres que puedan imaginarse, donde un trozo de pan es observado como un tesoro cuando debería ser un alimento más de la amplia gama necesaria para el bienestar del ser humano.

Irónicamente y en contra de todo derecho fundamental, este es el pan de cada día de todos los venezolanos.

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