Sobre 'Tus tetas' y otros asuntos

"Esta sociedad enarbola la bandera de una falsa libertad, mientras se escuda en los principios cada vez más incorrectos de lo políticamente correcto"

Por: José Luis Elorza
septiembre 24, 2020
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Sobre 'Tus tetas' y otros asuntos
Foto: Pixabay

Hace años, durante mis buenos tiempos como cantinero copetón (¡cuánto los extraño!), escribí un poema mientras estaba en la barra del bar mirando el mundo de la mejor manera en que se puede mirar: a través de una cerveza.

Es un poema corto que he subido algunas veces en las redes sociales o recitado en un par de eventos culturales, y que hoy por hoy hace parte de un poemario que verá la luz, espero, en el mediano plazo. Lo escribí con el lapicero de las cuentas en una servilleta que se había extraviado entre los cigarrillos, escuchando las risas acuciadas por el ron y las hermosas charlas del aguardientico.

El poema se llama Tus tetas. No voy a incluir aquí el texto, pues el título ya da una idea firme y suave sobre el tema que trato en los versos allí consignados.

Lo que me interesa subrayar son las reacciones que pude detectar en ciertas personas, incluso del medio cultural, algunas de las cuales fueron manifestadas de viva voz. Alguno me dijo, por ejemplo, que por qué mejor no cambiaba la palabra tetas por senos, pechos, busto o una palabra más refinada y menos malsonante.

Algunas feministas (y feministos, que también los hay para infortunio de todos) sacaron en mis narices esa carreta del heteropatriarcado y la sociedad falocéntrica y todas esas cosas que ya sabemos porque circulan en los medios cada día como fastidiosos moscardones.

Otros, simplemente, se ruborizaron un poco o se movieron en su silla de lectores/espectadores, pues dos mil años de cristianismo y mojigatería no se borran de la noche a la mañana, y tal vez nunca se borren en una sociedad que en lugar de la luz de la razón prefiere las tinieblas del oscurantismo y la superchería medieval.

Tampoco es que hayan sido muchos: la poesía es religión de pocos. Además, no soy famoso, ni pretendo serlo; pero pienso en una sociedad sumergida en un biempensantismo malsano que enarbola la bandera de una falsa libertad mientras se escuda en los principios cada vez más incorrectos de lo políticamente correcto.

Por un lado, la godarria con sus antorchas de rancia moralidad; y por el otro, la sociedad de los ofendidos gruñendo y aullando por cosas intrascendentes mientras callan como tumbas frente a lo que de verdad importa.

Colectivos enteros dedicados, más que a la defensa de sus ideales, a perseguir y condenar a la picota pública a todos aquellos que no piensen como ellos, declarando enemigos al por mayor, e incluyendo en sus cruzadas desquites y asuntos personales que deberían ser lavados en casa, y que en todo caso no deberían ser ventilados ni esgrimidos como armas en la tarima del discurso político.

Ha crecido tanto su ego, y sus tentáculos han obtenido un alcance tan funesto, que ya muchos artistas y hombres de letras y humoristas prefieren guardar un silencio infame para no ser sometidos a juicios más infames todavía.

Como si los poetas y escritores tuviéramos que andar pidiendo permiso para escribir lo que nos nazca de las pelotas.

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