Sobre la matanza de los hipopótamos de Pablo Escobar

Autoridades ambientales afirman que los hipopótamos son una plaga igual de nociva que el Covid-19; sin embargo, es peor el impacto de los humanos en la Tierra

Por: Camilo Pinedo Gómez
marzo 02, 2020
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Sobre la matanza de los hipopótamos de Pablo Escobar
Foto: pxhere

El pasado 27 de febrero escuché en Caracol a Brigitte Baptiste comentando que los hipopótamos “son una plaga tan grave como el coronavirus y hay que eliminarlos, hay que acabarlos, no hay ninguna otra posibilidad”. Confieso que al escuchar esta desfachatez sentí tanta indignación e ira que me tocó meterme a la ducha para prevenir un ataque cerebral. No podía creer que una figura tan renombrada en temas ambientales y biodiversidad, condenara a una población de inocentes animales de igual manera que el mismo Pablo Escobar mandaba a matar a sus rivales y enemigos. Tampoco podía creer que nadie, durante estos días que pasaron (aparte de los usuarios de Facebook comentando la noticia) defendieran a los hipopótamos.

También me indignó que desinformara, comparando a los mismos animales con la neumonía de Wuhan, porque contrariamente a sus pares africanos que matan unas 500 personas cada año, ningún hipopótamo colombiano ha matado ni herido de gravedad a una persona. Al buscar más del tema en Internet, encontré a varios biólogos, “ecologistas” y “autoridades” ambientales respaldando la sanguinaria tesis de Brigitte, por lo que me di cuenta de que el uso de estos animales como chivo expiatorio ante la destrucción del río más importante de Colombia, refleja el nivel de ignorancia, mezquindad e irresponsabilidad de varios sectores de la sociedad colombiana.

Supuestamente el hipopótamo común es nocivo para el ecosistema magdalenense por dos razones: es una especie extremadamente agresiva con otros animales y sus heces contaminan el agua al propiciar el crecimiento de algas y cianobacterias que disminuyen o eliminan el oxígeno en ella. Como consecuencia, poblaciones de algunas especies como el manatí antillano, la nutria neotropical, la babilla y varias especies de tortugas y peces endémicos del río podrían desaparecer. La primera razón no es válida en este contexto, pues los hipopótamos no tienen el nivel de estrés que sufren las poblaciones africanas porque no hay depredadores naturales contra ellos o sus crías (leones, hienas, cocodrilos del Nilo y humanos) ni sufren de superpoblación en sus territorios. Por el contrario, en varios municipios a lo largo del Magdalena la gente los quiere, les gusta observarlos (a una distancia respetable, siguen siendo animales salvajes) y hasta les han hecho monumentos. Mientras que en la sabana africana estos animales son capaces de partir en dos de una sola mordida una canoa, un león o un cocodrilo de seis metros, en Colombia pastan juntos con las vacas y son espantados por los perros cuando se acercan mucho a los asentamientos humanos.

La segunda razón es bastante especulativa. En un artículo muy reciente de National Geographic se revela que los estudios realizados en agua con presencia de hipopótamos, en efecto contienen más cianobacterias y algas, pero no hay efectos significativos sobre la cantidad de zooplancton y otros invertebrados acuáticos (indispensables en la cadena alimentaria). Además, las aguas estudiadas en estado de anoxia (con poco o nulo oxígeno) ya estaban perturbadas de manera significativa por la actividad humana. El motivo del crecimiento de las cianobacterias y algas es la gran cantidad de materia orgánica de la que sus heces están compuestas, que también actúan como fertilizante para las plantas acuáticas y otras algas beneficiosas (de las que se alimentan el zooplancton y otros invertebrados), por lo tanto hacen los ecosistemas acuáticos más productivos y biodiversos. En la página web del Parque Nacional de Gorongosa (Mozambique) y varias otras fuentes se afirma que los hipopótamos son ingenieros dentro de su ecosistema. Además de fertilizar el agua, dentro de ella ayudan a oxigenar el sustrato moviéndolo, y en tierra firme crean canales que direccionan el agua a otras fuentes. 

Aún apartando todo lo anterior, queda expuesta la hipocresía humana y el antropocentrismo enfermizo de varios personajes, cuando estos al mismo tiempo miran para otro lado si se les menciona el desastre causado por 30 millones de humanos que viven en la cuenca del Río Magdalena. Millones de toneladas de basura plástica, residuos químicos de industria, aguas negras o alcantarillado, millones de hectáreas de la cuenca deforestadas y erosionadas, miles de animales salvajes capturados, cazados y comidos o destinados a tráfico de especies exóticas. ¿Me van a decir que el abono de hipopótamo es más dañino que el ácido de batería, las islas de plástico, un derrame de crudo o el mercurio y plomo de la minería ilegal? Métanles los dedos en la boca a otro. Pronto podremos escuchar a Brigitte y otros diciendo que debido a la pandemia de Wuhan, todos los murciélagos, pangolines y el resto de animales portadores del coronavirus deben ser destruidos. La distribución actual y número de ejemplares de hipopótamo en África, así como de la totalidad de especies de megafauna (o todo animal que pesa más de 44 kg) del planeta no son ni sombra de lo que alguna vez fueron, gracias a la plaga humana. ¡Pero los malos son los animales, entonces vamos a matarlos a todos!

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