El síndrome del miedo luego de la tragedia de Mocoa

"Condiciones sociológicas como la identidad, el arraigo y la pertenencia al territorio se ven socavadas, pues la región ya no representa la seguridad, la tranquilidad y el confort"

Por: Carlos Hernán Castro Almario
mayo 01, 2017
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El síndrome del miedo luego de la tragedia de Mocoa

La sensación constante de inseguridad con la que viven los habitantes de Mocoa, luego de la de la avalancha del 1 de abril de 2017, es un tema de salud mental que podría durar muchos años y tener repercusiones severas en la conducta de las personas y el tejido social, si no se atiende de forma adecuada.

Así lo he podido sentir en las ocasiones que he pernoctado en casa de amigos en Mocoa. La última vez lo viví en medio de una fuerte lluvia nocturna en el barrio Los Álamos, contiguo al barrio La Independencia, una de las zonas más afectadas por la avenida torrencial dado que se ubica en la zona de más alto riesgo del río Sangoyaco. La sensación de ser víctima potencial de un evento similar al ocurrido la noche del 31 de marzo no me permitió conciliar el sueño.

Condiciones sociológicas como la identidad, el arraigo y la pertenencia al territorio se ven socavadas, pues la región ya no representa la seguridad, la tranquilidad y el confort que existían antes de la avenida torrencial. Una situación agravada por la difusión inadecuada de información a través de las redes sociales y la alta desconfianza generada frente a la información reportada por las entidades públicas, pues la misma es fragmentada y se entrega en un ambiente de hermetismo que aumenta el nivel de suspicacia a la misma.

La vida familiar de aquellas personas que no fueron directamente afectadas ha cambiado. “Ya no nos acostamos habitualmente como lo hacíamos entre las 9 y 10 de la noche; ahora niños y adultos nos estamos acostando pasada la media noche”, manifestó Jackeline Ramos, una habitante del municipio de Mocoa.

Toda esta situación repercute en las personas en forma negativa pues afecta el rendimiento escolar, el desempeño laboral y las relaciones sociales haciéndolas tensas, hostiles y con mayor nivel de conflictividad.

Esta situación se podría empezar a resolver con dos alternativas. Por un lado, implementar a nivel local un sistema permanente para la gestión del conocimiento ambiental y territorial, en donde puedan y se garantice la participación activa de la comunidad, las instituciones educativas, las organizaciones sociales de base, las organizaciones de carácter ambiental, los y las expertas locales, para que sean sus líderes reconocidos los que difundan en forma oportuna, precisa y veraz la información a través de los medios más adecuados.

La segunda alternativa consiste en un acompañamiento integral con un enfoque psico-socio-cultural que posibilite a través de mecanismos culturales propios el tratamiento de este padecimiento.

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