Sindicalismo: siempre libertario y nunca totalitario

El movimiento debe volver a sus fuentes originales del siglo XlX, en donde los obreros, guiados de manera formidable, asumieron una posición anti-Marx

Por: Ariel Peña González
junio 25, 2018
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Sindicalismo: siempre libertario y nunca totalitario

Durante la campaña electoral que terminó el pasado 17 de junio con la elección de Iván Duque como presidente de la república, se llegó a afirmar por parte de personajes de la llamada izquierda que su candidato Gustavo Petro tenía el respaldo de más del 95% de los trabajadores sindicalizados, lo que fue una absoluta falacia, porque indudablemente el candidato del Centro Democrático contó con la adhesión de numerosas organizaciones y líderes de las diferentes centrales obreras, quienes sabían lo que significaba un gobierno castrochavista o del socialismo del siglo XXI, que también es el mismo marxismo-leninismo.

Ante lo que se avecina en los próximos años para Colombia con la actitud irracional y tarambana que ya están asumiendo sectores extremistas de la denominada izquierda frente al gobierno que se posesionará el 7 de agosto, el movimiento sindical debe volver a sus fuentes originales del siglo XlX, en donde los obreros, guiados de manera formidable, asumieron una posición anti-Marx.

Por eso los primeros anticomunistas o antimarxistas fueron los obreros orientados por los libertarios, quienes le propinaron una vergonzosa derrota conceptual e ideológica al señor Karl Marx en la Primera Internacional de los trabajadores en el siglo XIX por sus dogmas absolutistas, burocráticos y embrutecedores. Sin embargo, en Colombia con ocasión del proceso de paz se quería dizque proscribir el anticomunismo, situación que fue azuzada por marxistas-leninistas.

Así como existe el antifascismo, el antinazismo y el anti-apartheid, ¿por qué no puede existir el anticomunismo? A no ser que al marxismo, que tiene insumos hegelianos, se le quiera dar connotaciones sacrosantas y de intocabilidad, sin saber por qué, ya que ese engendro es el responsable de más de 150 millones de asesinatos que han ocurrido en el último siglo en el planeta. Entonces, la mitología comunista hay que defenestrarla con la lucha de ideas, que es su punto más vulnerable.

Hay que volver a recordar que importantes dirigente sindicales cambiaron el rumbo de la historia por su anticomunismo, como sucedió con Lech Walesa en Polonia, que con el sindicato Solidaridad contribuyó a la debacle del comunismo en Europa Oriental. De igual manera, Ronald Reagan, presidente de EE.UU. entre 1981 a 1989, fue un destacado líder sindical a mediados del siglo pasado, ya que se desempeñó como presidente del Sindicato de Actores de Hollywood. Ello es demostrativo de que el anticomunismo ha sido una respuesta de la democracia a las acechanzas del marxismo, resaltando que tanto Reagan, Walesa y el papa San Juan Pablo II, quien también se destacó por su anticomunismo, actuaron como artífices de la caída del muro de Berlín.

En Colombia el sindicalismo no solo ha tenido que aguantar la persecución por parte de patronos y gobiernos, también ha resistido al paramilitarismo que le ha causado muchos muertos durante años. Además, cabe recordar que las bandas armadas marxistas de las Farc, el Eln y otras asesinaron a miles de líderes sindicales, en ocasiones porque no seguían sus designios o no eran de su corriente política e ideológica. Siendo el caso más conocido el crimen que cometió el M-19 en contra del líder sindical José Raquel Mercado, presidente de la CTC (Confederación de Trabajadores de Colombia) en 1976, sin dejar de lado que historiadores muy serios señalan que el M-19 apareció como resultado de la infiltración que le hizo el comunismo a través de las Farc a la ANAPO (Alianza Nacional Popular) a principios de los años setenta del siglo XX.

La perversión comunista del marxismo-leninismo no es la doctrina de los trabajadores, ni mucho menos la brújula que llevará a los pueblos a la felicidad eterna, sino que como secta criminal y burocrática en el caso de Colombia pretende subyugar a la población mediante una dictadura a perpetuidad como ocurre en Cuba, Norcorea y Venezuela, siguiendo los lineamientos del comunismo totalitario para esclavizar a la nación mediante una represión feroz. El marxismo al no ser ninguna brújula es algo similar a lo que dice la Biblia en el libro de Proverbios: “hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte”. Eso ha ocurrido con el marxismo durante su tenebrosa existencia, que promete la emancipación de los pobres con artimañas, pero sus objetivos son avasallar a las masas, igual a lo que hizo Hitler en Alemania con el nazismo y Mussolini en Italia con el fascismo.

El partido comunista y las Farc con las negociaciones en La Habana buscaban proscribir el anticomunismo, elevando a delito el derecho a opinar, lo cual iría en contrapelo de la constitución política del Estado, porque el anticomunismo no solo se expresa de manera pacífica en la lucha política e ideológica, sino que también las grandes religiones de la humanidad en sus enseñanzas son abiertamente anticomunistas como ocurre con el islam, el hinduismo, el budismo y el cristianismo. De ahí que el respeto fetichista que de manera ladina le buscan los dirigentes marxistas a su bodrio es una trampa para que se les reduzca la vía hacia la toma del poder y eludir la confrontación ideológica a la que tanto le temen.

El anticomunismo es una concepción filosófica que rechaza al comunismo totalitario, que le ha traído a la humanidad las peores desgracias y sufrimientos, pero de manera torva en Colombia por parte del comunismo totalitario se le quiere igualar con el paramilitarismo, cuya aparición fue el resultado de la vesania de la narcoguerrilla marxista responsable de la génesis, degradación y lumpenización del conflicto, porque a las bandas armadas de las Farc y el Eln no les importó la vida de las personas, pues lo que les interesa es el poder por cualquier medio. Por ningún motivo se debe olvidar que los primeros anticomunistas fueron hace más de 150 años los trabajadores con sus organizaciones en la Primera Internacional, que impulsó los ideales libertarios seguidos por los mártires de Chicago sacrificados en 1886, precisamente por esas razones el movimiento sindical tiene que ser siempre libertario y nunca totalitario.

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