Sin Uribe no habrá paz

Si el expresidente no entra en los acuerdos de La Habana, lo que habrá es guerra, explica el excandidato a la alcaldía de Bogotá Alex Vernot

Por: Alex Vernot
mayo 09, 2016
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Sin Uribe no habrá paz

Llevo muchos años dedicado a estudiar a fondo el conflicto colombiano, desde una mirada diferente a la de los políticos. Mi trabajo en el sector privado me ha permitido conocer el poder: el poder político y el económico, el poder de la justicia, entre otros. Como dirían algunos: conozco el monstruo por dentro.  Y por conocerlo tengo claro que, SIN URIBE en los acuerdos, la paz no se logrará.

Antes de explicar el porqué de este pensamiento, debo aclarar que no soy “uribista”; que no milito ni he militado en el Centro Democrático o en otros partidos liderados por Uribe; que no he votado por él en ninguna convocatoria donde él mismo o personas afiliadas a su partido se hayan presentado en un proceso de elección popular.  Lo que planteo sobre el futuro de los acuerdos de paz sin Uribe se basa en las conclusiones de mi investigación de muchos años sobre los orígenes y la actualidad del conflicto colombiano:

  • El conflicto en Colombia siempre ha sido por la tierra
  • La  guerra tiene dueños y obedece a poderosos intereses económicos. Los “negocios” han sido causa determinante de toda violencia.
  • Aunque algunas ideologías políticas inspiren a los actores violentos, ellas no son el factor más determinante en el conflicto.
  • Colombia es un país de mafias, unas legales y otras ilegales, que obran al amparo de un Estado estructuralmente corrupto, en manos de funcionarios también corruptos.
  • Aquí no han existido realmente una  democracia y un Estado de Derecho.
  • No habrá paz en tanto no se concilien los intereses de todo origen, que alimentan el conflicto.

Si Uribe no entra en el proceso de paz, lo que habrá es GUERRA. ¿Por qué?  Primero, porque los seguidores de Uribe, muchos de ellos detentadores de la propiedad de tierras y del poder de todo orden en el país nacional, no van a aceptar las Zonas de Reserva Campesina en manos de la guerrilla o de sectores de la izquierda revolucionaria con ambiciones políticas locales. Y,  segundo, porque lo que hay detrás de esas tierras son NEGOCIOS millonarios, que ya tienen dueños legales e ilegales manejados por la propia guerrilla,  por paramilitares o por bandas criminales, todos con la complicidad de las autoridades pretendidamente legítimas.

El Presidente Santos podrá definir la agenda de la paz, pero no tiene cómo definir la agenda territorial, y ahí es donde está el meollo del asunto. La Guerra y la Paz  en Colombia son esencialmente fenómenos socioeconómicos RURALES determinados por todos los actores del conflicto. La paz que se firme “vivirá” en la realidad del campo colombiano, y no en Bogotá ni en la Habana.

Esta realidad resulta ignorada o desestimada por los sectores de la opinión que apoyan incondicionalmente el proceso de paz encaminado por el actual gobierno, al tiempo que descalifican por todos los medios  la  oposición al proceso que mantiene el Uribismo.  Una táctica recurrente con este fin ha sido la de convertir al expresidente Uribe en un icono para satanizarlo mediante múltiples cuestionamientos a sus actos de gobierno o personales, mientras se pretende exculpar los crímenes de otros sectores de la sociedad, en particular los de la mal llamada izquierda revolucionaria.

Se ha vuelto así una constante culpar al presidente Uribe de muchos problemas de violencia en Colombia, como si no hubiera sido el hastío de los actos de barbarie de la guerrilla lo que llevó  al país desesperado a elegirlo a él contra las maquinarias de los partidos tradicionales. ¿No fueron acaso los atentados demenciales de las Farc, - burros- bomba, collar- bomba, Decreto 001 y tantos otros -, ¿los que llevaron a los colombianos a elegir al presidente Uribe?

Sin pretender culpar o exculpar al presidente Uribe de lo que se le acusa, lo cual no me corresponde y de lo que se debería encargar la justicia, -que yo creo que no existe en Colombia-, hay que preguntarse: ¿Los cuestionamientos a Uribe buscan oponerse a él como individuo, o a todo un sector de la sociedad colombiana que lo sigue y constituido por más de 7 millones de personas que representan una realidad económica, social y política en el país?

Si el Presidente Uribe se pudiera lanzar hoy a la presidencia frente a Santos, frente a Petro, frente a Vargas, Robledo o cualquier otro, ¿ganaría o perdería? ¡Seguramente ganaría! ¿Y quién votaría por él? ¿Sólo la gente de clase alta, los terratenientes, los dueños de la industria, de las empresas, o también mucha gente de estratos bajos que ha sufrido la violencia en Colombia?

Creo que votarían por Uribe personas de todas las clases, de todos los estratos y de todas las regiones. ¿Estará acaso loca la gente en Colombia? ¿O será más bien que los dos millones y medio de personas que acostumbran votar por la izquierda en el país no son suficientes para interpretar el sentimiento de un pueblo mayoritariamente oprimido, discriminado, sin oportunidades, sin garantías, sin seguridad, en fin, sin patria?

Creo que la paz sin Uribe será un saludo a la bandera, independiente del hecho político  que genere una nueva Constitución,  la cual es el único y verdadero interés de las guerrillas en los acuerdos.

Con seguridad la convocatoria de una Asamblea Constituyente será consultada en el plebiscito. Pero todo el proceso de paz y la Constituyente misma serán estériles en la pacificación nacional si Uribe se margina o se le margina en este momento de los acuerdos.

Mi sugerencia es: que se reúna ya el Presidente Uribe con las Farc y con el Presidente Santos, por separado,  a fin de acordar los términos políticos de una nueva Constituyente, con unas reglas claras para la elección de sus miembros. Que el Presidente Santos renuncie a su idea fija de manejar y controlar todo el proceso político de la negociación y de la constituyente; que las Farc dejen de manipular al gobierno, con base en la clara evidencia de que si no firman el presidente Santos habrá fracasado; y que el presidente Uribe renuncie a sus inamovibles, en beneficio de lograr “un camino” de entendimiento que habrá de ser construido por todos y no sólo por los suyos.

Esta Paz de todos, construida en una Asamblea Constituyente, tendrá más posibilidad de ser respetada, una vez firmada, en el campo y en los distintos sectores de la sociedad.  El Estado tendrá que imponerse severas medidas para erradicar la corrupción, si pretende ayudar a construir la paz.

Nota final: La paz con la guerrilla será la primera de muchas que se requieren. Faltará  la paz con los paramilitares, con las Bacrim, con el narcotráfico, con la delincuencia común, con la corrupción, con los políticos que son la  peor de todas las mafias; con los abusadores de los recursos naturales.  Esto sin hablar del desafío de erradicar otras formas de violencia interpersonal: la discriminación, el machismo, el racismo, las violaciones de derechos humanos, etc.

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