Sin hotel, ni comida: Así conocí Barcelona con 400mil pesos

Aunque no le recomiendo a nadie viajar así, pude caminar Barcelona y tomarme foto con la Sagrada Familia sin arruinarme con el euro a 4.100 pesos

Por: Enrique Trheebilcock Olmos
marzo 09, 2020
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Sin hotel, ni comida: Así conocí Barcelona con 400mil pesos

Con el euro a 4.100 pesos visitar Europa parece un sueño cada vez más lejano. Sin embargo, hace tan solo un mes caminé Barcelona y no me arruiné. Mi paso por esa ciudad fue bastante breve; fugaz. Solo estuve una tarde. Venía viajando de Sri Lanka a Colombia y tenía una conexión en Madrid de 20 horas, tiempo suficiente para dejar la maleta en un guardaequipajes, irme a Barcelona por la mañana y regresar por la noche.

En Barcelona estuve tan poco tiempo que ni me alcanzó ni para comer. Tampoco tuve que pagar hotel porque ni dormí ahí. Lo único que tuve que pagar fueron los tiquetes aéreos y el transporte en bus entre el aeropuerto y la ciudad. No se me fueron más de 400mil pesos sumando todo lo anterior.

 

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Me tocó el día más gris del año en Barcelona. O al menos eso me dijeron quienes vivían ahí. Ni en invierno es normal que en esa ciudad el cielo sea tan blanco, pero ni modo; me tocó así. En gran parte por eso no me desgasté pensando fotos. Me concentré más en vivir el momento. Además del IGTV, no es mucho lo que me queda por mostrarles aquí. . Los tiquetes fueron algo más de 100 eur, exactamente 380mil cop. Llegué a la Plaza Catalunya a las 2pm desde el aeropuerto, corrí por toda la Rambla hasta el Maremagnum a comprar un abrigo (60 eur), regresé corriendo por la Rambla a tomar un tour con @crafttoursbcn (13 eur, por tener carné de estudiante). El tour escogido fue la “Ruta Gaudí”. La guía fue @cizqui89 una historiadora caleña que se conoce la obra de Gaudí y la historia de bcn como nadie. Fue ella quien le dio sentido a esas horas porque más que ver los edificios escuché el significado de lo que vi. Me fui de Barcelona entendiendo al menos por qué es como es; se trata de una ciudad nueva, armada hace apenas un siglo, y la competencia entre arquitectos la convirtió en una obra de arte urbana. . Caminamos por el Passeig de Gracia, observé las tres casas de la manzana de la discordia, la Pedrera y tomamos metro hasta la Sagrada Familia. Ahí acabó el tour, cayó la noche y caminé de vuelta hasta la Plaza Catalunya pasando por el Arco del Triunfo. Compré un par de souvenirs y me fui en bus otra vez al aeropuerto. . No faltará quien piense que si tenía a mi papá muriéndose de cáncer cómo tuve cabeza para hacer eso; precisamente porque eso estaba pasando fue que lo hice. Llegar a ver la agonía de mi papá -con la misma ropa que tenía en la foto- fue un viacrusis. Duró apenas diez días pero pesó como meses. Mientras eso sucedía corroboré que la fuerza para soportar esos momentos sale de los que sí fueron agradables. Son pequeños momentos los que recuerdan que la vida es bella. Así hayan sido horas, así haya sido algo tan breve como una tarde en Barcelona.

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Sin embargo, fue tiempo suficiente para llevarme una muy buena primera impresión de lo que es esta joya de ciudad. Alcancé a hacer un tour para ver analizar la obra e historia de Gaudí por medio de algunas de sus construcciones más representativas.

Habrá gente pensando que para visitar una ciudad de esta forma es mejor ni siquiera ir. No niego que me estresaba bastante pensar en lo que hubiera podido pasar si algún vuelo se retrasara; para que esto saliera bien cada vuelo tenía que ser puntual. Además, energéticamente también fue duro porque vine de un viaje de 15 horas desde Sri Lanka y tres horas después ya estaba en un avión rumbo a Barcelona. Regresé por la noche, dormí en el piso del aeropuerto Barajas y me esperaba otro vuelo de 10 horas para regresar a casa. Sin embargo, no me arrepiento de nada. Era esto o quedarme 20 horas en el aeropuerto de Madrid, ciudad que ya conozco y, a decir verdad, ya me aburre. Cada euro gastado, el estrés y el cansancio valieron la pena.

Espero que así como me sucedió con París, Barcelona y yo tengamos una relación que perdure a lo largo de la vida, algo así como esas amistades duraderas entre personas que se encuentran cada tantos años, pero cada vez que se ven es con un cariño que permanece intacto sin importar el tiempo. Este corto y fugaz viaje fue apenas nuestro primer encuentro. Si en solo una tarde esta ciudad me llenó de buena energía suficiente para soportar lo que me esperaba a mi regreso a Colombia, ni imaginar lo que Barcelona haría conmigo si me quedo tres días en ella. Después de aquella tarde hasta escuchar catalán me hace sentir bien.

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