Si su hijo le dice que ha sido abusado, créale

"No corra el riesgo de equivocarse en su concepto porque eso puede derivar en secuelas psíquicas de por vida, de las que usted será responsable"

Por: Juliana Villate
abril 03, 2019
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Si su hijo le dice que ha sido abusado, créale

El abuso sexual constituye una de las experiencias más dolorosas, traumatizantes y agresivas para un niño. Abuso sexual no es solamente la penetración. Cualquier tipo de caricia con fines eróticos realizada por un adulto, se acompañe o no de agresión, es considerada abuso sexual y en todos los casos produce secuelas de por vida a nivel de la sexualidad y la autoestima, así como trastornos de ansiedad y depresiones crónicas de difícil manejo.

Muchos adultos piensan que las caricias “inofensivas” que realizaron a sus hermanas o hermanos menores, sobrinas o sobrinos, hijas o hijos no dejaron ninguna secuela en su funcionamiento mental. “Eso ni se dio cuenta, además yo fui muy afectuoso y ella era muy chiquita para darse cuenta de que era algo malo”. Lo que no saben es que a menor edad el trauma y las secuelas son mayores, aunque se trate de la caricia inadecuada más elemental.

Para una niña o niño de tres, cinco o nueve años de edad el solo rozarle el pecho o tocarle la colita o el pene con intención erótica puede ser un contacto inadecuado, debido a que el cuerpo no está preparado para tal estímulo y por lo tanto a nivel psicológico se produce ansiedad severa ocasionando en el niño un trauma psíquico que le acompañará de por vida, manifestándose con diferentes expresiones en la edad adulta.

El ser humano posee un radar inconsciente que hace que el niño aunque no sepa lo que es bueno o malo, sienta una gran ansiedad como respuesta a caricias inadecuadas impartidas por un adulto. Esta ansiedad se acompaña, intuitivamente, de un gran sentimiento de impotencia y de culpa por participar en algo que el inconsciente identifica como malo.

El abuso sexual actúa como una camisa de fuerza psicológica que impide que el niño se queje o cuente a alguien lo que le está pasando. Pero esta impotencia para hablar es inconsciente, por tal razón el niño a nivel consciente, tiene que cargar además, con la culpa de no haber pedido ayuda.

Para resumir el abuso sexual en la infancia o en la adolescencia es un factor determinante para depresiones crónicas severas y disfunciones sexuales en la edad adulta.

Nadie sabe las implicaciones a nivel psicológico que causa una caricia en los órganos genitales, así sea dada en el contexto de un juego, o de la manera más “casual” y afectuosa. Aun si esta caricia es dada “cariñosamente” por un familiar amado y respetado, causa secuelas graves en la conformación psíquica del niño y en su vida afectiva en general.

Los adultos no imaginan el daño irreparable que causan en un menor de edad con una caricia inadecuada impartida a un niño en un momento de su vida en el que no está preparado psíquicamente para ello. Por esto los padres tienen que estar pendientes de sus hijos. Deben explicar a sus hijos acerca de las caricias y contactos inadecuados. Deben educar a sus hijos sobre el hecho de que nadie los puede tocar en sus genitales que nadie tiene por qué hacerlo.

Enseñen a sus hijos a contarles todo y denles la seguridad de que se les va a creer y no se les va a regañar. En la medida de lo posible no deje a su hijo con nadie que no sea de su más absoluta confianza, aunque en el terreno de lo sexual es imposible saber quién tiene una perversión sexual relacionada con los niños y quién no. La perversión sexual puede ser como una cuña enclavada en el contexto de una personalidad normal y encantadora. Los abusadores sexuales son personas, en general, adecuadas, responsables, juiciosas, honestas, queridas, afectuosas de las que nadie sospecharía.

Las personas piensan que el pervertido sexual es un ser macabro, oscuro y con cara de sádico. No. El pervertido sexual puede ser el tío más querido, el más juicioso, o el viejito de la tienda de la esquina, o aún el papá más tierno y amoroso. Puede ser también la niñera, la profesora en el colegio, la tía más consentidora o la amiga simpática del hermano mayor. Esto suena a exageración y a terrorismo pero soy una convencida que cualquier prevención es poca si queremos evitar a nuestros hijos los traumas psicológicos severos que ocasiona el abuso sexual.

El niño abusado se siente atrapado entre el afecto y la lealtad que siente hacia el familiar abusador y la sensación de que las actividades sexuales son malas. Tiene temor de perder el afecto del abusador, de ser rechazado por su familia o de causar la desintegración de la familia. Cuando es víctima de abuso sexual prolongado desarrolla una pérdida de la autoestima y adquiere una visión angustiante o inadecuada de la sexualidad.

Los síntomas que presenta un niño abusado son similares a cualquier otra sintomatología relacionadas con estrés severo, por ejemplo puede volverse retraído, perder la confianza en los adultos, presentar dificultades para relacionarse con otras personas, problemas en el sueño, aislamiento de su familia o medio social, trastornos en la conducta como mentiras o cleptomanía, agresividad, comportamientos regresivos como mojar la cama o chuparse el dedo, miedos repentinos o fobias, cambios en el rendimiento escolar, abuso de drogas o alcohol, fugas del hogar o conductas autodestructivas.

Hay otros síntomas directamente relacionados como son el relato por parte del niño del abuso sexual, presencia de un comportamiento seductivo o sexual no apropiado para la edad, dibujos de naturaleza sexual, masturbación compulsiva, promiscuidad, confusión en cuanto a identidad y normas sexuales, desconfianza extrema, prostitución.

Los indicadores físicos del abuso sexual son la dificultad para caminar o sentarse, dolor, hinchazón o picazón en la zona genital, dolor al orinar, enfermedades transmitidas sexualmente, contusiones, laceraciones, o sangrado en los genitales externos, vagina o área anal, embarazo en adolescentes.

Si un niño de cualquier manera le indica que ha sufrido algún tipo de contacto inadecuado o algo que pudiera ser abuso sexual, aliéntelo para hablar libremente de lo que pasó, demuéstrele que lo comprende y que toma en serio lo que dice. La respuesta del adulto ante la revelación del abuso sexual es importante para la elaboración del conflicto y del trauma por parte del niño abusado.

Asegúrele al niño que hizo bien en decirlo, dígale que no tiene la culpa por el abuso sexual y ofrézcale protección prometiéndole que de inmediato hará todo lo necesario para que el abuso no continúe.

Créale a sus hijos. Y si no le cree consulte a un especialista que evalúe la veracidad o no de los hechos. No corra el riesgo de equivocarse en su concepto porque eso puede derivar en secuelas psíquicas de por vida para sus hijos, de las que usted será responsable.

Ante la duda, créale y asesórese de un experto.

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