Si Maduro prueba que es colombiano, ¿podría acogerse a la JEP? (II)

Aunque este es un escenario hipotético, no está de más reírse un poco de lo que podría pasar si el tribunal tuviera que hacerse cargo de este lío

Por: edgar giraldo-alzate
mayo 02, 2019
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Si Maduro prueba que es colombiano, ¿podría acogerse a la JEP? (II)
Foto: Twitter @NicolasMaduro

(Este es un cuento, ningún hecho es real, pero de todas maneras disfrute esta historia de humor que es puro realismo mágico. La segunda parte del mismo responde a la pregunta qué haría la JEP con esta papa caliente).

El equipo de juristas seleccionado por Maduro en la misma sala VIP del aeropuerto, en cuestión de horas, redactó el expediente que debía presentarse ante la JEP. Según los despachos de las agencias internacionales de noticias, que tuvieron acceso al borrador, sus puntos básicos se podrían resumir así:

Que de acuerdo a la cédula de ciudadanía adjunta, Nicolás Maduro, es un connacional. Además, como ha patrocinado las actividades terroristas del ELN en la frontera, se debe considerar como un guerrillero en proceso de reinserción.

Que el mismo personaje, a su vez, es también un desplazado más y víctima del conflicto, puesto que debió renunciar a un buen empleo y a una cómoda vida en el palacio de Miraflores. Las amenazas que lo obligaron a escapar, se han venido denunciando en los medios venezolanos. También es bien sabido que en una cárcel hay 20 sicarios colombianos detenidos por este caso.

Que no se debe aceptar, ningún tipo de denuncia contra nuestro apoderado, que pudieran provenir del nuevo gobierno de transición, puesto que la justicia colombiana es tan corrupta como la venezolana. Por lo tanto se debe creer la versión del doctor Maduro.

Que nuestro apoderado está dispuesto a ser juzgado por la JEP a condición de no ser extraditado a USA. Él está dispuesto a confesar y aceptar los delitos de narcotráfico, rebelión, asociación para delinquir, terrorismo, daño al medio ambiente, obstrucción a la justicia, secuestro, violación de derechos humanos, desaparición forzada, y lavado de capitales. Él, en su momento informará las rutas del narcotráfico, sus conexiones con los carteles de Sinaloa y del Norte del Valle y confesará los nombres de los candidatos políticos a los cuales les proporcionó ayuda financiera en el pasado.

Que en el tema de confesión y reparación a las víctimas, él está en capacidad de pedir perdón a las víctimas y repararlas. Que para tal defecto entregará las 22 valijas repletas de barras de oro, para que se destinen a las víctimas del Catatumbo, Norte de Santander y a la limpieza del río.

Que el solicitante también cede el oro restante para proyectos de inversión en economía naranja y así convertirse en aliado del presidente Duque en el despeje económico del país, aportando así su liderazgo y experiencia en temas económicos, en beneficio de tan colorido sueño.

Que como no hay evidencia de la presencia de “colectivos chavistas” en Colombia y que nuestro apoderado está desarmado, es evidente que por lo tanto no representa ningún peligro para la sociedad. Así que, dada la dignidad de su cargo se debe evitar, a toda costa, el humillante proceso de privarle de la libertad.

Una hora más tarde, en un proceso extra rápido se radicó la solicitud ante JEP y de inmediato se asignó un fiscal para el caso. Aunque parezca increíble, este en un acto sin precedentes, no solo evitó su detención, sino que también le concedió una vigilancia especial con tres círculos de seguridad y un salario de guerrillero.

Afuera en el mundo, la noticia de Maduro andando sin restricciones en Bogotá; rebotaba en las redes sociales y en los noticieros. Los gobiernos tomaban posiciones de acuerdo a sus intereses. El primero en reaccionar fue Donald Trump, quien le envió un tuit amenazante: a Iván Duque: “If you do not extraditate mister Maduro to the US, within 24 hours, my troops will invade your country”.

A su vez, Putin también quería al dictador para protegerlo, así que, como represalia, ordenó de inmediato que la Flota del Pacífico establecida en Vladivostok, partir inmediatamente hacia Buenaventura. Esta fuerza estaba compuesta por un crucero Slava, un destructor Sovremenny, 8 corbetas Udalov, tres submarinos nucleares Steregushchy, un buque de desembarco y otro de apoyo logístico.

Con esa convergencia de las fuerzas navales de las dos súper potencias chapaleando en El Caribe y en el Pacífico, el mundo estaba consternado y dividido. ¡Se abría la macabra posibilidad de una guerra mundial!

Es decir Colombia, estaba a tiro de cañón de ambas flotas, y parecía rodeada por un círculo de fuego

Y, como si las demás fuerzas militares del mundo, estuviesen alineadas como un tren de fichas de dominó, los países empezaron a mover sus barcos y a calentar sus Migs. De inmediato China, Irán y Cuba protestaron. El secretario general de la Otán, el noruego Jens Stoltenberg, le envió un violento mensaje al mandatario Ruso recordándole que Colombia era un aliado global de la organización y cualquier agresión contra el pequeño país sería considerado un acto de guerra grave. México, Suiza y Francia jugaron a ser neutrales, como de costumbre. Bolivia explicó que no podía intervenir militarmente porque no tenía salida al mar. El Estado vaticano publicó su nueva encíclica “No os matéis hermanos” y Ernesto Samper le daba respiración boca a boca a Unasur, para revivirlo.

En Colombia, acostumbraba al humo de la pólvora y a los disparos, el despelote no era guerrerista sino jurídico. Ahora, el país estaba más dividido, que en la época de el sí y el no del acuerdo de paz.

Para empeorar la situación, a un antropólogo pastuso, entrevistado por una cadena radial, le preguntaron:

—¿Tiene Maduro algo en su comportamiento para presumir que es paisano nuestro?

—Por supuesto que sí, —respondió—, pues es mentiroso compulsivo, carretudo, envidioso y tramposo como cualquiera de nosotros. A la legua se nota que su ADN está saturado de colombianidad.

Algunos estaban felices. “¡Qué orgullo! Ya es el segundo presidente venezolano, nacido en Colombia después de Carlos Andrés Pérez”. Otros, renegaban de su mala sangre. “Que es una degeneración de nuestros genes” “Que ese monstruo de maldad no podría ser colombiano—decían otros—. Aunque su apellido sonaba algo extraño y no existía en Venezuela, si abundaba en Norte de Santander. Para probarlo, aparecieron algunos testigos que aseguraban haber jugado fútbol con Nicolasito en un potrero de Cúcuta.

Mientras tanto, en ambas naciones estallaba una agria polémica, disputándose la nacionalidad del nuevo héroe: En Venezuela juraban que era colombiano y en Colombia, aseguraban que era venezolano. ¡Nadie lo quería!

 

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