No hay una forma democrata o republicana de recoger la basura

- Servir bien no tiene color
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La gran mayoría de los servidores públicos sirven a Colombia y la sirven bien. No deberíamos, nunca, perder ninguno de ellos, por las razones equivocadas. Y, en la gran mayoría de los casos, las creencias que tengan sobre asuntos diferentes de lo que corresponde a sus funciones y la misionalidad de la entidad a la que sirven, no son una razón valedera para que las perdamos.

La inmensa relevancia: Para la gran mayoría de los colombianos, que las entidades públicas hagan su labor bien, es más significativo para su felicidad y la calidad de sus vidas y la de los que quieren, que ningún logro o ascenso que obtengan individualmente en su ocupación individual. En la otra cara de la moneda, en nuestra Constitución Política se consagró el derecho de todos, sin distingo, a acceder al servicio público.

El propósito: Así las cosas, tener los mejores servidores públicos, sirviendo a los colombianos, es algo que hemos construido y que debemos defender. Y, más allá, debería ser una de esas cosas en que todos concordemos, más allá de las diferencias que tengamos en tantos temas.

Ni derecha ni izquierda: La Guardia fue un fenomenal alcalde de Nueva York. Seguramente hizo caso a su propia sabiduría, cuando nos enseñó que no existe una forma demócrata o republicana de limpiar y recoger la basura de las calles.

No es renunciar a mandar: De esas entidades que necesitamos que operen bien, para el bien de todos, la gran mayoría son ejecutoras, un número de inspección, vigilancia y control, una poquiticas de regulación y por lejos las menos son de definición de políticas. Y, en todas, al grueso de los servidores son operativos o de soporte y contados con los dedos de una mano aquellos cuyas funciones son la determinación de los lineamientos y políticas correspondientes.

En ese contexto, lo único que debería contar, es que sean colombianos comprometidos con servir y hacerlo honestamente y con mística.

El diamante que hemos pulido y lo que falta: Durante décadas Colombia construyó un activo humano muy valioso. En muchísimas entidades del gobierno se mantuvieron y crecieron servidores que conocían y conocen su sector, su entidad, la forma como opera, los antecedentes de las labores que tienen encomendadas, el origen de las orientaciones y los motivos.

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Se trata de grupos e individuos que, con el tiempo han aprendido la relevancia de la función que cumple su entidad y la quieren y defienden.

Con ellos ahí todos ganamos: Más allá del color del ganador en las elecciones presidenciales, esos colombianos saben su oficio. Conocen la regulación que aplica, los procedimientos que se debe seguir, la manera como los jueces han interpretado las normas correspondientes.

En la medida que son la memoria viva de cada organismo, han vivido los bandazos de las distintas orientaciones, conocen los costos que tuvieron las equivocaciones y pueden exponer los motivos para mantenerse en una ruta o cómo hacer variaciones sin repetir errores o causar costos innecesarios.

Toda vez que “tienen la camiseta de su entidad puesta” creen en la relevancia para los destinatarios de sus acciones de hacer que se logre aquello para lo que existe el organismo. Son convencidos de la relevancia de la misionalidad de esa entidad, para el propósito para el que se creó. Y generalmente desde esa altura miran con desdén los vaivenes de las disputas electorales o electoreras, en la certeza que venga quien venga, lo que a ellos les corresponde es responderle al país y a las poblaciones a las que se deben.

Valoremos a nuestros servidores: Nuestros servidores valen mucho. Valorémoslos por lo que sí corresponde. Por su compromiso, su aporte al servicio de la entidad, su valentía, su conocimiento acumulado, el valor agregado que producen ¡Y tanto más!

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Por Emilio José Archila

Abogado de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en legislación financiera de la Universidad de los Andes. Magíster en jurisprudencia comparada (M.C.L.) de New York University (N.Y.U.), School of Law. Derecho para el Desarrollo (D.L.C.), International Development Law Institute, Roma. Se ha desempeñado como director de la oficina jurídica del Ministerio de (hoy) Industria, Comercio y Turismo; Delegado para seguros de la Superintendencia (hoy) Financiera de Colombia; Delegado para la promoción de la competencia y Superintendente de Industria y Comercio; Director del departamento de derecho económico de la Universidad Externado de Colombia y Consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación. Actualmente es Árbitro de la Cámara de Comercio, Docente y Socio de Archila Abogados.