Ser el contador de la guerrilla: el último sueño de Escobar

El capo, confeso simpatizante de la guerrilla, le contó a su mamá, horas antes de que lo mataran que se integraría a un frente guerrillero y se internaría en selva

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enero 21, 2021
Ser el contador de la guerrilla: el último sueño de Escobar

Los últimos días de Pablo Escobar los pasó en una casa al occidente de Medellín, ubicada exactamente en la carrera 79B n.° 45D-94, del barrio Los Olivos. Ahí vivía con el Limón, el último de sus guardaespaldas que le fue fiel. Estaba acorralado y sin plata en efectivo. Los amigos a los que traicionó se habían unido a los PEPES, la temible organización dirigida por Fidel y Carlos Castaño que lo aniquiló en sólo dos años. Pablo además estaba cercado por el Bloque de Busqueda, del general Hugo Aguilar, quienes habían traído tecnología de punta, otorgada por el gobierno Clinton, para cazar al narcotraficante más buscado del mundo.

Pablo Escobar cumplió 43 años el 1 de diciembre de 1993. Los únicos gustos que se daba por esos días era conducir un taxi por todo Medellín. Él iba disfrazado. Nadie se dio cuenta de que era él. A veces incluso, desafiante, se fumaba un bareto en el taxi. Ese cumpleaños estaba atormentado por la gastritis. Los problemas arreciaban. Su familia estaba encerrada en la suite presidencial del Tequendama. El gobierno alemán había incumplido su promesa de recibirlos. Los Pepes los tenían en la mira. No tenía plata, ni hombres y después de su fuga de la Catedral, ocurrida año y medio antes, el gobierno Gaviria no quería escuchar hablar de una rendición: lo querían muerto o muerto.  Entonces ideó un plan.

Aunque a Escobar se le ha vinculado con la creación de grupos paramilitares de extrema derecha, a los que apoyó no por convicción sino para darle gusto a los hermanos Castaños, quienes fueron sus aliados, Escobar siempre se consideró un hombre de izquierda. Incluso ayudó a los sandinistas de Daniel Ortega con envíos de coca. En una de sus fincas en las afueras de Medellín recibió en 1988 a Bernardo Jaramillo Ossa, el candidato presidencial de la Unión Patriotica quien fue asesinado por oden de Fidel Castaño dos años después en El Dorado. Escobar intentó ser el puente entre Gonzalo Rodríguez Gacha y las Farc para que cesara la matanza de dirigentes de la UP. No pudo hacer nada pero quedó impresionado con la templanza del manizalita, quien tenía 33 años cuando un sicario menor de edad disparó sobre él.

Así que Escobar ese 1 de diciembre del 93 contemplaba la última salida que le quedaba: irse a uno de los frentes de la guerrilla, presumiblemente de las FARC. Nunca se pudo corroborar que tan adelantada tenía las conversaciones con esa guerrilla,  pero en el mejor libro que se ha escrito sobre Escobar, el de Alonso Salazar, La parábola de Pablo, hay una referencia al respecto: "El Osito -hermano de Escobar- cuenta que su hermano preparó a su madre para los acontecimientos que venían. Seguidamente le comparte planes que a nadie más confiará: en los próximos días saldría de la ciudad, se integraría a un frente guerrillero y se internaría en la selva. Ella sabía que si lo había decidido sería lo mejor y se limita a desearle suerte".

Ese día Escobar celebró su cumpleaños con champaña barata y lasaña. Al otro día Hugo Aguilar y los Pepes entraron a su casa y lo mataron. ¿Se imaginan donde Escobar y las Farc hubieran sido uno solo?

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