Colombia se encuentra ante una encrucijada histórica e institucional. La insistencia del Ejecutivo en desconocer los resultados electorales y su llamado a volcar las masas a las calles corre el riesgo de interpretarse no como la defensa de causas sociales, sino como una estrategia deliberada para forzar la negociación de una Guerra de los Mil Días 2.0.
Nunca ha sido mi postura la de la complacencia ciega con la extrema derecha. Desde Las2Orillas y diversos espacios de análisis, hemos advertido con vehemencia que las propuestas radicales de su contendiente (ADLE) representan un peligro inminente para los derechos humanos, alertando sobre el riesgo de transitar hacia un totalitarismo derechista. En una Nación políticamente inmadura, un Gobierno operando bajo decretos de conmoción interior nos sumergiría en una confrontación fratricida e incluso en una pesadilla de intervención extranjera. En ese caos, la extrema derecha podría ejercer un poder absoluto sin contrapesos, cumpliendo el anuncio contra el cual nos pronunciamos: No queremos un Gobierno tipo Pinochet o Videla dispuesto a “destripar a la izquierda”. Recordemos que, en entrevista con Jaime Bayly, ADLE también afirmó que el centro político y los fajardistas -no solo los petristas- somos "otra ala de las FARC". Sin embargo, la obstinación gubernamental solo puede dar una inusitada celeridad a este camino, arrojando a nuestro país a las puertas de una dictadura de tintes jamás vistos.
Un problema a la vez
No podemos anticiparnos a dicha dictadura aferrándonos a otra dictadura de derecho. Como dijo Krishnamurti: “No se llega a buenos fines por malos medios”. Tampoco es la solución para un totalitarismo otro totalitarismo. Debemos luchar en cada momento histórico contra quienes amenacen las libertades, vengan de donde vengan, de izquierda o de derecha.
El libreto está claro
Dinamitar los puentes institucionales con verdades a medias parece ser el libreto de todas las dictaduras: movilizar las masas antes de presentar pruebas reales, en este caso, del supuesto fraude por "algoritmos de California e inteligencia israelí" para generar el pandemonio que lleve al Gobierno por decreto posesionando a Cepeda. Sí: el libreto está claro.
Verdades a medias
Las cifras frías del consulado en EE.UU. destruyen la narrativa: ADLE consolidó el 80,83% (177.770 votos) frente al 19,17% de Iván Cepeda (42.155 votos). Pretender que el voto en el exterior revertiría una derrota nacional de cerca de 250.000 votos es un error de cálculo aritmético garrafal. No podemos asumir que aunque haya un fraude, ese resultado haya cambiado tan ostensiblemente, como para pensar que en EE.UU., donde están la mayoría de colombianos de derecha concentrados históricamente, Cepeda haya obtenido una victoria rotunda cercana a los 220 mil votos contra 0 de De la Espriella. Repito: “no podemos llegar a buenos fines por malos medios”; y es el registrador y las autoridades competentes quienes deben tomar cartas en el asunto, tanto con esto, así sea sancionado ADLE; como en el caso denunciado por el periodista Daniel Coronell, donde Petro en los pasados comicios superó todos los topes permitidos.
Petro fue el mayor adalid de ADLE
El verdadero trasfondo del estallido retórico actual no es la defensa del voto, sino el colapso ético y técnico de la administración. El Gobierno Petro terminó devorado por las dinámicas clientelistas de siempre: El escándalo de la UNGRD, con un saqueo cercano al millón de dólares y ministros procesados (Bonilla libre no por demostrar su inocencia sino por vergonzante vencimiento de términos), se suma a la sombra de los "coca-dólares" que mantienen el precio del dólar a falta de inversión estatal; asilo para el corrupto presidente panameño Martinelli (Ver fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/c8619d2g0qno); oferta de asilo para Nicolás Maduro; los escándalos de Nicolás Petro y Day Vásquez; la complicidad con los barones electorales regionales allanando su camino electoral al dividir la Colombia Humana del Pacto Histórico para que los caciques sacaran reformas retrógradas y clientelistas como la de la Salud en el Congreso; el entramado de Euclides Torres, cuestionado por la pérdida de 95 mil millones de pesos en paneles solares inservibles; la casa que recibió Benedetti de este por 3500 millones; el escándalo de las maletas llenas de plata de Laura Sarabia, asistente de Benedetti, luego acusada por el mismo Petro de proteger a los corruptos de las EPS, y premiada por eso con la embajada en Londres. Paradójicamente, la promesa de romper con las élites tradicionales se desvaneció al mantener intactas las concesiones viales en manos de los banqueros de siempre. Y los colombianos de a pie, como siempre, creyendo en mesías, que protegen a Calarcá (narcoguerrilleros coqueros), que parecen hacer lo mismo con Papá Pitufo.
Más ayudas de Petro a ADLE
La transición energética apresurada de Ricardo Roa debilitó a Ecopetrol, mientras la deuda externa con el FMI se pactó al 14% tras haberla pagado al 3,05% (negocios entre banqueros y presidentes). El alza de 9.000 pesos en el precio de la gasolina impactó directamente la canasta básica. El Producto Interno Burto (PIB) exhibe un estancamiento dramático, mientras que la pobreza multidimensional y el estancamiento de los Índices Sintéticos de Calidad Educativa (ISCE) que aún no apelan a la lúdica y la didáctica, ni tienen barridos de pruebas psicológicas en trastornos de personalidad y de conducta que comprometen violencias, condenan el futuro de las periferias. La parálisis de la inversión estatal es evidente; un vacío macroeconómico que, según analistas financieros, se ha visto compensado de forma subterránea por la inyección masiva de divisas del narcotráfico para sostener artificialmente el precio del dólar por debajo de los 4.000 pesos.
Las cifras de seguridad materializan el fracaso de la denominada "Paz Total": el país pasó de 3.000 combatientes activos en las guerrillas a cerca de 29.000, un volumen que asimila la situación actual a la época del Caguán con Pastrana. Las hectáreas de coca sembradas se dispararon de 265.000 a 330.000. Aunque el discurso oficial celebra récords de incautación, la brecha frente a las toneladas métricas de cocaína pura producidas y exportadas evidencia que los grupos criminales ejercen control territorial y gobernanza criminal en cerca del 30% del territorio nacional. La violencia sistemática se ensaña contra los eslabones más débiles: los índices de homicidios se mantienen disparados y el asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos no cesa, demostrando el abandono estatal.
Antecedentes dictatoriales
La historia de Colombia es un compendio de quiebres institucionales (recogidos en mi obra “Álbum de la Independencia”): desde los periodos dictatoriales de Simón Bolívar (1813-1814 y 1828-1830), la dictadura artesanal de José María Melo en 1854, el régimen absoluto de Tomás Cipriano de Mosquera en 1861, hasta el hálito populista de Gustavo Rojas Pinilla en 1953. Al evocar indirectamente el fin de Melo sirviendo a las huestes de Benito Juárez en México, o el sacrificio de Salvador Allende en Chile, el actual mandatario sugiere en sus alocuciones que prefiere morir en el pavimento antes que ceder ante los tribunales extranjeros.
Lo que presenciamos no es una gesta heroica, sino los síntomas de un trastorno negativista desafiante no tratado, una patología del poder similar a la de Simón Bolívar (enemigo de la figura paternal ausente en su maestro Simón Rodríguez, luego de las autoridades virreinales y de la Corona), quien terminó así desafiando todas las formas de autoridad legítima con el único fin de perpetuarse en el mando, es decir, de convertirse en “el padre”. Señor Presidente: Un gobernante atrapado en este bucle psicológico no puede anteponer el destino de una Nación a sus propios temores jurídicos o a su supervivencia política.
Salvar el pellejo personal arrastrando a miles de personas inocentes a una guerra civil es la exteriorización de un profundo pánico ante un eventual proceso penal en los Estados Unidos o la no exclusión de la lista OFAC.
Si usted, señor Presidente como Ejecutivo posee valor civil, debe demostrarlo compareciendo ante los tribunales y presentando pruebas matemáticas contundentes antes de desconocer los resultados.
Lo suyo no es revolución, es cobardía.
Colombia rechaza de forma categórica descender ciegamente hacia su propio cadalso y sumergirse en una Guerra de los Mil Días 2.0 solo para saciar la necesidad de un mandatario megalómano y cobarde de sentirse un mártir y no un eje dinamizador de una historia cuyos zapatos le quedaron para desazón del pueblo colombiano muy grandes.
Hoy estos versos del vate huilense Ángel Sierra Basto contra Belisario Betancourt, tienen resonancias en Gustavo Petro:
A UN PRESIDENTE
(Ángel Sierra Basto)
Te reconoce el niño y el adulto
porque ya fracasada la amnistía,
siguió tu obstinación y tu porfía
hasta lograr el asesino indulto.
Te reconoce todo el mundo culto
porque tranquilo con tu hipocresía,
dejaste asesinar como un estulto
lo más granado de la abogacía.
Pasarás a la historia del mañana
con estigma que nunca borrarás,
porque en charcas de sangre colombiana
ahogaste la paloma de la paz.
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