Entre discursos de persecución y generación de caos, esta columna plantea una hipótesis política basada en hechos públicos y en el análisis de su discurso

 - ¿Prepara Gustavo Petro su salida de Colombia?

En política, las narrativas suelen anticiparse a los hechos. Primero se instala una sospecha, luego se repite como advertencia y, finalmente, puede convertirse en un recurso para explicar o justificar acontecimientos futuros.

Por eso vale la pena formular una pregunta: ¿Busca Gustavo Petro instalar el relato de que es un perseguido político antes de dejar el poder?

No se trata de afirmar que eso vaya a ocurrir. Se trata de analizar una hipótesis a partir de una secuencia de hechos y declaraciones públicas.

Los hechos públicos

En distintos pronunciamientos, el presidente Gustavo Petro ha cuestionado al presidente electo Abelardo de la Espriella, ha manifestado preocupaciones por su seguridad personal, ha afirmado que "no le toquen ni un pelo", ha convocado movilizaciones ciudadanas y ha sugerido que sería la vicepresidenta Francia Márquez quien entregaría el poder. Paralelamente, ha insistido en denunciar la existencia de una supuesta persecución política en su contra.

Sin embargo, existe un elemento institucional que no puede ignorarse. Los observadores internacionales, incluida la Unión Europea, avalaron el proceso electoral y sus resultados. Además, la Constitución Política establece que la soberanía reside en el pueblo, que el presidente representa la unidad nacional y que el mandato presidencial tiene una duración determinada. En una democracia constitucional, el poder no se conserva mediante narrativas políticas, sino que se ejerce y se entrega conforme al mandato ciudadano.

La hipótesis política

Desde esa perspectiva, cabe plantear una hipótesis distinta.

Primero, sembrar dudas sobre el proceso político. Después, presentarse como víctima. Posteriormente, advertir sobre supuestas amenazas contra su vida. Más adelante, internacionalizar el debate y, si eventualmente llegaran a adelantarse investigaciones o procesos judiciales, sostener que estos obedecen a una persecución política y no al funcionamiento ordinario de las instituciones del Estado.

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Ese tipo de argumentación ya ha sido utilizado por otros dirigentes latinoamericanos.

La geopolítica de un eventual destino

Si, en un escenario puramente hipotético, un exmandatario decidiera establecer su residencia fuera de su país mientras enfrenta controversias judiciales internacionales, los analistas suelen considerar Estados cuya cooperación con Estados Unidos en materia de extradición es limitada. Entre ellos aparecen con frecuencia Rusia, que no mantiene un tratado bilateral de extradición con Washington y ha rechazado solicitudes de entrega en casos con implicaciones políticas, y China, que tampoco tiene un tratado bilateral de extradición con Estados Unidos y cuya cooperación judicial en esta materia ha sido históricamente restrictiva. Estas circunstancias no permiten concluir que alguno de esos países recibiría al presidente Gustavo Petro ni que exista evidencia pública de que esa sea una alternativa contemplada por él. Se trata simplemente de una referencia al funcionamiento del derecho internacional y a escenarios que suelen analizarse en la geopolítica contemporánea cuando un exmandatario enfrenta eventuales controversias fuera de su país.

El contexto internacional

A este panorama se suman otros elementos de discusión pública: las menciones relacionadas con la OFAC, diversas versiones periodísticas sobre eventuales investigaciones en Estados Unidos, las actuaciones que actualmente cursan en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes y el cambio del panorama político latinoamericano. Ninguno de estos hechos permite anticipar responsabilidades ni extraer conclusiones sobre un eventual desenlace, pero sí forman parte del contexto político en el que algunos analistas interpretan el discurso presidencial.

La batalla por el relato

El punto central es otro: el primer paso hacia un eventual exilio político no consiste necesariamente en abordar un avión. Puede comenzar con la construcción de un relato internacional según el cual quien deja el poder no es un exgobernante sometido a los controles propios del Estado de derecho, sino una víctima de persecución política.

El próximo 20 de julio podría cerrarse un capítulo institucional con uno de los últimos discursos del presidente Petro. La verdadera incógnita es cuál será la narrativa política que buscará consolidar de cara al final de su mandato y al período posterior a la entrega del poder.

La voluntad popular no admite sustitutos

En una democracia, la única fuente legítima del poder es la voluntad del pueblo expresada en las urnas. Los resultados oficiales otorgaron a Abelardo de la Espriella el respaldo mayoritario de los colombianos y, por esa decisión soberana, será él quien represente a la Nación y ejerza la Presidencia de la República durante el próximo período constitucional. Ese mandato no puede ser relativizado mediante narrativas de persecución, llamados a la confrontación o intentos de deslegitimar el resultado electoral.

¿Gustavo Petro será un expresidente libre, expresidente fugitivo o un expresidente presidiario?  Solo la historia lo dirá.

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.