Opinión

Saturados

Seguimos atropellados emocionalmente por los hechos diarios, uno peor que el otro, inmovilizados por la saturación de malas noticias. Preguntas aún sin respuesta

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septiembre 14, 2021
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Saturados
¿Puede ser aceptable tener estos niveles de pobreza, de profunda desigualdad, de injusticia social como parte del panorama de nuestro país?

Fue necesario salir del país para lograr entender lo que me está sucediendo a mí y probablemente a muchos colombianos. Hacer un inmenso esfuerzo para mirar noticieros, para leer en general esas noticias trágicas de Colombia, para escuchar las posturas de este gobierno y de sus funcionarios. Agotamiento emocional y desasosiego ante el futuro incierto que nos espera. Y buscando la mejor forma de describir ese cruce de sentimientos entre conocer la realidad y lograr la paz de espíritu necesaria para poder pensar, encontré la palabra que mejor describe la situación descrita: saturación. Saturación de tantas noticias que conmueven el alma por muertes evitables de personas inocentes, de líderes sociales que estaban luchando por un país mejor, de esa politiquería que solo plantea peleas de egos, de esos niveles absurdos de corrupción. Saturación de este mundo en que vivimos en el cual la esperanza empieza a perderse, entre otras, por una campaña política desabrida, con más nombres que propuestas esperanzadoras.

Sí, es cierto que el mundo entero está golpeado y aun en los países donde la vida se recupera se siente el impacto de la peor crisis de los últimos 100 años. Pero a diferencia de lo que nos está sucediendo en Colombia, en algunos países poco a poco la gente vuelve a hacer proyectos de vida, a pensar en su entorno inmediato porque tienen un gobierno y una institucionalidad que hace el esfuerzo de garantizar derechos. Salir a la calle y muerte no se asocian como nos sucede a nosotros. Claro que hay críticas al gobierno, a la clase dirigente, al sector privado, pero todavía se les otorga el beneficio de la duda. Pero queda algo de credibilidad en los que ostentan el poder, algo que la mayoría de nosotros ha perdido.

Pero cuando se sale a caminar para poder pensar, este ejercicio se hace sin ese miedo que vivimos actualmente en nuestro país. Y se puede soñar con un futuro porque la cotidianidad no abruma, sino que deja espacio para empezar a construir. Y eso lo hemos perdido nosotros que seguimos atropellados emocionalmente por los hechos diarios, uno peor que el otro. Pero es necesario salir de la inmovilidad que produce la saturación de malas noticias para empezar a construir.

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Un nuevo gobierno  debe romper este círculo perverso en que nos encontramos donde además se nos llenó de odio el debate político

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Un nuevo gobierno que debe romper este círculo perverso en que nos encontramos donde además se nos llenó de odio el debate político. Pero para ello esta campaña presidencial debe dar un giro sustantivo si de verdad se desea generar el espacio para salir de sentirnos saturados. Dónde está ese proyecto de país que sale de una evaluación objetiva de nuestro pasado inmediato. Que hicimos bien, pero sobre todo que hemos hecho mal para que la pandemia nos haya dejado en esta situación. Entender en que fallamos para no repetir errores, exige salirnos de este juego de egos que nos están presentando los candidatos a la presidencia para pasar realmente a los puntos críticos en que debemos ponernos de acuerdo. Unas preguntas que aún no tiene respuesta.

Primero: ¿Puede Colombia seguir en guerra sin destruir todo lo positivo que tenemos?

Segundo: ¿Puede ser aceptable tener estos niveles de pobreza, de profunda desigualdad, de injusticia social como parte del panorama de nuestro país?

Tercero: ¿Puede seguir nuestro país con la debilidad institucional a la que hemos llegado en el poder Judicial, en el Ejecutivo y en el Legislativo?

Cuarto: ¿Puede existir democracia cuando los partidos políticos llegaron a este nivel de corrupción, de falta de liderazgo y de carencia total de la ideología que los identifique y diferencie?

Quinto: ¿Puede la sociedad colombiana construir futuro con esas inmensas brechas sociales y económicas que lejos de resolverse se agravan?

Sexto: ¿Puede seguirse manejando este país desde el centro ignorando la riqueza que implica tener tantas regiones tan diversas?

Octavo: ¿Puede seguirse aceptando que solo los hombres tienen la capacidad de manejar el poder en una sociedad donde desde la conquista las mujeres han sido claves en el desarrollo nacional?

Noveno: ¿Puede Colombia ignorar que su forma de desarrollo hasta hoy sencillamente no es viable ni en términos económicos ni sociales ni ambientales?

Décimo: ¿Puede este país seguir con esta absurda concentración del poder económico y político que la está destruyendo por estar cruzada por el odio, la insolidaridad y la ambición desmedida de unos pocos?

Empecemos a plantearnos respuestas a estas inquietudes a ver si logramos salir de este estado de ánimo que ha saturado nuestro espíritu.

E-mail [email protected]

www.cecilialopez.com

 

 

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