Desde el cielo, cuando los aviones inician el descenso hacia San Andrés, o cuando despegan dejando atrás la pista rodeada de mar, aparece la imagen que ha hecho famosa a esta isla del Caribe: una sucesión de tonos azules y verdes que no se repite en ningún otro lugar. Son franjas, manchas y degradados que cambian con la profundidad, con la luz y con el movimiento del agua. Es el llamado “mar de los siete colores”, considerado por muchos como el más bello del planeta.
La explicación de ese fenómeno no es una sola. En esas aguas coinciden fondos arenosos claros, extensas formaciones coralinas, variaciones en la profundidad y una alta presencia de fitoplancton. La barrera de coral actúa como filtro natural, modificando la forma en que la luz penetra y se refleja. El resultado es una superficie que, vista desde el aire, parece segmentada en distintos tonos, como si se tratara de la paleta de un pintor. Desde tierra, en cambio, el efecto es más sutil, pero igual de evidente en días despejados.
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San Andrés:una historia compleja
El archipiélago no solo es un atractivo turístico. También es un territorio con una compleja historia de arraigo y pertenencia a Colombia, pese a su ubicación geográfica: San Andrés y Providencia está a más de 643 kilómetros del territorio continental colombiano y a unos 160 kilómetros de Nicaragua. Esa cercanía ha alimentado durante décadas disputas diplomáticas y jurídicas.
Sin embargo, la relación con Colombia tiene raíces que se remontan al siglo XIX. En 1822, poco después de la independencia de la corona española, el archipiélago decidió adherirse a la entonces Nueva Granada, lo que consolidó su vínculo político con el país. Antes de eso, las islas habían sido escenario de ocupaciones alternadas entre ingleses y españoles, además de refugio de piratas y punto de paso para navegantes.
Durante el siglo XVII y XVIII, colonos ingleses se asentaron en el territorio junto a personas esclavizadas provenientes de África. Esa mezcla dio origen a la comunidad raizal, que hoy es reconocida como grupo étnico con identidad cultural propia. Con el paso del tiempo, la población se diversificó con la llegada de migrantes del Caribe, de Asia y del continente colombiano, especialmente tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX.
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La disputa más reciente por el territorio se formalizó en el siglo XX. En 1928, Colombia y Nicaragua firmaron el tratado Esguerra-Bárcenas, mediante el cual Managua reconocía la soberanía colombiana sobre el archipiélago. Décadas después, Nicaragua cuestionó ese acuerdo y llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia. En 2012, el fallo ratificó la soberanía de Colombia sobre las islas, pero redefinió los límites marítimos, otorgando a Nicaragua una porción importante del mar circundante.
Tesoro de biodiversidad
Ese mar, sin embargo, sigue siendo uno de los mayores activos naturales del país. En el año 2000, la UNESCO declaró la zona como Reserva de Biosfera Seaflower, una de las áreas marinas protegidas más extensas del Caribe. Allí se encuentra una de las barreras coralinas más grandes y mejor conservadas de la región, lo que explica en parte la diversidad de colores y la riqueza de especies.
El desarrollo económico del archipiélago también ha estado marcado por decisiones clave. Durante años, la economía giró en torno al cultivo de coco. Pero, en 1953, el gobierno colombiano declaró a San Andrés como puerto libre, lo que impulsó el comercio y atrajo visitantes. Con el tiempo, el turismo se convirtió en la principal actividad, acompañado por la pesca.
Hoy, la isla recibe viajeros que buscan precisamente lo que se ve desde el aire: un mar que cambia de color según la hora del día, la profundidad y las condiciones del clima. Esa singularidad ha llevado a comparaciones inevitables. En listados internacionales de destinos con las aguas más espectaculares, San Andrés suele ocupar el primer lugar, seguido por Bora Bora, luego por los atolones de Maldivas y por Grace Bay. En América Latina también hay referencias obligadas. Los Roques y Fernando de Noronha son mencionados con frecuencia por su transparencia y biodiversidad. Sin embargo, incluso entre esos destinos, el mar de San Andrés mantiene una característica difícil de replicar: la combinación específica de factores que produce sus siete colores.
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