Saber evaluar, la clave del éxito escolar

"Evaluar es valorar la integralidad de la formación humana; es potenciar y posibilitar que los estudiantes avancen en sus conocimientos"

Por: José Darwin Lenis Mejía
septiembre 25, 2017
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Saber evaluar, la clave del éxito escolar

La evaluación escolar se ha convertido en un asunto de suma importancia para los maestros, estudiantes, familias y en especial para las instituciones escolares. Al punto que el MEN sancionó en el año 2009 el decreto 1290, que crea los sistemas de evaluación escolares institucionales para acercar las singularidades de los modelos evaluativos de forma pertinente al contexto de valoración, participación y motivaciones de los Proyectos Educativos Institucionales (PEI).

Hoy, el concepto evaluación en su movilidad y complejidad es tan grande que no es entendido por el común de la gente. Históricamente evaluar era “recitar” conocimientos necesarios para una nota numérica. Ahora, el vocablo evaluar se vincula a movilizar saberes a modo de competencias de valoración más cualitativas y por tanto menos tangibles. Para los padres de familia, las confusiones y preocupaciones radican cuando reciben en los colegios los famosos informes académicos finales o de período (boletines).  Preguntas como ¿Profe, pero mi hijo va mal, regular o bien? ¿Profe, pasó el año o le toca recuperar? ¿Cómo así, ganó el año, pero sigue en superaciones? dejan importantes dudas sobre los trabajos de socialización y capacitación que tienen que hacer los colegios a los padres sobre los informes académicos. Igualmente muestran el poco seguimiento, acompañamiento y capacitación de las secretarías de educación  sobre los sistemas de evaluación vigentes.

La evaluación equívocamente se asocia más a formalizar procesos cognitivos (saber conocer) que actitudinales o emotivos (saber ser-convivir). Por ello, la importancia de que los maestros se pregunten entre otras cosas qué evalúan, para qué y cómo evalúan. Saber evaluar va más allá de una nota, determina que tan incluyente es una institución educativa, que niveles de equidad y participación están presentes en los procesos formativos. Además de la terrible afectación económica y social que significa la pérdida del año escolar. Para Perrenoud, evaluar es impulsar a los estudiantes para que alcancen éxitos escolares. En este sentido, no se entiende todavía por qué muchos maestros e instituciones confunden evaluación por objetivos, logros, indicadores, desempeños  o competencias, que se mezclan en los boletines sin criterio alguno. Se privilegia más paradigmas de contenidos y dimensiones humanas de los niños, que los procesos y las competencias en desarrollo que potencien sus saberes, talentos e inteligencias. Incluso se confunde examen como forma de evaluación integral, lo que en sí mismo es un sinsentido pedagógico y una manera de desconocer los fines de la educación.

Evaluar es valorar la integralidad de la formación humana; es potenciar y posibilitar que los estudiantes avancen en sus conocimientos, reconozcan sus oportunidades de mejorar, motiven sus intereses y sobre todo, aprecien que tanto pueden movilizar desde sus talentos e inteligencias a la hora de hacer, decir, pensar, sentir y convivir en la escuela y en la sociedad. Evaluar es una cuestión no solamente de fabricación de jerarquías categoriales superior, alto, básico y bajo o de competencias formales de orden interpretativo, argumentativo y propositivo. Evaluar bien es promover el éxito y no el fracaso escolar (situación donde el niño deserta, pierde el año o no interioriza las competencias que requiere saber), puesto que la evaluación puede interpretarse como la interiorización de los aprendizajes, diferente a selección, exclusión y discriminación de quien sabe más o menos un saber. Por tanto, los maestros e instituciones les corresponden modificar los arquetipos de sus prácticas pedagógicas, ancladas en el pasado de sancionar y castigar a través de la evaluación.

En la educación contemporánea, prevalece la evaluación formativa y la regulación de saberes, de comunicación asertiva o de la didáctica para los aprendizajes propios y auténticos. Es por todo lo anterior, responsabilidad del MEN, de las secretarías de educación y de los colegios democratizar la evaluación, las intervenciones docentes y así abandonar las violencias simbólicas arraigadas en la evaluación como proceso doloroso, sancionatorio y causante de la deserción escolar que para Colombia, está en 3.8% del total de la matrícula nacional, que es de más de 10 millones de niños, niñas y jóvenes.

Tienen el MEN y las secretarías de educación una responsabilidad altísima en el control de estas situaciones y procesos escolares al pensar la formación de docentes que sepan evaluar y posibiliten mirar la evaluación como una forma de mejoramiento y de autoformación. Si no se prioriza, piensa y establece en los colegios el proceso evaluativo con toda la comunidad educativa en términos de una ruta que fomente una cultura de la evaluación más sistemática, formativa y continua; difícilmente podremos hablar de valorar una formación integral. El reto para las instituciones es tener de forma permanente variadas actividades de formación para los antiguos y nuevos padres de familia sobre los sistemas de evaluación y su participación directa en la modificación o actualización de los mismos. Para los maestros comprender que la evaluación es también una forma de saber que tan buen maestro se es, al acuñar la frase “dime como evalúas y te diré que tan buen maestro eres”

Formular planes de mejoramiento y retroalimentar a la comunidad educativa sobre las metas de baja repitencia es una obligación de las instituciones, para que la evaluación así, no se convierta en una forma de poder/sanción y una norma incuestionable.

Finalmente, una de las finalidades fundamentales de evaluar bien es integralmente ser una herramienta de reflexión, aprendizajes e inclusión educativa de muchos niños y jóvenes. Por ello, instituciones y profesores, a pensar bien este asunto, no sea que se aplique el dicho popular que dice “con la misma vara que mides serás medido”.

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