Roberto Prieto y Andrés Giraldo, historia de una amistad atravesada por los negocios

Sus esposas Guiomar Isaza y Celene Bolívar los acercaron y funcionan como dos familias inseparables ¿Cómo entraron a jugar Otto Bula y Luis Fernando Arboleda?

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marzo 26, 2017
Roberto Prieto y Andrés Giraldo, historia de una amistad atravesada por los negocios

La Universidad Eafit de Medellín está en el centro de las vidas de Roberto Prieto y Andrés Giraldo, y de sus respectivas esposas, Guiomar Isaza Velásquez y Celene Bolívar Puerta. Fueron estas dos compañeras de estudio de Contaduría Pública quienes tejieron los lazos de amistad entre las dos parejas volviéndose unas familias inseparables atravesadas por intereses y negocios.

Celene y Guiomar se conocieron en el aula de clase y en la cafetería universitaria. La primera, hija de Tulio Bolívar, un agricultor de Ciudad Bolívar, del suroeste antioqueño, quien se había propuesto lograr que sus hijos estudiaran en Medellín. Guiomar, proveniente de una familia raizal quindiana, nacida en Armenia, también quiso formarse en uno de los centros de estudio de la élite antioqueña.

Andrés Giraldo, nacido en una modesta familia de cinco hijos en Valparaiso, otro pueblo cafetero del suroeste antioqueño, también llegó a Eafit. Allí conoció a Celene quien luego sería su esposa y a Roberto Prieto, quien una vez concluyó su carrera de Economía en el Externado viajó a Medellin a realizar una especialización en Mercadeo en la misma universidad, donde además conoció a Guiomar Isaza, su futura esposa.

Inseparables desde entonces, pronto Bogotá entró en el radar de las aspiraciones laborales, en el que Roberto Prieto, por cuenta de las conexiones de su papá Luis Prieto Ocampo, se convertiría en la palanca para acceder al mundo capitalino, lejano para los otros tres compañeros universitarios.

Las conexiones de Luis Prieto Ocampo, el papá de Roberto, fueron claves en el arranque de los dos amigos.

Aunque oriundo de Manizales, Luis Prieto Ocampo, se había hecho a un nombre en Bogotá. Tras el asesinato de Luis Carlos Galán, de cuya campaña fue el gerente, migró a la candidatura de César Gaviria en la que supo posicionarse. Ya en la Casa de Nariño, Gaviria lo nombró en 1990 en la Presidencia del Banco Cafetero, en ese entonces de propiedad del Estado, y posteriormente embajador en el Reino Unido.

Fue precisamente en Bancafé, el primer puerto de entrada de Andrés Giraldo a Bogotá. En 1994 fue nombrado Contralor General del banco y desde allí empezó a tejer las relaciones sociales y profesionales que le serian de gran utilidad futura.

Asi como para Giraldo, su historia está atada a la familia Prieto y a Bancafé, para Roberto Prieto su juego tiene un nombre: Juan Manuel Santos. Lo conoció en 1997 cuando Germán Cardona, otro manizalita quien fue el primer ministro de Transporte y luego embajador en Roma de Santos I, lo propuso para que lo reemplazara en la gerencia de la primera aspiración presidencial de Santos.

Con treinta años, Prieto aceptó gerenciar la precandidatura dentro del Partido Liberal, un intento fallido en el que fue escogido Horacio Serpa. Lo acompañaron antiguos subalternos suyos en el Ministerio de Comercio Exterior: Juan José Echavarría, Catalina Crane y  Gabriel Silva. Aunque las cosas no salieron quedó sembrada la semilla con una estructura armada, la Fundación Buen Gobierno, para su tránsito definitivo a la política y su aspiración presidencial, con Roberto Prieto director.

La relación de Prieto con Santos se estrecha en la pre-candidatura presidencial de Santos en 1997 después de haber sido Ministro de Comercio de Gaviria.

Con la experiencia de Bancafé en un cargo nacional y una ambición enrutada a los negocios financieros, Andrés Giraldo regresó a Medellín a ponerse a la cabeza de Multivalores, la comisionista de bolsa de su primo Jaime Gómez y su amigo Jorge Escobar. Una aventura de la que salió muy mal librado, con multas por operaciones irregulares con dineros de los clientes.

Levantó cabeza y de regreso a Bogotá se valió de su experiencia en el mundo cafetero para acercarse de nuevo al sector público bajo el ala de Prieto y Santos, ayudando en el 2001 a impulsar la candidatura de Gabriel Silva Luján, del primer anillo santista, a la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros. Un soporte en este propósito fue el dirigente antioqueño Luis Ignacio Múnera Cambas  tío de la primera dama María Clemencia Rodriguez  Múnera. Desde el Congreso, el aliado fundamental de Silva fue el senador Mario Uribe Escobar, condenado por parapolítica, con el gran poder parlamentario, quien ya se perfilaba como socio principal de la campaña presidencial de su primo Álvaro Uribe Vélez.

Fue en este escenario en el que apareció el congresista cordobés Otto Bula. Tenía en su haber la organización de la campaña de Mario Uribe en los departamentos de la Sabana Caribe e hizo parte de su lista para el Senado. Andrés Giraldo, el senador Mario Uribe Escobar y por carambola  el político Otto Bula terminaron unidos en un empeño que llegó a feliz término con la llegada de Gabriel Silva en el 2002 a la gerencia de la Federación de Cafeteros, donde permaneció siete años en un cargo clave para el propósito final que los unía: la presidencia de Juan Manuel Santos Calderón.

Andrés Giraldo y el excongresista Otto Bula se habían conocido 15 años atrás en la campaña de Gabriel Silva para la gerencia de la Federación de Cafeteros.

A pesar del paso del tiempo, Bula no era un nombre extraño en el mundo político y menos en las vidas de Giraldo y Prieto, a quien habían conocido quince años atrás en un momento importante para el santismo y a Giraldo lo habían reencontrado en el trajin politico cuando promovía créditos de alcaldías y gobernaciones para Findeter, liderado por otra ficha de Roberto Prieto, el manizalita Luis Fernando Arboleda. Cuando Bula apareció en la campaña del 2014 no fue difícil ubicarlo, era de alguna forma un viejo conocido.

Bien sentado en la fundación Buen Gobierno, desde donde Santos estructuró, apoyado por el presidente Uribe, la estrategia electoral y la financiación, el paso de Roberto Prieto a la gerencia de la campaña  presidencial avalada por el Partido de la U, resultaba casi natural.

El triunfo electoral afectó positivamente la vida de todos y muy especialmente la del gerente de la campaña ganadora. Todo indicaba que entraría a ocupar la Secretaría General de la Presidencia, pero éste prefirió mirar hacia Washington y la representación de Colombia y Perú en el BID. Santos lo nombró como había ocurrido ocho años antes con Luis Guillermo Echeverry, cuando Álvaro Uribe hizo lo propio, por solicitud personal de su padre Fabio Echeverry quien había sido uno de los arquitectos del inesperado triunfo uribista en el 2002. Así como Luigi Echeverry aprovechó su permanencia en Washington, entre otras cosas, para dinamizar el negocio de exportación de caballos de polo criados en la finca familiar de Subachoque, Prieto se enfocó en el negocio de  la infraestructura desde el más alto nivel de la Banca Multilateral.

Para avanzar en su estrategia dejaba un socio ideal en Colombia: Luis Fernando Arboleda. Había conseguido su nombramiento en la gerencia de Findeter. Coterráneo y amigo suyo, colaborador en la campaña santista, al igual que su hermano Carlos Arboleda, había trasegado en la política de la mano del político caldense Luis Guillermo Giraldo primero en el Partido Liberal y luego en la U, Arboleda contaba con toda la confianza de Prieto. Findeter como banco de segundo piso encargado de administrar recursos y financiar proyectos de inversión pública a nivel territorial en alcaldías y gobernaciones, con un robusto presupuesto cercano a los $7.2 billones para impulsar obras de infraestructura, era el socio perfecto.  Pero además a través de Findeter contaba con la información de primera mano de los bancos de proyectos de infraestructura del  país, para orientar recursos incluso desde el BID, para contratar los servicios en comunicaciones y publicidad de la empresa familiar Marketmedios. Una verdadera moñona a la que Prieto supo sacarle tres años jugo, con un alfil haciendo de visagra con Findeter: Daniel Arboleda Cortes, el hijo del presidente de la entidad a quien se había llevado como secretario privado.

Con Findeter de su lado, Prieto podía contar con los diferentes bancos de proyectos de infraestructura. Prieto logró luego que la ministra de Comercio Exterior en el 2014, Cecilia Álvarez, con quien Daniel había interactuado como ministra de Transporte desde el BID con los proyectos de infraestructura, lo nombrara en la Oficina de la OMC en Ginebra, Suiza, donde aún permanece.

Prieto se llevó a Daniel Arboleda, el hijo del gerente de Findeter como secretario suyo al BID para articular los créditos de infraestructura en los que terminó beneficiado Marketmedios.

El enlace entre Colombia y Washington fluía fácil al punto que pronto, en el 2012 Prieto y Arboleda lograron echar a andar el programa Ciudades emblemáticas, ciudades sostenibles, una alianza entre el BID y Findeter que abrió una catarata de créditos regionales. La Procuraduría está investigando la manera como Roberto Prieto pudo haber direccionado recursos para la contratación de empresa familiar Marketmedios.

Andrés Giraldo no se quedó al margen de estas movidas. Entró a formar parte del  ambicioso plan de infraestructura y cumplía un rol, en muchos casos informal, como promotor de crédito y estructurador de proyectos en las regiones para acceder a los créditos de Findeter. Un ejercicio en el que políticos locales con presencia regional, como Otto Bula también entraron a jugar.

Ad portas de la reelección del 2014, Juan Manuel Santos llamó a cerrar filas al equipo directivo que lo había llevado a la Presidencia cuatro años atrás. El gerente sería de nuevo Roberto Prieto quien renunció al BID después de tres años gratos en Washington para regresar a Bogotá a enfrentar la estrecha contienda con un duro rival: Álvaro Uribe Vélez y su candidato Óscar Iván Zuluaga.

Cuando Otto Bula declaró en la Fiscalía que el receptor de USD 1 millón para ser entregados a Roberto Prieto como gerente de la campaña de Santos, era un señor llamado Andrés Giraldo, sabía muy bien de quien estaba hablando. Y la Fiscalía también.

Solo alguien con una confianza probada en el tiempo como la de Giraldo con Prieto habría podido servir de emisario de una tarea tan delicada como la de recibir recursos en efectivo, por fuera de la contabilidad, como contó Bula.

El escándalo alrededor de Roberto Prieto y Andrés Giraldo por la entrada del USD 1 millón de Oderbrech a la campaña de Santos, está en la superficie de un entramado de mucho fondo en el que los dos amigos pueden terminar muy mal parados y sus esposas, las dos amigas y compañeras de estudio, Celene Bolívar y Guiomar Isaza, deberán servir de consuelo en la adversidad, de la misma manera en que  en otras circunstancias han sido cómplices en los ratos gratos  de viajes compartidos y estancia en los apartamentos de  Brickell en Miami o Boca Ratón que posee Roberto Prieto en la Florida.

Allí se encontraba precisamente cuando Otto Bula inesperadamente prendió el ventilador y lo colocó en el centro de la tormenta. Desde Miami intentó con una confusa comunicación confundir a la opinión pública, negar todos los señalamientos y lavarse las manos de cualquier responsabilidad, convencido, con la autosuficiencia de un poder que ya no tiene, de que la bola de nieve no iba a crecer. Pero al contrario, lo desbordó.

Los dos amigos tienen mucho que contar, y ojalá no entren en contradicciones que terminen enfrentándolos. Deberán explicarle a la Fiscalía la ruta de unos dineros turbios  que no se saben en cuál cuenta terminaron, asi como el origen de los recursos con los que han adquirido, en corto tiempo, bienes casi todos en el extranjero o a nombre de terceros; muchos de éstos en los últimos 7 años, desde cuando Roberto Prieto se disparó como un meteorito con su amigo Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño.

 

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