¿Quiénes son los verdaderos conservadores?

"Muchos de los que dicen serlo no solo abandonaron el programa, sino que han contribuido al debilitamiento de la colectividad". A raíz de la próxima convención azul

Por: Raúl de J. Roldán Álvarez
octubre 30, 2020
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¿Quiénes son los verdaderos conservadores?

¿Continuarán siendo conservadores aquellos que dicen serlo, pero se han convertido en los adoradores y aduladores del exmandatario Álvaro Uribe Vélez, a quien consideran un modelo de conservador a seguir? Respondámonos este interrogante a la luz del programa que sirvió de base para fundar el Partido Conservador en Colombia.

Programa conservador de 1849 de Caro y Ospina

El conservador no tiene por guía a ningún hombre; eso es esencial en su programa.

Si alguno o muchos de los hombres eminentes del partido se apartan del programa, el partido los abandona, los rechaza.

El partido conservador no acepta ningún acto ejercido a su nombre contra su programa; ninguna aserción que esté en oposición con estos principios, sea cual fuere su procedencia.

El partido conservador no quiere aumentar sus filas con hombres que no profesen teórica y prácticamente los principios de su programa; por el contrario, le convendría que, si en sus filas se hallan algunos que no acepten con sinceridad estos principios, desertasen de una vez.

Por eso, muchos de los que dicen ser conservadores y se han convertido en adoradores y aduladores del expresidente Álvaro Uribe Vélez al que han erigido como su caudillo, no solo abandonaron el programa, sino que han venido contribuyendo al debilitamiento progresivo de la colectividad azul.

Uribe no es fuerte por sí mismo, es fuerte porque aquellos que dejaron de creer en el programa conservador, comenzaron a votar por aquel y por lo que él señalaba como apropiado en el marco de una real politik.

Por eso el Dr. Uribe Vélez expresa que es de “centro”, para poder justificar, en nombre de los que abandonaron sus respectivos partidos, la adhesión a sus posturas personales y no a un programa político concreto: causa esta que ha terminado, con su discurso en contra del castrochavismo, por convertirse en la de muchos de los que han militado en un partido de derecha como el conservador e, incluso, en la de muchos que afirman ser liberales o defendieron otras posturas políticas en el pasado.

Algunos que se creen aun conservadores afirman que ellos están con Álvaro Uribe Vélez, porque este es un conservador en sus hechos. Las preguntas que deben formulársele a estos, de manera concreta, son las siguientes: si este exmandatario es tan conservador, ¿por qué no se matriculó en el Partido Conservador, comenzó a defender el programa de 1849 y se convirtió en su máximo dirigente?, ¿por qué en vez de esto, Álvaro Uribe Vélez prefirió fundar, en pocos años, dos movimientos políticos cuyos miembros, de muy diversa militancia, estuvieron en sectores de la derecha, de la izquierda, en organizaciones sindicales e, incluso, hasta en algunos bandos de la guerrilla, entre otros?, ¿cuál fue su intención al mezclar personajes de tan diversa estirpe?, ¿qué es lo que, desde el punto de vista ideológico, defienden los movimientos que ha conformado?

Creo que el caudillismo ejercido por el expresidente Uribe Vélez terminó debilitando la institucionalidad política en general, ya que los partidos políticos históricos cedieron su liderazgo y lo pusieron en sus manos desatendiendo, por tanto, sus respectivos programas históricos.

Hoy, como una pequeña muestra de los impactos que ha tenido el referido caudillismo del Dr. Uribe Vélez al interior del conservatismo, podemos observar cómo una Tertulia tradicionalmente Conservadora como la fundada en el antiguo Club Unión hace 46 años por Carlos Vélez Londoño y Álvaro Arango y que hoy se reúne en el Hotel Sheraton, continúa hablando en nombre de los conservadores mientras la mayor parte de sus miembros, incluyendo a su director, pertenecen al Centro Democrático y son denodados seguidores del referido exmandatario. Al respecto, es necesario sincerarnos y aceptar que no se puede ser conservador de verdad, en términos legales y legítimos, cuando alejados del programa del Partido Conservador, creemos defender su programa e ideología. ¡O se es del Partido Conservador o se es del Centro Democrático, pero por defender el liderazgo particular de alguien, no se puede ser de ambos!

Pero es positivo hacer un poco de historia y apreciar cómo se va dando presentado en el tiempo dicha desatención al programa del Partido Conservador en aquellos tristes antecedentes como el relacionado con el papel que jugó en Antioquia, en la primera mitad del siglo 20, el cacique conservador de Marinilla, Román Gómez Gómez, cuando decidió en 1930 apoyar al liberal Enrique Olaya Herrera, generando un cisma al interior de la colectividad azul tan profundo como el que generaron, después, los expresidentes Laureano Gómez Castro y Mariano Ospina Pérez en la década de los 50 del siglo XX.

Pero, aparte de los importantes antecedentes enunciados, el que a mi parecer es definitivo ─que algunos lo han considerado una solución a la violencia política que vivía el país─ y que, de fondo, representa el inicio de la caída formal de la institucionalidad política colombiana que hoy estamos padeciendo, es el representado por el denominado “Frente Nacional”…

16 años de alternancia del poder entre conservadores y liberales desalentó el liderazgo en pro de la defensa de los programas, principios y presupuestos de dichas colectividades, en tanto, ya se sabía de antemano qué partido iba a gobernar. Esto terminó traduciéndose en componendas y acuerdos entre los dirigentes de dichas colectividades que, a la postre, fueron sirviendo de modelo para quienes, posteriormente, han venido representando a las mismas, en tanto, las han convertido en sentinas de intereses alejados de cualquier grandeza ideológica.

Casuística política real de lo que pasó después del Frente Nacional, puede apreciarse en Antioquia, en los acuerdos entre el conservador Álvaro Villegas Moreno y el Liberal Bernardo Guerra Serna, para seguirse, de algún modo, alternando el poder en este departamento, lo cual llevó, posteriormente, a una balcanización de los Partidos Conservador y Liberal en una cantidad de microempresas electorales que no obedecían a programa político alguno, sino a los intereses particulares de quien lograba invertir cierta cantidad de dinero y se hacía elegir como Congresista. A este respecto, nacieron movimientos como el Sector Democrático derivado del liberalismo bajo las órdenes de Álvaro Uribe Vélez; el Unionismo Conservador bajo la tutela inicial del médico Ignacio Vélez Escobar y, posteriormente, de Luis Alfredo Ramos Botero; el Coraje de la mano de los dirigentes valderramistas Fabio Valencia Cossio y Juan Gómez Martínez, entre muchos otros, que obtuvieron su propia personería jurídica y terminaron, como era de suponerse, distanciándose de la doctrina que les aportó el discurso político que continúan utilizando hoy sin autoridad moral, si se entiende que se distanciaron de los partidos políticos que los presentaron en sociedad.

Tan desafortunado panorama político dio paso al desdibujamiento total y la flagrante pérdida de la voluntad de poder de los partidos políticos tradicionales, representados en pervertidas negociaciones burocráticas y contractuales de los congresistas actuales, a los que no les importa la ideología política del aspirante, siempre y cuando, este respete el negocio pactado y les dé la oportunidad de recuperar el dinero invertido en sus campañas y "ahorrar", por cuenta del Estado, para las siguientes. ¡Círculo vicioso este al que se oponen las nuevas generaciones de ciudadanos, pero, infortunadamente, optando por apoyar movimientos desestabilizadores, a la larga, quizás más inconvenientes para la democracia de lo que son los partidos tradicionales!

Ante dicha realidad, dejo como corolario los siguientes interrogantes a raíz de la próxima convención conservadora programática virtual a realizarse el próximo 21 de noviembre:

¿Qué valemos para quienes dicen representarnos los miembros de la colectividad azul que a diario reclamamos la defensa de los principios y presupuestos del Partido Conservador?

¿De qué sirven unas convenciones de partido organizadas y teledirigidas por unos congresistas a los que solo les importa negociar el programa que juraron defender, garantizar los avales de sus lugartenientes y aprovechar el presupuesto que tiene el Partido Conservador para sostener unas sedes departamentales que escasamente visitan los conservadores de verdad?

¿Qué sentido tiene que quienes dicen ser conservadores no están enfocando sus esfuerzos en fortalecer nuestra colectividad, sino en privilegiar los objetivos propuestos por un caudillo o un congresista?

* Contador Público y Licenciado en Educación de la Universidad de Antioquia. Exmiembro de la Junta Directiva de las EPM en representación de los usuarios por tres periodos de gobierno. Exconcejal conservador de La Ceja. Exsecretario General de la Asocomunal Medellín.

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