Opinión

¿A quién le gusta perder?

Se equivocan quienes proponen que debemos aceptar con resignación perder una batalla. Las conquistas de los trabajadores casi siempre han sido producto de la lucha colectiva, y nos quieren prohibir seguir ese camino.

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Marzo 06, 2018
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¿A quién le gusta perder?
“Lo que deberán hacer los pilotos sindicalizados, agotar los recursos judiciales nacionales, recurrir a las instancias internacionales y hacer una autorreforma sindical”. Foto: El Universal

A nadie le gusta perder. Somos competitivos por naturaleza. Hasta un amistoso de fútbol lo queremos ganar.

Estoy seguro que cuando el capitán Jaime Hernández y toda la junta directiva de Acdac, el sindicato de pilotos de Avianca, decidieron que el camino para lograr que esa empresa se sentara a negociar realmente con ellos una convención colectiva era la huelga, pensaban en romper la estrategia de la sordera y la ilegalidad de la empresa.

No se les ocurrió, que con la complicidad de la ministra de Trabajo, esta historia terminara en la carnicería que estamos viendo a través de todos los medios de comunicación con el título de procesos disciplinarios.

Tampoco lo pensaron los dirigentes de la Unión Sindical Obrera – USO- en la huelga de 2004 y aun así terminaron con 258 despedidos. Tampoco lo pensaron los compañeros de Sintracerromatoso o Sintravidricol. Tampoco lo pensaron los compañeros de los sindicatos en la empresa Aguas de Bogotá, que peleaban porque el servicio del aseo siguiera siendo público y se protegieran los más de 1300 puestos de trabajo que se habían creado en la administración pasada.

Tampoco lo pensó la USO la semana pasada, cuando en defensa de los derechos laborales de 1500 trabajadores tercerizados en Barrancabermeja se declaró un cese de actividades para que se pague el trabajo dominical de acuerdo a la ley. Absurdo tener que hacer huelgas para que se cumplan las leyes laborales en la principal empresa del Estado.

¿Será que no son los mejores días para los trabajadores y que nos sobran las dificultades y los obstáculos? ¿Por qué ocurre esto?

Primero. Se lucha contra poderosos intereses económicos con gran respaldo político. No se puede subestimar el poder del contradictor. Se está luchando contra el establecimiento. Se unen las instituciones para no garantizar el goce y disfrute de los derechos. Se unen con facilidad el Ministerio del Trabajo, la Rama Judicial y la empresa privada. En Barrancabermeja, por ejemplo, se unieron Ecopetrol y la Personería Municipal para deslegitimar la protesta. La única fuerza que tienen los trabajadores es la unidad y la resistencia, pero los poderosos lo tienen todo, desde el aparato institucional, hasta el aparato militar.

Segundo. Los esquiroles. Toda la vida los ha habido y aunque la ley aparéntenme prohíbe el esquirolaje durante la huelga, el establecimiento le da cómodas formas de vivir, mientras los utiliza para sus intereses económicos. Siempre se han beneficiado de las luchas de los sindicatos, pero no mueven un dedo a la hora de protestar, parar, movilizarse. Son los polizones de toda causa. Todo lo que tienen o de lo que disfrutan es producto de la lucha de los comprometidos, de sus sacrificios. La ley les permite beneficiarse de las conquistas de los obreros sin ninguna contraprestación. No se sonrojan por ello.

Las luchas de los trabajadores y trabajadoras han sido difíciles y en Colombia lo han sido más todavía.  Históricamente en nuestro país se ha propiciado la violencia contra el movimiento sindical, los medios de comunicación y la institucionalidad son abiertamente antisindicales. Las luchas de los trabajadores por mejores condiciones de vida son a su modo de ver, “injustas y desproporcionadas”.

Nadie cuestiona los capitales que incrementan las empresas con el esfuerzo de los trabajadores y que no se distribuyen. El Estado paradójicamente les genera a las empresas mejores condiciones para que sigan acumulando riquezas a través de exenciones tributarias y flexibilización laboral. El mejor sindicato, para los poderosos y sus bufetes de abogados, es el que no existe.

Siempre es mejor luchar, y es el camino que cientos de miles hemos escogido. Callar ente las injusticias es inmoral. Siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. Siempre será mejor intentar y fracasar en el intento. Las conquistas de los trabajadores casi siempre han sido producto de la lucha colectiva, de la lucha sindical y nos quieren prohibir seguir ese camino.

 

 

 ¿Cómo lograron recientemente los trabajadores de Indupalma
el camino a la formalización laboral?
¿Cómo lograron los compañeros de Sintracarbón una convención colectiva?

 

 

¿Cómo lograron recientemente los trabajadores de Indupalma el camino a la formalización laboral? ¿Esperando por varios años alguna decisión del paquidérmico Mintrabajo? ¿Esperando ante la puerta de la justicia? No. Lo lograron con la unidad y la decisión de ejercer el derecho de huelga sin vacilaciones, desafiando la ley laboral, a pesar de las limitaciones económicas y la lejanía de la capital o de las grandes ciudades. ¿Cómo lograron los compañeros de Sintracarbón una convención colectiva? Mediante la unidad y la férrea decisión de ir a la huelga.

Se equivocan quienes proponen que debemos aceptar con resignación perder una batalla. No lo hizo la USO hace 14 años en su última huelga y gracias a la perseverancia, no solo se logró obligar a Ecopetrol a reintegrar a los trabajadores despedidos, sino que se ha decidido judicialmente que los trabajadores petroleros sí tenemos derecho de huelga.

Es lo que deberán hacer los pilotos sindicalizados, agotar los recursos judiciales nacionales, recurrir a las instancias internacionales y hacer una autorreforma sindical que les permita reunir, asociar y representar a todos los trabajadores de Avianca, porque dispersos, seguirán condenados a más golpes por parte de la arrogante y poderosa administración de la empresa.

Lo mismo tendremos que hacer en la USO. Seguir dando las batallas. Invertir la correlación de fuerzas, usar nuevos métodos de lucha y caminar con ellos de la mano con la huelga, ese derecho que hemos logrado forjar con muchos sacrificios en los últimos 20 años.

A nadie le gusta perder. Pero no lo hemos perdido todo. Tenemos que levantarnos y seguir luchando con vocación de poder. Podemos hacerlo.

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