El incendio que comenzó el 19 de septiembre pasado fuera del área protegida. Un día después, sucedió lo que muchos temían: entró a Iguaque. Las llamas convirtieron, durante una semana, las montañas de Villa de Leyva y Chíquiza en un frente de fuego. Además, puso un santuario de flora y fauna en riesgo.
Cuando las llamas fueron apagadas, el balance mostró la dimensión de la herida: 1.517 hectáreas afectadas en el territorio y 1.083 dentro de Iguaque. El paisaje que antes reunía bosque andino, bosque altoandino, páramo y super páramo quedó con grandes extensiones reducidas a suelo ennegrecido y vegetación calcinada. El fuego no solo se llevó cobertura vegetal: alteró hábitats y dejó expuestos suelos y ecosistemas que cumplen una función esencial para la región.
Donde hubo fuego, cenizas quedan. El incendio terminó, pero para Luz Adriana Malaver Rojas, jefa del Santuario, comienza ahora otra batalla: recuperar un territorio que conoce desde hace años y hacerlo sin precipitarse.
La bióloga, especialista en Educación y Gestión Ambiental y magíster en Conservación y Uso de la Biodiversidad, ocupa la jefatura de Iguaque desde septiembre de 2024. Antes había trabajado durante años en Parques Nacionales. Ahora deberá acompañar, desde el territorio, una recuperación que será necesariamente más lenta que las voraces llamas que la hicieron necesaria.

Iguaque es un corredor ecológico que va aproximadamente desde los 2.600 metros hasta los 3.800 a 4.000 metros de altura. Allí, están nueve especies de frailejón registradas por Parques Nacionales, entre ellas la espeletia tunjana, endémica de Boyacá, además de robles, encenillos, pinos romeros y más de 120 especies de orquídeas registradas por el Instituto Humboldt.
También viven venados de cola blanca, zorros, armadillos, faras, cusumbos y numerosas aves de alta montaña. El Instituto Humboldt advirtió que anfibios, insectos y algunos mamíferos tuvieron menos posibilidades de escapar del fuego que las aves. La pérdida exacta de individuos todavía no ha sido establecida.
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La estrategia para la recuperación de Iguaque: primero entender, después restaurar
El pasado 2 de octubre, en Villa de Leyva, se realizó una mesa técnica con el Ministerio de Ambiente, la Gobernación de Boyacá, Parques Nacionales, el Instituto Humboldt, Corpoboyacá y otras entidades.
Al día siguiente, el Gobierno hizo pública la ruta para la recuperación. El ministro de Ambiente, Fabio Arjona, dejó claro que no se trata de salir inmediatamente a sembrar árboles: primero habrá que evaluar los daños, estudiar las condiciones del suelo, identificar la vulnerabilidad de la vegetación y establecer técnicamente cómo restaurar cada zona.
La primera fase contempla una evaluación de daños y necesidades ambientales, además del análisis del suelo y de las áreas más vulnerables. La restauración deberá definirse con especies nativas y con participación de las comunidades, de acuerdo con las condiciones que encuentre el diagnóstico.
El incendio de septiembre afectó 1.480 hectáreas en Villa de Leyva y Chíquiza, 1.180 dentro de Iguaque, y movilizó más de 700 personas durante siete días.

Parques Nacionales ya había anunciado una Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades Ambientales Posdesastre para orientar las acciones posteriores al incendio.
La recuperación tampoco se limita al santuario. En Villa de Leyva y Chíquiza, el incendio afectó en total 1.517 hectáreas y obligó a una operación de siete días en la que participaron más de 700 personas. Siete aeronaves realizaron 1.029 descargas y se arrojaron cerca de 1,6 millones de litros de agua sobre las zonas afectadas, además de otros 126.000 litros transportados en carrotanques.
La nueva etapa busca, además de restaurar, reducir la vulnerabilidad frente a futuros incendios. El Instituto Humboldt ha planteado aislar las áreas quemadas, evitar el ingreso de ganado y el pisoteo y permitir que la memoria ecológica de los sectores que sobrevivieron ayude a la recuperación.
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Luz Adriana Malaver, la mujer detrás de la recuperación de Iguaque
Malaver no llega a Iguaque como una funcionaria recién aterrizada en el sector. Su hoja de vida registra experiencia profesional desde 2002 y su vinculación con Parques Nacionales desde 2006, primero como contratista y posteriormente en cargos profesionales y de jefatura. Desde septiembre de 2024, es oficialmente la jefa del área protegida.
Su trabajo en Iguaque ya había estado ligado a uno de los asuntos más delicados del santuario: la relación entre conservación, agua y presencia humana. En 2024, explicó que el área protegida tenía 19 concesiones de agua y que abastecía a acueductos regionales, veredales y municipales. Además, participó en la creación de una mesa de gobernanza ecoturística con 29 actores de Villa de Leyva, Arcabuco y Chíquiza. Su apuesta, entonces, era que las comunidades participaran en las decisiones sobre el territorio.
Ahora el desafío es distinto. También inmenso. El fuego dejó una parte del santuario convertida en un paisaje que tendrá que ser estudiado antes de ser intervenido. Malaver tendrá que coordinar esa recuperación en un ecosistema donde sobreviven bosques, páramos, especies endémicas y fuentes de agua, mientras las autoridades preparan el territorio para que una nueva emergencia no encuentre las mismas condiciones que hicieron posible esta devastación.
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