¿Qué tipo de economía necesitamos?

Los países latinoamericanos creen que la economía se mueve, radicalmente, entre el capitalismo y el comunismo. ¿Por qué esto es un mito y qué modelo requerimos?

Por: Ariel Peña González
septiembre 07, 2021
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¿Qué tipo de economía necesitamos?
Foto: Pixabay

Miembros de la denominada izquierda marxista pregonan el cambio del sistema económico, lo que representaría montar una dictadura utilizando las elecciones de 2022 (en caso de que las ganen), en la que las fuerzas totalitarias se apoderarían de todos los hilos del poder para esclavizar a las masas, conculcando absolutamente las libertades individuales a fin de que un Estado omnímodo convierta a los ciudadanos en víctimas de la coacción liberticida. Por medio de esto, buscarán la docilidad absoluta de la población usando la fuerza bruta, por lo que es necesario desenmascarar desde ahora, el sistema económico que nos quiere vender la faja comunista

En la campaña electoral colombiana las tesis económicas de algunos candidatos y pre-candidatos son simples lugares comunes, como ocurre con el aspirante del Pacto Histórico y del Foro de Sao Paulo Gustavo Petro, quien hace una serie de promesas que necesitarían unos recursos gigantescos que el país no tendría en décadas. Además, en un eventual gobierno del mencionado candidato no habría confianza inversionista ni interna ni externa, con lo que su programa económico se convertiría en un fiasco, frustrando las ilusiones de muchos despistados.

A lo anterior se agrega que el candidato del Pacto Histórico es respaldo por movimientos y partidos que no han renegado del engendro marxista leninista, y quieren llevar a Colombia al “socialismo” a las buenas o las malas, utilizando unas etapas predeterminadas en los acuerdos de La Habana. Aún no nos dicen ¿cuál socialismo? Pues ese término en la historia ha tenido varias acepciones, comenzando por Hitler, quien aparte de haber sido admirador de Marx, así lo hizo saber en su libro Mi lucha, fue el líder máximo del partido obrero nacional socialista (nazi), también en su demagogia proclamaba la lucha por los pobres y los humildes. El “socialismo” que quieren implementar los amigos de Petro debe de ser el de Cuba, Norcorea y Venezuela.

Ese simplismo entre socialismo y capitalismo es absolutamente anticuado y, para vivir al ritmo de los tiempos, se debe impulsar un sistema de economía heterogénea, pero no entendido como una tercera vía, sino como el conjunto de medidas funcionales e inteligentes que lleven calidad de vida a los pueblos sin dogmatismos ni avaricias desmedidas.

El marxismo como el mejor heredero de Maquiavelo plantea las cosas en blanco y negro, mostrando siempre reduccionismos y cayendo en un maximalismo para que las personas ignorantes y atrasadas tomen partido. Esa división perversa la promueven los seguidores del comunismo totalitario, cuyos intereses burocráticos y de secta los lleva a creerse “iluminados” para manejar y someter a sus semejantes. Por ello es que en más de 173 años de marxismo se ha vendido el dilema económico y político entre capitalismo y socialismo, sin que haya posibilidad de otras salidas; esa actitud montaraz lleva a la conclusión temeraria: “Está conmigo o en contra de mí”.

A los seres humanos no se les pueden tomar como zombis para aplicarles recetas metafísicas, debido a que la libertad individual como condición suprema de la humanidad está por encima de la manipulación política. Entonces reducir el destino de los pueblos al capitalismo o al socialismo es producto del interés mezquino de quienes, siguiendo los sofismas comunistas, consideran que la conquista del poder es como su dios en la Tierra “principio y fin de todas las cosas”, puesto que el discurso miserabilista que proclama el truco de la emancipación del proletariado no solo lo ha manejado el marxismo, sino sus hermanos: el fascismo y el nazismo.

En el capitalismo como en el socialismo hay muchas variables, siendo paradójicamente el capitalismo de Estado el que se practica en Cuba, Norcorea y Venezuela, así sus gobiernos hagan apología del socialismo. La más clara demostración del capitalismo salvaje se tiene en la China, en donde el Partido Comunista se alió con las grandes transnacionales hace 43 años para superexplotar a los trabajadores (dando origen al neoliberalismo), compartiendo la plusvalía con el capital financiero internacional, y conservando el manejo del Estado en las manos de la nomenclatura comunista.

Existe un socialismo democrático en países como Suecia, Finlandia y Noruega, entre otros, que no han tenido que recurrir a la violencia para implementar ese modelo, lo que demuestra que a los seguidores del marxismo leninismo (caso de la Farc, el ELN y los que apoyan a Petro en Colombia) no les interesa el progreso social de las masas, sino la toma del poder para dar rienda suelta a sus instintos insanos de someter a los demás, y por eso proclaman maniqueamente el dilema entre socialismo y capitalismo.

Para superar esa especie de entropía se debe plantear el sistema de economía múltiple, que recoja las iniciativas privadas y colectivas para buscar el bienestar de los ciudadanos, en donde la democracia económica no permita caer en los monopolios abusivos, pero también rechazando al marxismo que exalta el estatismo burocrático e idiotizado, tomando como condición necesaria la indigencia de las masas para volverlas más dúctiles a su dictadura.

El sistema de economía múltiple recoge las experiencias positivas del capitalismo industrial y comercial, la socialdemocracia y la autogestión libre y creativa, que busca principalmente la independencia económica de las personas, reprobando el extremismo comunista y la acumulación desmedida del capital, que lleva a las recesiones económicas mundiales, en la que el manejo del dinero es parecido al de un casino porque sus grandes masas se vuelven especulativas por no tener un destino productivo.

En Latinoamérica algunos países tuvieron aventuras políticas que los empujaron a gobiernos neomarxistas con el socialismo del siglo XXl, que recicló los desechos del marxismo leninismo de Europa oriental después de la caída del muro de Berlín para imponerlos en nuestro suelo. Esos países se deben liberar de las asimetrías conceptuales entre capitalismo y socialismo, que es un manoseo político que lleva a situaciones como la de Venezuela, en donde el castrochavismo ha traído una gran ruina, engañando a sectores del pueblo y conduciendo a esa nación a un estado de postración para que la camarilla se perpetué en el poder, aplastando la protesta popular y esclavizando a las personas.

El sistema de economía múltiple desarrolla el conocimiento que trae prosperidad, repudiando sin ambages el guion marxista-maquiavélico de escoger únicamente entre socialismo o capitalismo.

 

 

 

 

 

 

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