Opinión

Qué oso tan peludo

Crecen los contagios, se multiplican los muertos, y al Gobierno se le ocurre el día sin IVA, sin una medida, sin la menor precaución. ¡Hicimos un ridículo mundial!

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junio 22, 2020
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Qué oso tan peludo
La lección que el presidente y sus ministros ignoraron: por un televisor barato el colombiano arriesga su vida, la de sus amigos, la de sus padres, hermanos e hijos

Esperamos, desde el fondo de nuestro corazón, que lo del día sin IVA no pase de lo que llaman los jóvenes un oso monumental del Gobierno. Porque si es cierto lo que dicen los epidemiólogos, en una o dos semanas estaremos de Coronavirus hasta la coronilla.

¿Para que fue tanta cuarentena, tanto cuidado, tanto sacrificio, tanta gente sin trabajo y sin comida? ¿Para qué? ¿Para organizar un día en que la gente encerrada rompiera los barrotes de su celda y tantos salieran, como fieras, a la búsqueda de un televisor, un celular, una tableta o un computador baratos? ¿Para eso?

El ridículo, o el oso que acabamos de hacer ha tenido repercusión en el mundo entero. Nos hicimos famosos. A nadie, sino a estos colombianos caídos del zarzo se le ocurre una cosa semejante. Y eso lo hacen cuando las cifras de contagios y de muerte andan en brutal ascenso. Y lo hacen al tiempo, en todo el país, de modo que no se quedara ciudad, ni pueblo ni lugar sin el estímulo ineficiente de comprar algo más barato.

Valga la pena aprender la lección, la que el Presidente y sus Ministros ignoraron. Que por un televisor barato el colombiano arriesga su vida, la de sus amigos, la de sus padres y hermanos e hijos. Y saber que nos faltan dos jornadas iguales, anunciadas como la ocasión para recuperar el comercio, la industria, el trabajo, la vida económica de la Nación. Lo del viernes fue tan horrendo, que hasta al propio despistado Ministro de Salud se le puede ocurrir algo para no caer en el mismo oso y no exponer la vida de tantos, en los dos próximos días sin IVA.

Si lo que está dicho, anunciado, repetido, es verdad, en dos semanas no habrá una cama disponible en ningún hospital de Colombia. Y ese impulso se lo damos a la pandemia cuando en la mayoría de las ciudades y regiones empiezan a sonar todas las alarmas, a declararse todas las emergencias. Salvo el caso ejemplar de Antioquia, de todas partes llegan las peores noticias. Crecen los contagios y se multiplican los muertos. Y es en ese marco de dolores en el que se le ocurre al Gobierno el día sin IVA, sin tomar una medida, sin la menor precaución. ¡Hicimos el ridículo mundial! Que ojalá no pase de ahí y que no tengamos que hacer el cálculo afrentoso de cuántos muertos costó cada televisor barato.

Si es verdad lo que se dijo, que ninguna compra era posible sino pagando su importe con tarjeta de crédito, tendremos que los que se endeudaron a largo plazo pagarán en intereses la economía que hicieron. Y los que compraron al contado demuestran, si fueron muchos miles, que la situación de la economía no era tan crítica como para que fuera menester darle éste, que llamaría cierto jefe político, fenomenal “estartazo”.

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Al Gobierno le queda por explicar para qué tantas privaciones y cuarentenas, para qué tantos cuidados en la apertura, si iba a tirarse todo por la borda el día sin IVA

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 A la vista de estos hechos estremecedores, le  queda al Gobierno por explicar pará que fueron tantas privaciones y cuarentenas. Y para qué tantos cuidados en la apertura, tantas limitaciones, tantas reglas, si iba a tirarse todo por la borda el día sin IVA.

Estamos navegando mares de tormenta. Lo que pasa en Barranquilla es simplemente estremecedor. No hay Unidad de Cuidados Intensivos que tenga camas disponibles. Y sabemos que algunos enfermos han salido para Santa Marta, cuyo sistema hospitalario es tan precario como nos consta. Lo del Amazonas puede callarse, porque Leticia queda muy lejos y los gritos de dolor no navegan tantos kilómetros por el espacio. Chocó recibe respiradores, pero no quién sea capaz de instalarlos. A Hidroituango no lo para el Cauca, sino el Coronavirus. Y Bogotá está a las puertas de la alerta roja, pues que ya entró, con más pena que gloria, en los linderos de la naranja. ¡Y le sumamos lo del viernes pasado!

Es culpar a los individuos mal portados, que no tuvieron respeto ni cuidado, ni por ellos ni por los demás. Pero la autoridad tiene la responsabilidad y la misión de ejercer liderazgos, imponer límites, cuidar el orden y la seguridad del pueblo que gobierna. Y aquí no se salva nadie. Ni el Presidente que se dejó manejar por asesores imprudentes o ineptos, ni la Alcaldesa, tan firme cuando declara y tan poco eficaz cuando se enfrenta a los problemas.

Imposible saber, antes de diez o quince días, el costo de esta reactivación económica, tan bien intencionada como mal dispuesta y peor ejecutada. Ni los remedios heroicos que tendrían que aplicarse ante una calamidad como la que puede preverse. Ni el costo económico de esta rebaja tributaria desastrosa. Lo grotesco ya lo vimos, en las aglomeraciones, los tumultos, los desbordamientos sobre cualquier regla o medida. Nos queda esperar la tragedia, que salvo un milagro llegará muy pronto.

 

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