¿Qué le pasa al uribismo?
Opinión

¿Qué le pasa al uribismo?

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enero 10, 2014
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Uno de los fenómenos políticos del año que acabó fue el surgimiento del uribismo como partido, bajo el nombre de Centro Democrático. Con entusiasmo y disciplina los seguidores del expresidente se alinearon en las listas de Senado y Cámara y aceptaron mansamente una floja candidatura presidencial.

Todo lo que sucedía allí captaba la atención de los medios y nadie se perdía un parpadear de Uribe. En el segundo semestre se dispararon las cábalas sobre la cuantiosa votación que alcanzarían en las elecciones de este año.

La pelea en la Convención Uribista fue una delicia para la información y aunque hubo codo y rodillazos, finalmente el ungido, Oscar Iván, tuvo en ese momento su mejor actuación, tanto que se lo veía exultante de optimismo.

Con el paso de los días el globo político fue perdiendo helio y empezó a bajar lenta y decididamente a sus justos niveles, tanto que hoy nadie aventura apostar sobre resultados estruendosos y algunos ya se atreven a sugerir cambio de candidato presidencial.

En Colombia no es raro este errático comportamiento electoral. Basta recordar fenómenos como la Ola Verde, la pasión por Ingrid o por Noemí, para saber que la opinión es variable como el viento. A cada nueva encuesta la gente corre a acomodarse a la luz que más alumbre, se inflan aspiraciones, se crean vedettes, pero con el tiempo hay desilusión, volteadas o patraseadas.

Sin embargo lo del uribismo tenía pinta de ser más duradero o por lo menos más estable. Al fin y al cabo Uribe no es un recién aparecido, sino un expresidente con ocho años de poder a cuestas. Pero se está desinflando, ¿No les parece? Aventuro algunas hipótesis para explicar qué puede estar pasando en esas toldas. Hipótesis que pueden funcionar solas o acompañadas:

Primera: Álvaro Uribe se clavó él mismo el alfiler que lo desinfla.

La gente se aburre de los pesimistas, de los agoreros del desastre, de los aguafiestas y eso es Uribe. Cada trino suyo es más negativo que el anterior. Ni una propuesta, ni una esperanza, solo críticas. Además, por el afán de los 140 caracteres no puede matizarlas y termina por recordarnos comportamientos indeseables como aquel del computador de Palacio que nos refrescó la memoria sobre lo que él había hecho, con su ministro del Interior, para conseguir los votos que permitieron su reelección. Cada vez que Uribe critica a Santos se entierra un poco más el puñal porque fueron socios y los comportamientos se heredan o se parecen.

Segunda: Uribe se cansó de arrastrar gente que no trabaja.

En su soberbia el expresidente conformó a dedo listas integradas por honorables desconocidos, gente buena pero sin arraigo electoral, o por deshonorables conocidos, gente cuestionada que le hace perder votos. Creyó tal vez que con su sola presencia era suficiente, pero puede estarse dando cuenta que es muy diferente una elección unipersonal donde solo lo elegirían a él, a una elección de listas cerradas, donde hay que tragarse muchos sapos para saborear alguna pequeña golosina. Arrastrar solo un fardo tan pesado puede estar cansando al máximo elector del Centro Democrático.

Tercera: Se dio cuenta que la paz resulta mejor negocio que la guerra.

Las encuestas muestran que la gente está apoyando el proceso así sea con problemas, por eso es difícil de atacar y las condiciones no son las mismas de hace 12 años cuando el país se deshacía en manos de un gobierno debilitado como el de Pastrana. Así que el uribismo está empezado a matizar sus críticas, pero puede ser demasiado tarde. Esto también desgasta la opción del Centro Democrático, sobretodo porque lo contrario, dar bala, ya se practicó por ocho años, sin derrotar a la guerrilla.

Cuarta: La oposición al gobierno es tremendamente difícil cuando uno es del establecimiento.

En un país tan centralizado, tan presidencialista como el nuestro, oponerse al gobierno de la mermelada es quijotesco, en especial porque quien lo hace es quien se lo inventó. La izquierda vive en oposición y eso no la desgasta porque nunca se ha arrimado a la institucionalidad, pero la derecha no, es primera vez que se estrena y quienes lo hacen no sabe vivir sin el Estado.

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