Opinión

¿Qué es un precio justo?

La ambición de los venezolanos chavistas y de los ecuatorianos de no dejar que sea el mercado el árbitro de los precios del petróleo, no tiene ninguna posibilidad de concretarse

Por:
diciembre 13, 2015
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La semana pasada Eulogio del Pino, el ministro de Energía y presidente de Pdvsa, la petrolera estatal de la República Bolivariana de Venezuela, estuvo en Viena en la reunión de la Opep. En dicha reunión del Pino instó a los países productores de crudo, tanto a los que pertenecen al ‘Cartel’ como a los ‘Países Observadores’ a crear una "fórmula" que le permita al cartel establecer un "precio justo" de los hidrocarburos. "Somos nosotros los que invertimos y producimos el petróleo de este planeta. No pueden ser otros los que nos fijen sus movimientos y sus precios", declaró del Pino que se ha reunido con sus contrapartes ecuatorianos, con quien comparte las preocupaciones por la caída de los precios de los hidrocarburos. “No puede seguir permitiéndose y no estamos de acuerdo con la posición de algunos miembros de la Opep de dejar que el mercado sea el árbitro de los precios. Nosotros creemos que los valores del crudo no pueden estar sometidos al libre albedrío del mercado.”

Haciendo abstracción de que un “precio justo” no es el mismo para un país consumidor que para un país productor, mucho menos para el dueño de una gasolinera o para el consumidor, es menester señalar que entre los mismos productores puede llegar a no haber acuerdo sobre qué es el monto de un “precio justo”. Lo que sí es prudente, es preguntarle a don Eulogio ¿qué es exactamente el monto de un “precio justo” que necesita Venezuela?

— ¿Será el precio que le permita a los ‘bolichicos’ consolidar sus enormes fortunas y evitar el desagrado de los hijos de la primera dama, doña Cilia Flores, que fueron arrestados en su yate en Punta Cana cuando intentaban trasportar toneladas de cocaína a México?

— ¿Será el precio que les permitió a los chavistas cooptar los medios, comprar legisladores, y sobornar al poder judicial en el vano intento de perpetuarse en el poder?

— ¿Será el precio aquel que le permitió a Maduro y sus secuaces regalar petróleo a dos manos para comprar adhesiones políticas en el Caribe y buena parte de América del Sur?

— ¿Será el precio aquel que le dio posibilidad al chavismo de malgastar billones de dólares en subsidios y prebendas sin mayor sentido y cuya única finalidad es comprar adeptos?

Pero indistintamente de lo que pueda ser o no ser un ‘precio justo’ para los venezolanos cercanos al chavismo, la verdad es que en Viena nadie le paró las menores bolas a don Eulogio ni a los ecuatorianos. Y no le pararon bolas por múltiples razones, entre ellas:

— Porque el poder de la Opep para establecer precios se ha erosionado de manera importante. De haber controlado más de cincuenta por ciento de la producción, hoy difícilmente llega al 28 por ciento. Los grandes países productores, aquellos que pueden colocar en los mercados más de cuatro millones de barriles diarios, saben que disminuir la producción no va a hacer que los precios suban.

—  Porque existe una enorme desconfianza entre los países productores de petróleo, en parte porque los problemas que enfrentan son muy distintos y en parte porque buena parte de ellos son unos tramposos congénitos. Es decir, acuerdan disminuir la producción, pero por debajo de la mesa siguen bombeando petróleo a tutiplén.

— Porque a muchos países que han ahorrado para épocas de vacas flacas, poco les importa las cuitas de los pródigos como Venezuela y Ecuador que han despilfarrado las épocas de bonanza en corrupción y gastos suntuarios.

— Porque en un entorno de mercado sobreofrecido, en el que de hecho la oferta supera la demanda en por lo menos dos millones de barriles diarios, hay dos países, Irán e Irak, que públicamente han dicho que no solo no le jalan a ninguna restricción en la producción sino que van a colocar en el mercado todo el crudo que puedan. No se puede olvidar que estos dos países pueden exportar entre tres y cinco millones de barriles diarios.

En resumidas cuentas, del Pino —como hubiere señalado Bolívar—  está arando en el mar y construyendo en las nubes. La ambición de los venezolanos chavistas y de los ecuatorianos de no dejar que sea el mercado el árbitro de los precios, no tiene ni la más remota posibilidad de concretarse. Lo del ‘precio justo’ es otra sandez del mal llamado “Socialismo del Siglo XXI”.

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