¡Que corra el balón y ojalá se haga justicia!

Si Brasil consigue la victoria, o "le ayudan" a conseguirla, Colombia deberá empacar sus maletas y despedirse del Mundial

Por: JAIME GUTIERREZ TRUJILLO
julio 04, 2014
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¡Que corra el balón y ojalá se haga justicia!

Es curioso como en anteriores mundiales los expertos en temas de fútbol tuviesen a la visitante Brasil como primera candidata al título; y hoy que es la anfitriona, la nombren de última.

Decir que Brasil fuese una de las selecciones favoritas para alcanzar el título del Mundial era, hasta hace algunas semanas, una evidente realidad; pues venía de alzarse con el título de la Copa Confederaciones que, vale recordar, también se disputó en suelo brasilero en 2013.

Hoy las apuestas parecen no favorecerle tanto. Su fútbol aun no logra convencer a especialistas, comentaristas, empresarios y aficionados (me incluyo), y dista muy poco de la calidad que, otrora, exhibía en su exquisito juego la recordada Brasil de 1994 con Bebeto, Romario, Zhino, Dunga, Cafú, o la inolvidable Brasil de 2002 con Rivaldo, Junior, Roberto Carlos, Kleberson, Luizao, Ronaldo y Ronaldinho.

La Brasil 2014 no marca diferencia; no provoca emoción; sale a la cancha sin apasionar a nadie, incluso ni a su mismo orientador Scolari a quien se le ha visto visiblemente angustiado con la actuación de sus cariocas en momentos cruciales de este Mundial, no obstante lo cual sería injusto no mencionar los destellos de brillantez, aunque fugaces, de su máxima figura Neymar.

A esta Brasil 2014 le cuesta exhibir el buen fútbol que todos esperábamos, pero aún más, le es difícil anotar goles. Sus victorias han sido difíciles, por no decir dramáticas. Recordemos que su paso a cuartos de final se vio comprometido por la suerte de los penales frente a la aguerrida Selección de Chile.

La Pentacampeona no es favorita para alzarse con el título del Mundial, y eso preocupa bastante a los 198 millones de habitantes con que cuenta hoy Brasil, incluyendo a la principal gestora del certamen y Presidenta de la Nación: Dilma Rouseff; pero además debe preocuparnos a nosotros, 47 millones de colombianos, porque el encuentro puede sobrepasar lo estrictamente deportivo, es decir, otro factor podrá jugar en contra nuestra, y del que nadie habla: El Factor Político.

Dilma Rouseff confirmó su deseo de aspirar a la reelección como Presidenta de Brasil. Su nivel de popularidad previo al inicio del Mundial cayó al 38%. Las protestas en más de 100 ciudades de Brasil evidenciaron el rechazo colectivo de por lo menos 1 millón de habitantes frente a las medidas tomadas por el Gobierno antes y durante el transcurso del certamen mundialista.

Quienes protestan manifiestan que no es justo que se inviertan alrededor de 11 mil millones de dólares en construcción de estadios nuevos, remodelaciones de otros y renovación de la infraestructura de aeropuertos, autopistas y hoteles mientras que al pueblo se le castiga con el incremento en las tarifas del transporte. Aun así, a medida que avanza la competencia y, por ende, la Verde-Amarela a instancias finales, las protestas ya no son tan significativas y numerosas, pues la ilusión colectiva frente una posible victoria final de la auriverde parece cumplir el efecto placebo en los intereses reeleccionistas de Dilma, quien ahora registra un nivel de popularidad cercano al 48%. Esto podría interpretarse como que la Rouseff depende de Neymar y su combo para continuar 4 años más como Presidenta.

En otras palabras, sí Brasil consigue la victoria, o “le ayudan” a conseguir la victoria, Colombia deberá empacar sus maletas y despedirse del Mundial, pero sí Colombia consigue la victoria, y no necesita que le ayuden a conseguir la victoria, es Dilma Rouseff quien debe empacar sus maletas y despedirse del Palacio de Planalto.

Si Colombia consigue la victoria, y no necesita que le ayuden a conseguir la victoria, la selección anfitriona, la misma que 198 millones de personas (Incluida Dilma) esperan campeona, será eliminada, y es altamente previsible que se reanuden las protestas, y ya no será 1 millón de habitantes insatisfechos sino “un poco más”. El efecto placebo se irá y la cruda realidad volverá, es decir, la pobreza social de su nación se sumará ahora a la pobreza actuación deportiva de su selección.

Dilma Rouseff es consciente de eso, y lo que podría significar para la nación que dirige sí su selección es eliminada por Colombia. Ella sabe que su reelección depende de un resultado; pero aún más, del triunfo final. Dilma, más que nadie, necesita que Brasil salga campeona del Mundial, sólo de esa manera su reelección estaría casi que asegurada.

Cualquier cosa puede pasar, o mejor aún, cualquier cosa hará Ella para que eso pase. La poca transparencia de la FIFA y sus reiterados incidentes de corrupción me ayudan a confirmar dicha hipótesis.

Como colombiano amo a mi Selección y sueño verla convertida en CAMPEONA DEL MUNDO, y sé que el camino ya no es tan largo como suponía hace meses. Creo, como todos y todas, que Colombia puede ganar el viernes porque tiene fútbol, voluntad y verraquera.

Estoy deportivamente convencido de que podemos ganar el partido dentro de la cancha, pero también estoy políticamente convencido de que lo podemos perder…fuera de ella.

No quiero pecar de fatalista, pero debo ser realista.

¡Qué corra el balón, y ojalá...
...se haga justicia!

J.G.

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