Putin se burló de la diplomacia y se fue a la guerra

Putin se burló de la diplomacia y se fue a la guerra

Recibió a los jefes de Estado en Moscú, visitó a Xi Jinping, al tiempo que tenía su propio libreto bélico que terminó en la invasión a Ucrania del pasado jueves

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febrero 26, 2022
Putin se burló de la diplomacia y se fue a la guerra

Cuando han pasado treinta años desde la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el balance no es muy alentador y nos deja en el camino numerosas guerras y contenciosos no resueltos, como es el caso del Donbass en Ucrania, país situado en la periferia de Rusia y también en los límites de la Unión Europea (UE) y la OTAN. Ahora el presidente ruso, Vladimir Putin, reconociendo a las repúblicas secesionistas de Ucrania ha roto la baraja y desafía abiertamente a la OTAN y a los Estados Unidos, que ven como toda salida diplomática con el máximo líder ruso está abocada al fracaso. De facto, las repúblicas secesionistas levantadas en armas contra el ejecutivo de Kiev pasan a estar bajo la órbita rusa,

Con la implosión de la URSS, en 1991, y la consiguiente desaparición del bloque comunista, la mayor parte de los países del Este de Europa comenzaron sus transiciones a la democracia y dieron los primeros pasos para integrarse en la UE y la OTAN. A principios de este siglo, casi toda Europa Central y Oriental, desde Albania hasta el Báltico, se fue integrando en estas dos estructuras multinacionales y ambas organizaciones llegaron hasta las fronteras mismas de Rusia, Bielorrusia y Ucrania.

Asimismo, y como fruto del mismo proceso de integración en las estructuras occidentales, tres ex repúblicas soviéticas, Lituania, Letonia y Estonia, entraban en la UE y la OTAN, provocando el malestar de Rusia por ver extender los límites de la OTAN hasta su flanco báltico, aislando por tierra al pequeño enclave ruso de Kaliningrado.

Paralelamente a estos cambios políticos y diplomáticos en la escena europea, Rusia intensificó las acciones contra algunos de sus socios soviéticos. Mucho antes de que Vladimir Putin se hiciera con el omnímodo poder que tiene hoy en Rusia, los rusos ya habían perpetrado varias intervenciones y acciones contra sus vecinos sin que Occidente apenas hiciera nada por ayudar a los agredidos y, en algunos casos, como fue el caso de Crimea, sin apenas reacciones rotundas y contundentes. Las sanciones impuestas a Rusia por la UE y los Estados Unidos apenas han hecho mella en la élite político-económica que lidera el país y mucho menos han provocado un cambio en la agresiva política exterior de Moscú, tal como se ha visto en estos días.

NUMEROSAS INTERVENCIONES RUSAS DESDE 1991

La Federación Rusa lleva, desde el primer momento de la desordenada y casi caótica disolución soviética, ampliando sus fronteras, a costa de sus vecinos. Desde el año 1991, cuando estalló la guerra civil en Moldavia, entre el gobierno de Chisinau y las milicias separatistas de Transnistria, Rusia apoyó descaradamente a los secesionistas y fomentó la creación de una entidad ilegal en la región recién “independizada” con la ayuda del XIV Ejército ruso. La situación de Transnistria se ha mantenido desde 1992 inalterable y todas las tentativas de búsqueda de una solución política entre las partes han fracasado, en gran medida porque Rusia quiere mantener su papel de mediador y evitar, a toda costa, la entrada de este país en la UE y la OTAN.

Después, entre 1992 y 1993, la región de Abjasia se levantó en armas contra Georgia, en una mini guerra civil que perdieron los georgianos, y que costó miles de vidas -algunas fuentes hablan de hasta 40.000 víctimas, sobre todo civiles-. Además, el conflicto provocó miles de refugiados y la destrucción material y económica de un país ya de por sí muy depauperado. Las consecuencias fueron desastrosas para Georgia, que un año antes, bajo presión de Rusia, tuvo que aceptar la secesión de otra de sus regiones, Osetia del Sur, que intentó arrebatar, en el año 2008, en una guerra fallida contra las milicias osetias armadas y apoyadas por los rusos. En otra guerra más perdida por los georgianos, finalmente la Federación Rusa, de la mano de su presidente, Vladimir Putin, reconoció como “estados independientes” a Osetia del Sur y Ajbasia, regiones que al día de hoy siguen bajo la órbita rusa.

Ucrania también ha sufrido las apetencias territoriales rusas y ha estado en el punto de mira de Rusia En marzo del 2014, Rusia apoyó y alentó el proceso de secesión de Crimea para, a renglón seguido, declarar oficialmente su anexión, en una acción tan súbita y rápida que dejó desconcertadas y casi sin capacidad de maniobra a las autoridades ucranianas.

RUSIA ENSAYA EN EL DONBASS EL MISMO GUIÓN QUE EN CRIMEA

Pero donde la situación es realmente grave y es el epicentro de la actual crisis entre Ucrania y Rusia es en el Donbass, una región que se ha levantado en armas contra el gobierno de Kiev y que resiste numantinamente a merced del descarado apoyo de Rusia a su causa, en una guerra que ya ha causado 14.000 muertos y que desangra a Ucrania desde hace ocho años. Rusia nunca ocultó sus ansias por anexionarse esta estratégica zona del continente, que dotaría a esta nación definitivamente de su anhelada salida directa al mar Negro y el cierre del mar de Azov a la flota ucraniana, lo que significaría un duro golpe para la economía de Ucrania.

Ahora siguiendo las recomendaciones de la Duma rusa -el legislativo de la Federación Rusa-, el presidente Putin ha decidido romper la baraja, desafiando a la OTAN, a los Estados Unidos y a todo Occidente, y ha reconocido los territorios separatistas de Donetsk y Lugansk. Putin pone fin así a un proceso de paz en Ucrania y destruye para siempre los acuerdos de Minsk. ¿Será ese el objetivo final de Putin en esta guerra de nervios contra Occidente y también contra Ucrania?

Putin ha pasado ya todas las líneas rojas y no parece dispuesto a cumplir con sus obligaciones internacionales, habiendo violado descaradamente el consenso europeo con respecto a no cambiar las fronteras del continente por la vía militar. Si Rusia ya se anexionó territorios por la fuerza en Moldavia, Georgia y Ucrania, contraviniendo todas las normas del derecho internacional sin que nadie hiciera nada, ¿por qué iba a ser distinto ahora? A Occidente solamente le quedaría el camino de imponer nuevas sanciones, que seguramente serían tan inútiles como las anteriores, y Ucrania, militarmente mucho más débil que Rusia, tendría que aceptar estoicamente la nueva amputación por la fuerza de uno de sus territorios.

DEL RECONOCIMIENTO A LA ANEXIÓN

Por ahora, Putin ha enviado a sus fuerzas a estas regiones y se apresta a defenderlas de una supuesta agresión occidental o ucraniana (¿?). Este paso, el del reconocimiento de estas repúblicas, supone una anexión 'de facto' de los separatistas armados de Donetsk y Lugansk, cuya subsistencia queda ligada a Rusia quizá para siempre. Los territorios han sido literalmente succionados en estos años, tanto políticamente como económicamente. Los jubilados reciben sus pensiones directamente de Moscú y en todo el territorio circula el rublo ruso como moneda. Además, Rusia, como parte de su estrategia por arrebatar definitivamente estos territorios a Ucrania, ha entregado 800.000 pasaportes a los habitantes del Donbas, con lo cual, llegado el caso, podría invocar la legítima defensa de sus ciudadanos si Ucrania tratara de tomar por la fuerza esos territorios hoy en disputa.

Por otra parte, Rusia sigue exigiendo a los países occidentales, pero especialmente a los Estados Unidos, que la OTAN, organización político-militar que agrupa a treinta países, no siga extendiendo sus fronteras más allá de sus actuales límites y ha expresado claramente su veto a que Ucrania y Georgia, dos antiguas repúblicas soviéticas, ingresen algún día en la Alianza Atlántica. Quizá ese veto será el precio que tendrían que pagar los occidentales por evitar una guerra generalizada entre Rusia y Ucrania a causa de estas regiones habitadas por la minoría rusófona. ¿Aceptaría Putin un acuerdo sobre este asunto en aras de evitar que el conflicto vaya a mayores? ¿Estarían los occidentales dispuestos a claudicar en sus principios y ceder parte de la soberanía ucraniana con tal de evitar un enfrentamiento mayor con Rusia? Parece que sí, sobre todo a tenor de las experiencias del pasado y del poco empeño que tuvo Occidente en su momento por defender la soberanía territorial ucraniana cuando perdió la península de Crimea. Putin llega cada vez más lejos, ampliando ahora sus demandas contras los países bálticos.

El presidente ruso, por otra parte, ha endurecido su retórica en los últimos días y ha amenazado con "medidas técnico-militares de represalia apropiadas" si no se cumplen sus demandas de "garantías de seguridad". Ahora ya sabemos de qué se trataban esas medidas y parece que las mismas se están poniendo en marcha con la anexión por parte de Rusia de las regiones levantadas en armas contra Kiev. Además, en las últimas maniobras militares realizadas conjuntamente con Bielorrusia, Putin exhibió su poderío nuclear frente a la OTAN y mostró al mundo la peor de sus caras. El riesgo de una guerra sigue presente y los próximos días, o quizá semanas, serán claves para ver si el contencioso se reconduce por las vía diplomática o las armas vuelven a hablar en el Donbas. Por ahora, parece que una nueva derrota ucraniana en las mesas de diálogo y en los campos de batalla está servida, mientras que el país se apresta a perder nuevos territorios. La crisis sigue abierta.

 

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