¿Por qué no importa la universidad pública?
Opinión

¿Por qué no importa la universidad pública?

Es crítica la situación de la universidad pública que enfrenta una grave crisis de desfinanciamiento que no le importa a ese país indiferente y privilegiado

Por:
octubre 02, 2018
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Colombia ha subestimado las consecuencias de ser una sociedad tan profundamente desigual. Todo está fragmentado: los pocos ricos que hay viven en un lugar, la clase media en otro y los vulnerables que comparten con los pobres su situación, viven en una realidad muy alejada de la de los privilegiados. Los primeros son pocos y ganan mucho y los otros son muchos y ganan poco. Pero estas profundas diferencias se multiplican en todos los campos, especialmente en la forma y lugar donde se educan cada uno de estos sectores de la población. Los de mayores ingresos entran a jardines, colegios y universidades privadas, pagan altas matrículas y reciben la mejor educación posible, que sin duda no es la de mayor calidad comparada con la de muchos otros países.

En todas las sociedades capitalistas hay diferencias de clase, pero las clases medias constituyen la gran mayoría y marcan la pauta del desarrollo de su país. Los pobres son la minoría y los Estados tratan de atender sus necesidades básicas. Pero existen lugares donde todos se mezclan: los parques, los centros culturales, los museos, y muchos otros lugares similares. Esto no sucede en nuestro país; ¿cuántas familias de ingresos medios o altos van al parque El Tunal, por ejemplo? ¿Cuántos tienen los ingresos necesarios para participar en eventos culturales? El lugar donde sí se encuentran las partes más altas de la pirámide de ingresos y su base es en la relación de servidumbre que los pobres ofrecen a los ricos, una relación laboral que no siempre se ajusta a la ley. Es en esta horrible desigualdad donde se encuentran explicaciones de muchos de los dolores de esta sociedad colombiana.

El caso de hoy, porque este cambia día a día, es el de la situación crítica de la universidad pública que enfrenta una crisis de desfinanciamiento que está dando origen a grandes movilizaciones de estudiantes, profesores y directivos. Algunas, como la sede central de la Universidad Nacional en Bogotá vive un deterioro de su infraestructura física que da grima. Otras, llevan meses de tener a sus profesores en asambleas permanentes para lograr que el gobierno y el país en general se concienticen de la grave situación de la universidad pública.

 

Una visita a la Universidad de Antioquia me permitió visualizar algo increíble.
No hay clases porque están en paro pidiendo apoyo financiero, pero el campus de la universidad está lleno permanentemente de estudiantes

 

Una reciente visita a la Universidad de Antioquia me permitió visualizar algo absolutamente increíble. No hay clases porque están en paro pidiendo apoyo financiero, pero el campus de la universidad está lleno permanentemente de estudiantes. Se necesita ser verdaderamente indolente para no conmoverse ante esta realidad. Esta población de jóvenes universitarios quiere estudiar, quiere apoyar a sus directivas para que no se les acaben no solo sus edificios y su calidad académica, sino también su única oportunidad de salir de esos odiosos estratos donde se viven muchas limitaciones. Los jóvenes están defendiendo su derecho a ser profesionales y por ello no se dedican al ocio, sino que asisten a esas actividades lúdicas y a esas conferencias que sus abnegados profesores y directivas les ofrecen para que no pierdan totalmente su apego a su claustro.

Pero la verdad es que esta crisis no le importa a ese país indiferente y privilegiado y la razón es obvia: gracias a esta desigualdad que caracteriza a Colombia, quienes mandan, quienes tienen los recursos ni son egresados de estas universidades públicas y solo en casos extremos envían a sus hijos a estos centros. Son egresados de la universidad privada, y sus hijos obviamente van a esas mismas universidades por lo que no les importa si se acaban estos centros educativos donde van si acaso algunos pobres y la clase media baja.

El Estado no se puede dar el lujo de pensar primero en comprar misiles en vez de resolver esta situación. Es el Estado quien debe entender los costos de seguir fomentando los desequilibrios de oportunidades a los que se enfrentan los jóvenes de este país. El país sensato, que es la mayoría, debe unirse a lanzar un SOS por la universidad pública en Colombia.

 

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