En Norte de Santander la noticia de una nueva ruta aérea había despertado un entusiasmo poco común. Volar entre Cúcuta y Ocaña en apenas 17 minutos parecía un pequeño milagro para un departamento acostumbrado a carreteras largas, peligrosas y a veces intransitables. La conexión inaugurada por Satena, la aerolínea estatal que el Gobierno nacional decidió fortalecer para llegar a donde otras no llegan, era vista como un símbolo: más integración, más presencia del Estado, más oportunidades para una región históricamente relegada. El vuelo 8849 de este miércoles viajaba Diógenes Quintero, representante a la Cámara y candidato a repetir curul, cuando el entusiasmo colectivo se convirtió en tragedia. No hubo sobrevivientes.
El avión, un Beechcraft 1900 de matrícula HK-4709 operado por la empresa SEARCA, cubría la ruta Cúcuta-Ocaña, una ruta abierta apenas el 21 de marzo de 2025. Era una ruta joven, con buena afluencia de pasajeros, utilizada sobre todo por nortesantandereanos que veían en ella una forma rápida de moverse entre el Catatumbo y la capital del departamento. El vuelo despegó del aeropuerto Camilo Daza de Cúcuta a las 11:42 de la mañana y debía aterrizar en Ocaña poco después del mediodía. Nunca llegó.
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Según la información preliminar, la aeronave se precipitó a tierra en medio de condiciones climáticas adversas, frecuentes en una región montañosa donde la neblina y la lluvia pueden aparecer de forma repentina. El trayecto, que normalmente dura menos de veinte minutos en el aire, terminó abruptamente en zona rural del municipio de Playa de Belén, a unos 27 kilómetros de Ocaña. A bordo iban 15 personas: 13 pasajeros y dos tripulantes. No hubo sobrevivientes.
Diógenes Quintero, era un abogado y muy conocido en la región quien llegó al Congreso en marzo de 2022 como parte de la Circunscripción Transitoria Especial de Paz del Catatumbo y aspiraba repetir curul para las elecciones de 2026, ahora avalado por el partido de la U, dirigido por el exregistrador Nacional Alexander Vega.
Quintero nació el 29 de mayo de 1989 en la vereda Agua Blanca, en el municipio de Hacarí. Tenía 36 años y una trayectoria pública construida, casi toda, en medio de uno de los territorios más golpeados por el conflicto armado en Colombia. Viajaba haciendo campaña en su propio territorio, con la esperanza de ser reelegido para seguir representando a Norte de Santander en la Cámara y, sobre todo, para seguir insistiendo en una idea que marcó su vida pública: la paz para el Catatumbo.
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Quintero creció viendo de cerca lo que significa vivir en una zona disputada por actores armados. El Catatumbo ha sido durante décadas un territorio codiciado por su riqueza minera, por los cultivos de coca, por ser corredor estratégico del narcotráfico y por la débil presencia estatal. Allí han convivido, en permanente tensión, la guerrilla del ELN, disidencias de las antiguas FARC y otras estructuras armadas. Ese contexto no fue para él una abstracción académica sino una experiencia cotidiana. Su padre fue líder comunal durante más de 30 años y concejal de Hacarí, y desde niño Diógenes aprendió que la política podía ser una forma de defensa colectiva.
Esa convicción lo llevó a estudiar Derecho y a involucrarse desde joven en la defensa de los derechos humanos. Trabajó como abogado, regresó a su municipio y asumió responsabilidades públicas en escenarios locales, siempre con la idea de servir en un territorio donde la violencia condiciona la vida diaria. Sus pasos lo condujeron a convertirse en uno de los representantes de las llamadas curules de paz, los escaños creados tras el Acuerdo de Paz de 2016 para dar voz en el Congreso a las regiones más afectadas por la guerra.
Desde allí, Quintero se convirtió en una figura reconocida en el Catatumbo. Conocía los caminos, las veredas, los nombres propios de un territorio que para muchos en el centro del país sigue siendo un mapa borroso. Su trabajo estuvo marcado por la defensa del campesinado y por la insistencia en que la paz no podía reducirse a discursos lejanos. Impulsó iniciativas legislativas relacionadas con el reconocimiento de los campesinos como sujetos de derechos, apoyó las bases jurídicas de la política de paz total y promovió medidas para fortalecer los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, pensados para los municipios más golpeados por el conflicto.
No fue un camino sencillo. En una región donde la presencia armada condiciona la política, Quintero enfrentó amenazas, restricciones de movilidad y presiones constantes. Aun así, se mantuvo como una voz que buscaba evitar tanto el silencio sobre la guerra como la estigmatización de quienes habitan el Catatumbo. En los momentos de mayor recrudecimiento de la violencia, cuando miles de personas se vieron obligadas a desplazarse por los enfrentamientos entre el ELN y disidencias, insistió en que la protección de la población civil debía ser una prioridad real y no un enunciado abstracto.
Buena parte de quienes viajaban el vuelo trabajaban en causas humanitarias como la abogada de Valledupar, Maira Alejandra Avendaño, vinculada al Consejo Noruego para los Refugiados. También fallecieron Natalia Acosta, asesora del congresista Diógenes Quintero, el también candidato a la curul de paz en el Congreso, Carlos Salcedo Salazar y el exconcejal de Ocaña Juan David Pacheco.
Este es el comunicado oficial de Satena frente al accidente aéreo:
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