Percepción y realidad
Opinión

Percepción y realidad

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octubre 14, 2013
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Cada vez que escucho a alguien decir que la imagen de la realidad que se deriva de unos datos cuidadosamente obtenidos debe estar equivocada, porque la percepción que esa persona tiene de la realidad es otra, me imagino a Galileo, bajo arresto, defendiendo la imagen copernicana de que la Tierra gira alrededor del Sol, contra el estado de opinión basado en la percepción contraria. Eppur si muove.

Es fácil caer en las trampas de la percepción porque la mente humana ha sido moldeada por su evolución natural, no para formarse una descripción detallada de la realidad, sino para actuar eficientemente en un mundo extremadamente complejo y cambiante.

En otras palabras, en general es innecesario detenernos y analizar datos provenientes de diversas fuentes para construir una imagen de la realidad más detallada y completa que la de la percepción escueta y parcial que nos es suficiente para navegar por nuestra cotidianidad.

Pero cuando nos damos cuenta que nuestra curiosidad puede trascender los engaños de los sentidos, pues la duda y la ciencia también hacen parte de nuestras facultades naturales, reparamos en que el poder del conocimientonos impone la responsabilidad de no sucumbir ante la manipulación, propia o ajena, de nuestras engañosas percepciones. Por ello, la comprensión básica de la información es una competencia ciudadana clave en una democracia.

Un diciente ejemplo de la dificultad de conciliar la percepción con la realidad puede verse en los resultados de las encuestas de victimización realizadas durante los dos últimos años por la Alta Consejería Presidencial para la Convivencia y la Seguridad y el Dane en veinte ciudades colombianas: mientras que el 19% de los encuestados fue víctima de hurtos, riñas o extorsiones durante el último año, el 55% de ellos dice sentirse inseguro.Es decir que, aunque ni siquiera la quinta parte de los habitantes de estas veinte ciudades sufrió uno de estos delitos, más de la mitad de los encuestados se sienten inseguros en ellas.

Por supuesto, esta distancia entre victimización y percepción de inseguridad no implica, en sí misma, una discrepancia entre percepción y realidad; el hecho de que una de cada cinco personas haya sido víctima de alguno de estos delitos puede ser, efectivamente, lo que está causando que más de la mitad de la gente se sienta insegura. Puede estar operando un efecto de contagio de la sensación de inseguridad entre quien ha sido víctima de un delito, sus allegados y quienes van enterándose del hecho. La prevalencia de noticias relacionadas con casos de inseguridad, particularmente violentos o escandalosos, también puede ser una causa del alto índice de percepción. Y, en todo caso, el hecho de que el 20% de las personas haya sido víctima de un delito, puede ser en sí mismo una realidad ante la cual es natural que muchos se sientan inseguros.

El asunto se pone más interesante cuando profundizamos en los datos que revelan las encuestas. Mientras que, por ejemplo, las mujeres son menos victimizadas por este tipo de delitos que los hombres, ellas se sienten menos seguras que ellos en estas ciudades. Es muy probable que acá entre en juego el hecho de que el entorno urbano es cada vez más hostil para las mujeres que para los hombres; y ello, por cuenta no solo de la violencia física que se ejerce crecientemente contra las mujeres en Colombia, sino además por cuenta de la violencia psicológica de la que son objeto cotidianamente.

Pero quizás la verdadera discrepancia entre la percepción y la realidad se revela, no en las cifras en sí mismas, sino en una reacción muy particular que tiene la gente ante ellas.

Cuando el Alto Consejero Lloreda reveló las cifras para Cartagena, la cuarta ciudad colombiana más segura entre las veinte ciudades estudiadas —registrando un 7% de victimización en 2012 y un 11% en 2013— algunos dijeron: no puede ser verdad, porque percibimos una realidad diferente. Entiendo que lo mismo ocurrió en Montería, la novena más insegura de las ciudades estudiadas —con un 18% de victimización en 2013—.

Interesantemente, mientras la victimización en Cartagena subía entre 2012 y 2013, la percepción de inseguridad disminuía (del 63% al 45%). ¿Qué explica estas inconsistencias? ¿Cómo operan los mecanismos que dan cuenta de ellas en diferentes contextos? ¿Varía de la mano de la confianza de los ciudadanos en el estado, en los gobiernos de turno? ¿Varían con el estado de la infraestructura urbana, dependen del tratamiento de los hechos noticiosos por parte de los medios locales? ¿Qué revelan sobre las actitudes y la cultura ciudadana?

 

Mil preguntas nos esperan; pero esta preocupante discrepancia entre percepción ciudadana y realidad también ocurre cuando nos empecinamos en negarlo que revelan —parcial y problemáticamente, claro— un conjunto de datos y cifras que han sido cuidadosamente obtenidos. Y es preocupante porque, cuando adoptamos tal actitud, podemos terminar encerrando a un Galileo, o cayendoen el embrujo autoritario en elque, consciente o inconscientemente, creamos que nos conviene creer.

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