Opinión

Paz Pa´Ya

Ya, es Ya; ni en el 2018, expresidente Pastrana; ni en el siglo XXII cuando la excandidata termine de explicar sus ideas; ni cuando una grúa celestial agarre al exprocurador de los tirantes

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Octubre 13, 2016
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Hasta don Alfred se ha manifestado desde el más allá, de la manera en que su incorpórea existencia le permite hacerlo: descendiendo en lenguas de fuego sobre la Academia Noruega para que al lanzar sus integrantes la moneda, esta cayera en cara. En cara de Juan Manuel Santos. Y se corroborara, de paso, la teoría Maturana: perder es ganar un poco. (Un mucho, en este caso; si Sí, a lo mejor hoy el Nobel fuera de otro).

Paz Pa´Ya, como quiera que se diga en noruego, fue el estribillo que al unísono corearon Olafo, Chiripa y los miembros del jurado.

Y Paz Pa´Ya, en colombiano, es el grito que desde el mismo día del plebiscito —después del No— comenzó a escucharse en el país.

Primero con el atontamiento producido por el inesperado resultado —todos quedamos viendo un chispero: los del Sí, los del No y los que pudiendo votar no lo hiciero—; luego con la incertidumbre que resulta de no saber qué va a pasar y el miedo que le entra al cuerpo de solo pensar que la Farc vuelvan a sus andanzas; después con la rabiecita de haber perdido la única verdadera oportunidad de terminar el conflicto armado y de aguantar las pullas, señalamientos mutuos y autogoles de los promotores oficiales; y, por último, con impaciencia, por cuenta del alargue.

Paz Pa´Ya, es lo que queremos, necesitamos y exigimos la mayoría de los colombianos que nos manifestamos en democracia. (Aunque más efectivo si los abstencionistas hubieran llenado las urnas en lugar de las plazas). Y si no digo todos es para evitar que acuciosos analistas, tipo William Ospina, saquen humo a sus teclados enumerando las mil y una razones por las que millones de compatriotas se sienten ninguneados y por las que es impreciso decir que Colombia está partida en dos y no se vislumbra birlibirloque que de nuevo la plante enterita sobre el escenario. (Probablemente en mil de esas razones tengan razón, pero ya está bien de diagnósticos, es hora de prescribir las medicinas).

 

Paz Pa´Ya, queremos los del Sí y quieren los del No,
en la multitudinaria marcha de Medellín,
los unos y los otros fueron una sola garganta

 

Paz Pa´Ya, queremos los del Sí y quieren los del No –en la multitudinaria marcha de Medellín, los unos y los otros fueron una sola garganta-; Paz Pa´Ya quieren las víctimas; Paz Pa´Ya quieren los estudiantes, los indígenas, los artistas, los deportistas, los  intelectuales, los campesinos..; quiere “Agriera” el vecino de mi edificio que nunca saluda a nadie. Paz Pa´Ya quieren la ONU, los observadores, los garantes, la comunidad internacional… Paz Pa´Ya quiere el gobierno, parecen querer las Farc, ¿quieren Martha Lucía, Ordóñez, Pastrana, el Centro Democrático?

Y que quede claro, cuando decimos Ya, es Ya; ni en el 2018, expresidente Pastrana; ni en el siglo XXII cuando la excandidata termine de explicar sus ideas; ni cuando una grúa celestial agarre al exprocurador de los tirantes; ni cuando el Secretariado acepte los términos de rendición que pretenden ideólogos del CD. No. Es Ya. Sin prisa, pero sin pausa. (A paso lento pero aplastante, mijitos, diría mi abuelita).

Es la hora de la grandeza, señores. De reemplazar el choque de egos por consenso, la polarización por colaboración y el protagonismo por liderazgo. Colombia, además de que no es una media de lycra para aguantar tanto estirón, está en la cuerda floja. Que se note que las esperanzadoras primeras declaraciones significan más que mera corrección política y que el anhelo común sí es, como aseguran ustedes, conseguir el fin definitivo del conflicto.

De no ser así, no nos sentiremos representados por ustedes.

Estas últimas semanas de ascensos a la cima (la fiesta adelantada de la firma del Acuerdo en Cartagena), descensos a la sima (el batacazo del 2 de octubre), torpezas reveladas (la estrategia era sembrar indignación en las redes sociales para que “la gente saliera a votar verraca”, soltó el gerente de la campaña del No) y reconocimientos mundiales (el Premio Nobel de Paz, máximo ejemplo) nos tienen como actores de película de Almodóvar: al borde de un ataque de nervios.

Y sin valeriana que sirva, nuestro mal requiere de algo contundente. Algo así como gotas de entendimiento entre las partes, entre las del establecimiento quiero decir. Gotas viables, estables y duraderas. (Mañana no estarán Santos ni Uribe ni Timochenko, no estaremos ni usted ni yo, pero sí nuestros descendientes que nos juzgarán con la perspectiva de la historia). Para que en un futuro cercano, el país huela a pan recién salido del horno.

Ahí sí será un bocado irresistible. Y no sólo para los inversionistas extranjeros.

Paz Pa´Ya. ¿Es mucho pedir después de sesenta años?

COPETE DE CREMA: No voté por Santos ni la primera ni la segunda vez, no soy santista ni de antes ni de ahora. Pero me alegré de verdad por el Premio. Él, Colombia y las víctimas se lo merecen. #PazPaYa

 

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