Opinión

Palabras que matan en vida

Tenemos el derecho a decidir hasta dónde queremos información cuando enfermamos. Y, sobre todo, si se trata de un diagnóstico de muerte cercana

Por:
febrero 15, 2020
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Palabras que matan en vida
No todos tienen la resiliencia para enfrentar un pronóstico sombrío. Algunos querrán saber, otros no

El pronóstico de una muerte cercana dicho como sentencia mata la esperanza, y las estadísticas predicen para grupos, no para individuos

“Fueron crueles conmigo, me dijeron que voy a morir en menos de un año”, dijo mi tía en el avión de regreso de EE. UU. a Colombia hace muchos, muchos años. Todavía sucede.

Esta columna es una reflexión sobre el derecho que tenemos las personas de decidir qué y hasta donde queremos escuchar sobre nuestra enfermedad. Muy especialmente es sobre cómo no debemos encasillar a los pacientes en un pronóstico que mate sus esperanzas de vida. Es sobre nuestra capacidad de vivir hasta el final.

Estamos en una época en que cada vez más –y lo aplaudo- la persona tiene derecho a decidir sobre si misma, sobre su cuerpo, sobre su mente y sobre su proyecto de vida. Tenemos todo el derecho a decidir hasta donde queremos información cuando enfermamos. Los unos no deberíamos decidir según lo que creemos es lo mejor para el otro, no somos el otro. Médicos, enfermeras, familiares y amigos deberían tener el deber de preguntar al paciente qué quiere saber, antes de hablar sobre aquello que creen que va a pasar con la persona y su enfermedad.

Podríamos hablar en familia, qué quiere cada uno si llega ese momento de un veredicto médico severo, deberíamos poder decidir si queremos conocer toda la información disponible o no, y ser respetados en esta decisión. Igual deberíamos hacerlo con el médico. Creo firmemente en informar sobre el diagnóstico, una vez confirmado y si la persona lo solicita. Otro tenor es dar un pronóstico, que por definición solo predice, sin certeza, lo que sucederá a continuación.  Es en este punto donde las palabras matan en vida.

Muy diferente será si el médico, una vez los resultados en mano, en vez de lanzarse a decir todo lo que sabe, le preguntara primero al paciente: “Señor(a), aquí tengo los resultados ¿usted que quiere saber? Parece contradictorio ante nuestro diario quehacer, pero pienso que sería más íntimo, más personal, más humano. El estrés del médico de comunicar una mala noticia, lo hace desahogarse diciendo todo lo que sabe y cree. El paciente una vez oye el diagnóstico, si es impactante, cierra oídos al resto de lo que le dicen, es un mecanismo psicológico de protección, muy humano. Se pierde el resto de la información y el médico queda tranquilo, sin deber estarlo.

Regresemos a las palabras que matan en vida. El dilema de decirle a una persona o no que creemos -nadie tiene la certeza- que va a morir en pocos meses.

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Palabras que anunciando una muerte cercana pueden, -según cada cual- matar, o no, proyectos, esperanzas, sueños, y no permitir, (o sí) seguir participando en el juego de la vida

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Sucedió alrededor de la piscina, como tantos encuentros causales. Ella se desahogó conmigo sabiendo que yo soy médico, sobre cómo ve que su amiga, hace dos meses, está encerrada en sí misma, dejando de vivir, sin prestar atención a hijos pequeños, esposo, familia, a si misma y no por el diagnóstico, sino por el “No hay nada que hacer, usted va a morir en menos de 6 meses”.  No todos tienen la resiliencia para enfrentar un pronóstico sombrío. Algunos querrán saber, otros no.

Son palabras que anunciando una muerte cercana pueden, -según sea cada cual- matar, o no, proyectos, esperanzas, sueños, y no permitir, (o si) seguir participando en el juego de la vida. Sí, conocer una posibilidad de muerte cercana hace que debamos cambiar nuestro foco, pero no por ello dejar de participar. Dejamos de participar cuando perdemos esperanza. El pronóstico dicho como sentencia hace ello, mata la esperanza. La sentencia está basada en estadísticas, las que predicen para grupos, pero no para individuos. Dicen que las estadísticas son para vencerlas.

Poder firmar un documento en que se nos respete la decisión de no querer escuchar un pronóstico, es tan valioso como firmar el del derecho a una muerte digna. Mejor dicho, puede llevar a continuar con una vida digna. ¡Ah! Mis ilusiones sobre el ejercicio de la medicina.

Médico fisiatra. Medicina del alma

[email protected]

 

 

 

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