Olaya Herrera, el presidente que sacó al país de la crisis

El mandatario, quien fue el primer liberal en ocupar la presidencia luego de la hegemonía conservadora, tuvo que enfrentar las consecuencias de la Gran Depresión

Por: Oscar Seidel
enero 23, 2023
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Olaya Herrera, el presidente que sacó al país de la crisis

En 1929, cuando la hegemonía conservadora estaba ya muy resquebrajada, el Partido Liberal escogió a Enrique Olaya Herrera como candidato a la presidencia. Este aceptó imponiendo como condición que no haría un gobierno partidista, sino de "concentración patriótica nacional". Su propuesta no era cuestión de estrategia, el país necesitaba un gobierno de unión nacional. La matanza de las bananeras, el fraude electoral y las restricciones a la libertad de prensa eran los hechos más preocupantes que alteraban la paz de la nación.

El 7 de agosto de 1930, año en el que estalló la crisis económica mundial, Enrique Olaya Herrera tomó posesión de la presidencia. La situación no era buena. El gobierno se había endeudado en el exterior al igual que los bancos. El crédito comercial de los bancos extranjeros se había cerrado. El precio del café —vital para nuestra balanza de pagos— se había derrumbado en el curso de varias semanas. Las reservas en oro habían disminuído vertiginosamente. Las rentas públicas habían caído de igual forma. No era posible realizar inversiones en el sector público y como consecuencia el desempleo se hacía más notorio.

Solo un tipo de la talla de Olaya Herrera podía salvar al país de la crisis que asolaba al mundo entero. Su gestión administrativa comenzó por equilibrar el presupuesto. Ante el problema originado por la salida del patrón oro en Inglaterra, estableció el control de cambio sobre el exterior. Así incrementó las reservas de oro de Colombia: estas pasaron de 10 millones en septiembre de 1931 a 18 millones en junio de 1933. Además, con la colaboración de Esteban Jaramillo, su ministro de Hacienda, logró estabilizar las finanzas. Obtuvo la cooperación de hombres de todos los partidos.

En 1980, la crisis interna del liberalismo tocó fondo. Cuando se estaban derrumbando los cimientos del "Imperio Rojo", edificado bajo el mandato de López Michelsen y Turbay Ayala, el conservatismo eligió como aspirante a la presidencia a Belisario Betancur. Él se postuló como el "candidato nacional", con un programa político en el cual sobresalió la lucha por conseguir la paz de la república. En ese período, el fantasma de la historia trajo de nuevo un viejo fantasma: la crisis económica mundial, esta vez originada por el aumento desmedido en los precios del petróleo y la deuda externa de los países del Tercer Mundo.

Cuando Betancur fue elegido, cincuenta y dos años después que Olaya Herrera, encontró circunstancias políticas y económicas semejantes a las de su predecesor. A pesar de las medidas que tomó junto con Edgar Gutiérrez Castro, su ministro de Hacienda, le tocó sufrir las consecuencias por todos conocidas, sin poder solucionarlas completamente. Tal vez la única situación en donde no existió similitud con su antecesor fue en el hecho de la colaboración de todas las colectividades. Betancur y su gabinete tuvieron que luchar contra todo. Sabemos que existían "inteligencias" que podían ayudarlo, pero que antes que hacerlo preferieron sacar partido con su desprestigio. Los unos motivados por reconquistar el poder, y los otros por no dejar que dentro de su organización política se formara un triunvirato.

El 24 de noviembre de 1980, refiriéndose al manejo económico del gobierno Olaya Herrera, el expresidente Lleras Restrepo escribió en Nueva Frontera, su semanario: "Para quienes no vivieron esa época, resulta difícil entenderla ahora. El país entero esperaba que Olaya realizara el milagro de salvarlo de la crisis, sin tomar en cuenta la universalidad de esta. Ningún otro gobierno, posterior al de Olaya, ha tenido que pasar por una más tremenda situación". Sin embargo, parece que se equivocó, al menos en una parte. La historia se repite.

Qué temprano en el año 2022 llegó la crisis que ahora enfrenta el gobierno de Gustavo Petro. El mandatario ha conformado un equipo de trabajo que, salvo raras excepciones (como José Antonio Ocampo, su ministro de Hacienda), vive metiendo las de caminar: hace promesas temerarias. Un ejemplo es el del ministro de Minas, quien dijo que, dada la actividad volcánica que hay en la Cordillera Central en la zona de Nariño y Cauca, iba a estudiar el uso de la energía geotérmica con el fin de generar energías limpias para la industrialización de la región e incluso para la exportación en un futuro cercano. Puras promesas coyunturales que se convierten más en utopías que en realidades. Si no se arreglan pronto los problemas gubernamentales, tendremos que ponerle velas al espíritu de Enrique Olaya Herrera para que ilumine a más de un funcionario público.

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