Opinión

Nuestra lumpemburguesía

Odebrecht, Interbolsa, los carteles de los fármacos, pañales, cuadernos, hemofilia, y otros saqueos, confirman que estamos ante una nueva clase empresarial: la lumpemburguesía

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enero 01, 2020
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Nuestra lumpemburguesía
Los escándalos de Interbolsa y Odebrecht han sido algunos de los más relevantes de este siglo en Colombia

El predominio alcanzado por la corrupción, la ilegalidad y la informalidad en nuestra sociedad es el resultado del poder alcanzado por la lumpemburguesía.

Los escándalos de Odebrecht, los carteles de  los fármacos, de los pañales, de los cuadernos, del papel  higiénico, el cartel para repartirse las tierras de la Orinoquía, denunciados en su momento por el superintendente de Industria y Comercio, el saqueo de las empresas de salud y de los recursos destinados a la alimentación escolar, confirman que estamos ante una nueva clase empresarial que sin vacilaciones podemos calificar de lumpemburguesía.

La corrupción, nuestro atraso económico y social  y el remedo de democracia que padecemos en buena parte se explican porque carecemos de una burguesía liberal que respete principios elementales como la libre competencia, el respeto a sus propias leyes  y unos mínimos éticos en su proceder como empresarios. En su reemplazo se ha entronizado una lumpemburguesía que ha escogido el camino del enriquecimiento ilícito como forma de acumulación, partidaria de la cultura del atajo  y el todo vale. Una burguesía degradada, sin ética, sin valores, montaraz, depredadora, que ha convertido el Estado en una fuente de negocios ilícitos, en un cómplice de su delincuencial proceder. Nada que ver con el burgués liberal de otrora, ni con los pregonados principios éticos de la economía de mercado.

La corrupción y la economía ilegal promovidas por el narcotráfico abrieron el camino de  la lumpenización de sectores tradicionales de la burguesía, que al igual que la internacional de la corrupción representada por Odebrecht, optaron por incluir la corrupción en su portafolio de negocios y en su quehacer empresarial. No son pequeñas empresas dirigidas por “jóvenes clase media  arribistas y aventureros”, se trata de grandes empresas de reconocido prestigio nacional, quienes han protagonizado notables y cuantiosos escándalos de corrupción  como lo evidencian, para citar solo dos ejemplos,  las diversas investigaciones  judiciales adelantadas contra el Grupo AVAL de Luis Carlos Sarmiento Angulo y la construcción de la llamada Ruta del Sol, al igual que el sonado caso de Interbolsa, la principal corredora de bolsa del mercado bursátil colombiano, del cual fueron víctimas numerosos inversionistas tras su quiebra.

 

No son pequeñas empresas dirigidas por
“jóvenes clase media arribistas y aventureros”,
se trata de grandes empresas de reconocido prestigio nacional

 

Hoy en día es común ver empresas dirigidas por avispados profesionales que se dedican a licitar obras públicas y contratar lo que sea, atención a enfermos de hemofilia o suministros de alimentación escolar, con el propósito de esquilmar al Estado mediante licitaciones amañadas o el expediente de ofrecer un precio muy barato, el cual van “cuadrando” por el camino hasta lograr su deliberado plan de negocios. Cuando son sorprendidos, el escándalo no es por la cifra robada y los métodos corruptos utilizados, sino por la prestancia y riqueza de las familias a las cuales pertenecen.

La lumpenización,  como la mala hierba, se ha propagado  e invadido amplias esferas de la vida económica y social. La llamada economía ilegal (narcotráfico, contrabando, contratación con el Estado, piratería industrial y comercial, gota a gota, el lavado de activos, entre otras) involucra a amplios sectores sociales. No solo es cuestión de los de arriba, los del medio y los de abajo también han sido arrastrados a esta dinámica delincuencial y corrupta. Hasta las propias Farc y su pretendida “moral y ética revolucionaria” fueron  minadas y degradadas por el narcotráfico.

“La corrupción, esa gran seductora de miles de colombianos, pervive y se fortalece porqué de grave delito y amenaza, se ha convertido en simple escándalo, en algarabía de medios y ocasión para el pantallazo de fiscales y procuradores mesiánicos, en lugar común, en pan de cada día, en noticia olvidada, en expediente acumulado, en vencimiento de términos, en impotencia manifiesta. Por eso no es extraño que los propios corruptos y sus cómplices en el Estado se hayan unido al coro y sínicamente proclamen: ¡¡¡la corrupción está desbordada!!!”

La economía ilegal en Colombia es de la misma magnitud que el sector agropecuario o el de los minerales, según un informe de Anif. Y la informalidad es tan grande como juntar al sector financiero y de servicios empresariales con el comercio, hoteles y restaurantes. La economía ilegal es 6,3 % del PIB; la informal, 33 % del PIB, y las dos juntas, es decir, la ‘economía subterránea’, 40 % del PIB”.

Un informe de la Contraloría General de la Nación, demuestra que la corrupción les quita a los colombianos cerca de 50 billones de pesos anuales que equivalen al 19 % del Presupuesto General de la Nación del 2019. Los dineros que quedan en manos de los   corruptos  sobrepasa todo el presupuesto de educación del 2018, que fue de 37,5 billones de pesos, lo mismo que el de defensa (31,6 billones de pesos) y salud (24,6 billones de pesos).

Según Transparencia por Colombia, del total de actores individuales involucrados en delitos de corrupción, entre 2016 y 2018, “el 39 % fueron funcionarios públicos y el 30 % autoridades electas por voto popular. De dichas autoridades electas, el 81 % fueron concejales (41 %) y alcaldes (40 %). En cuanto al total de actores colectivos vinculados a hechos de corrupción, el 69 % corresponden al sector privado, en donde aparecen empresas (70,4 %), lo cual demuestra la corresponsabilidad contundente que ha adquirido el sector en hechos de corrupción”.

 

El predominio alcanzado por la lumpemburguesía
fue posible por el poder corruptor desplegado
para cooptar los poderes del Estado

 

El predominio alcanzado por la lumpemburguesía fue posible por el poder corruptor desplegado para cooptar los poderes del Estado. Ninguno de los tres escapó a su criminal acción. Dos expresidentes recibieron de diversas maneras el cagajón del diablo para sus campañas electorales. Los congresistas corruptos  son sus alfiles y aliados naturales. Lograron que se eligiera como Fiscal General de la Nación a un empleado suyo, quien pasó de asesorarlos a encubrirlos  en el “noble oficio” de enriquecerse quebrándole el espinazo a la ley y a la ética burguesa. Cuentan con una justicia selectiva y benévola ante los delitos de la “gente de bien”.  Las altas Cortes también fueron corrompidas mediante el tristemente célebre Cartel de la Toga. Grandes medios de comunicación fueron adquiridos y sometidos obsecuentemente a los intereses de los nuevos propietarios.

El poder alcanzado por nuestra lumpemburguesía es el corolario, el resultado natural de dos centurias en las cuales se incubó el huevo de la serpiente de la corrupción hasta convertirse en un monstruo que todo lo devora. Doscientos  años en que se fueron cocinando a sangre y fuego los ingredientes del desastre: violencia y despojo, narco economía, parapolítica, paramilitarismo, neoliberalismo rapaz, privatización de lo público, debilitamiento del estado de bienestar, profundización de las desigualdades, legitimación de la corrupción como forma de enriquecimiento “licito”. Un bicentenario que celebra jubilosa nuestra prospera lumpemburguesía, mientras el gobierno en su despiste pone a circular una monedita conmemorativa de 10.000 pesitos para consolarnos.

Publicada originalmente el 28 de agosto de 2019

 

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