Opinión

¿No quieres votar?: léeme primero

Te escribo para decirte que tú eres el problema, que gracias a ti funciona en Colombia la compra de votos y que no tienes derecho a la indiferencia

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julio 15, 2019
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¿No quieres votar?: léeme primero
Si lo que esperas es que llegue el Mesías, te advierto que el hijo de Dios no va a regresar para dedicarse a hacer política en Colombia

Te escribo a ti, que te defines como apolítico y que ya anunciaste que no votaras porque todos los políticos te desilusionan, porque no les crees, porque ninguno te llama la atención o porque todos te parecen corruptos. Te escribo para decirte que tú eres el problema, que gracias a ti funciona en Colombia la compra de votos y que no tienes derecho a la indiferencia.

Tú eres el problema. Tu abstencionismo abarata el voto comprado, facilita el traslado de rebaños y ha mantenido por décadas a los mismos clanes en los mismos puestos. Acusar indiscriminadamente a todos los políticos de ser corruptos hace cada vez más difícil que los buenos funcionarios quieran quedarse a dar la pelea por la defensa de lo público. No tienes derecho a decir que los políticos de este país no te representan cuando tampoco les has entregado el mandato para que lo hagan, así que no puedes quejarte de que no te escuchen si ni siquiera haces el esfuerzo de hacer sentir tu voz.

Empieza por admitir la verdad: no es desilusión, es pereza. Se invierte demasiado tiempo mirando videos, espiando a los amigos por Facebook, o insultando a alguien por Twitter pero, ¿cuánto inviertes en averiguar por los candidatos que están compitiendo en tu ciudad, de donde vienen, que piensan, quien los patrocina, que proponen y que capacidad tienen para ejecutar esas propuestas?

Es más probable que los votantes más jóvenes se sepan los nombres de las hermanas Kardashian, de sus novios, sus maridos, sus hijos, sus enredos y sus amigos, que el de los candidatos políticos en sus localidades. Déjame decirte que mientras consumes telebasura, los políticos por los que no votaste están decidiendo sin ti, sin tenerte en cuenta, sobre asuntos que definirán tu vida y el destino de tu familia: el acceso a un trabajo de calidad, a una pensión, a un sistema de salud que te trate con dignidad.

Si te parece que todos los políticos son corruptos, vota para sacarlos de ahí. Si ninguno te representa, lánzate, involúcrate, organízate con otros para presentar nuevas propuestas. Y si lo que esperas es que llegue el Mesías, te advierto que el hijo de Dios no va a regresar para dedicarse a hacer política en Colombia, así que por ahí no es.

 

Inviertes demasiado tiempo mirando videos,
espiando los amigos por Facebook, insultando a alguien por Twitter pero,
¿cuánto inviertes en averiguar por los candidatos para tu ciudad?

 

Todos estamos de acuerdo en que atravesamos por una crisis sin precedentes. Perdimos la capacidad de dialogar, de escucharnos, de hablar con ponderación, de pensar en el bien común y plantear una visión, un destino en el que quepamos todos. No existe un solo líder capaz de solucionar eso. No importa quien resulte elegido, nos necesita. Necesita que nos remanguemos la camisa y nos pongamos a trabajar, a ayudarnos para salir de la parálisis y sacarnos juntos de este agujero.

Así que si quieres cambiar este país, cambia tu primero. A Colombia le sobra todo: dos océanos, fuentes de agua dulce, biodiversidad, comida todo el año, todos los climas, los paisajes, la belleza. Lo que le falta son ciudadanos, individuos que piensen en la democracia no solo como una fuente infinita de beneficios y derechos sino como un sistema que no funciona si sus asociados no cumplen con sus deberes. Nuestra primera obligación es dejar de estar en contra de todo y proponer, llenar de contenidos útiles esa visión de lo común.

Colombia no está ahogada en problemas, somos nosotros, sus ciudadanos, los que nos declaramos incapaces de ponernos de acuerdo. Es más fácil excusarse en la indignación que pensar, razonar y cuestionar a profundidad, pero esta democracia no tiene futuro si seguimos empobreciéndola tan aceleradamente. Nos toca parar, volver al acto fundamental, a ese pacto social que no funciona sin una opción por la civilidad, por la decencia. Y ese pacto se reafirma con el voto. Hay que votar. No te quedes en la casa. Vota.

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